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La última llamada para el Mundial atañe a 22 selecciones de cinco continentes que dirimen entre este jueves y el próximo martes los seis últimos billetes para el Mundial, una mezcla de urgencias e ilusiones que se exponen en unos procesos de repesca en los que se ven involucrados la tetracampeona Italia o cenicientas que jamás tuvieron presencia en el gran escaparate del fútbol planetario como Nueva Caledonia, Surinam o Kosovo. Todo se dirime a cara o cruz, en eliminatorias a partido único que ponen a prueba el sistema nervioso de aquellos equipos que están obligados a no fallar, como Italia.
Fueron apenas nueve golpes. Un driver, dos maderas tres, un sandwedge, un chip y cuatro putts. Poco movimiento. Y no en un campo de golf real, sino en una combinación de un green físico y un simulador en una Liga virtual (TGL) en Florida. Pero suficiente, en cualquier caso, para afirmar que Tiger Woods volvió a jugar públicamente por primera vez desde que falló el corte en el Open Británico de 2024. Y para alimentar la gran pregunta que se hace el mundo del golf: ¿Jugará el próximo Masters de Augusta?
Al ver aparecer a Simon Chevrier (Saint-Nazaire, 1992) en un bistró del barrio parisiense de Belleville, con una mezcla de aplomo y timidez, viene a la cabeza aquella famosa estirpe de nerviosos, “magnífica y lamentable”, de la que escribió Proust. Alto, enjuto y de mirada intensa, el escritor francés parece uno de esos seres para quienes todo sucede demasiado cerca de la piel y que, precisamente por eso, perciben con nitidez lo que a los demás se les escapa.


Cuando dan las doce, el lugar se convierte en un reventón de campanillas. Los soniquetes débiles permiten que las voces se sigan escuchando, pero José Antonio Gismera prefiere callar, dejando el protagonismo a un solemne ritual que ya conoce. Sonidos agudos, algunos menos, descoordinados, melódicos, juguetones. Cuando cesan, continúa con sus palabras: “Son muchos años funcionando, y aunque se portan bien, tienen su desgaste. Normal. Hay que cuidarlos mucho porque son únicos, ir con calma, pero sin que te atenace la responsabilidad”.
Entre 1973 y 1983, Salvador Dalí se encontraba en plena madurez artística y desbordado por el ansia de experimentación con la que vivió casi toda su vida. Aunque la pintura fue el soporte estelar de su extensa carrera, cada año jugaba con varias esculturas que le proporcionaban el placer de ensayar algo diferente. En esa década trabajó con composiciones a la cera a las que trató de dotar de una tercera dimensión. Realizó alrededor de 50 esculturas que vendió a dos amigos coleccionistas, Isidro Clot y Juan Quirós. Fundidas en bronce, han pasado décadas hasta que la Fundación del artista ha regularizado su situación. Una parte notable de la colección se expone de manera permanente en el palacio Gaviria de Madrid bajo el título de Salvador Dalí infinito. Las 14 esculturas están acompañadas de dibujos preparatorios, obra gráfica y fotografías del artista tomadas durante sus actividades cotidianas.
Escribir Para toda la humanidad es como inventarse un libro de historia que nunca sucedió. La serie, que comenzó su sinopsis en 1969 con los soviéticos adelantándose a los estadounidenses en la llegada a la Luna, alcanza en su quinta temporada ya el año 2012, un hito en 50 capítulos que la hace un proyecto sin parangón en televisión. Como si fuera el Cuéntame de una tierra alternativa, la serie de ciencia ficción ha repasado el devenir global durante cuatro décadas, y no piensa quedarse ahí, sino que en su sexta y última temporada alcanzará un presente paralelo al nuestro.


Olga Portnaya (42 años, Los Ángeles) nunca se imaginó que Dogue, la revista de moda canina que fundó en 2019, se convertiría en una amenaza para una de las revistas de moda humana más influyentes del mundo: Vogue. Todo comenzó cuando la creadora y jefa de redacción de la publicación empezó a subir fotos a las redes sociales de Mimi Bear, su pomerania rescatada. “No existía ninguna plataforma que los celebrara y yo quería ser esa plataforma. Así fue como empezó Dogue”, cuenta a EL PAÍS. Mimi Bear fue la portada del primer número, y no lo publicó un mes cualquiera: salió en septiembre, el número más potente para las revistas de moda. 24 números y seis años después, la revista perruna se enfrenta, desde el pasado diciembre, a una demanda interpuesta por Condé Nast por infringir las normas de su marca registrada. El grupo mediático que alberga revistas como Vogue, The New Yorker o Vanity Fair presentó la demanda alegando que el logotipo de Dogue está “obviamente diseñado” para confundir a los lectores y piden la destrucción de todas las copias físicas de la revista. “Si no conseguimos registrar la marca, es solo cuestión de tiempo antes de que nos eliminen por completo”, advierte Portnaya por videollamada.



En términos de comodidad en calzado, gran parte de la población ya ha entrado en el universo de zapatillas barefoot. Su éxito va de la mano de un confort difícil de igualar gracias a su enfoque en la salud del pie.


La primera serie australiana que recuerdo es Retorno a Edén; en ella, un vividor lanzaba a los cocodrilos a su mujer rica y poco agraciada para heredar. No moría, pero pensaban que sí, y además, cirugía mediante, acababa siendo modelo y recuperando lo suyo. Bastaba un poco de maquillaje y un moldeador para que nadie la reconociese. Pasa lo contrario con los que a base de retoques dejan de parecerse a sí mismos y se parecen a todos los demás. Qué pensarán los hijos, incapaces de reconocerse en los rasgos de sus progenitores. Como las Kardashian, que han borrado sus rasgos armenios. Mi madre me decía que me había comprado en la calle (qué humor macabro tienen a veces los progenitores), pero como éramos fotocopias, nunca le di credibilidad. Los de las Kardashian tienen tan poco parecido con el aspecto actual de sus madres que podrían creer que se los trajo un dron de Amazon.