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La crudeza de la guerra entre Estados Unidos e Israel frente a Irán no amaina pero la semana termina en Bolsa con una extraña complacencia. La primera semana de conflicto se saldó con la mayor caída para las Bolsas europeas desde la guerra de Ucrania pero los índices salvan esta segunda semana con cambios muy leves. Ello a pesar de que el petróleo ya se ha disparado sobre los 100 dólares el barril y de que el tráfico por el estrecho de Ormuz está prácticamente paralizado. Es más, la zona se ha convertido en el epicentro del conflicto, con ataques a buques por parte de Irán, que ha declarado su intención de no dejar pasar una gota de petróleo si no cesan los bombardeos sobre el país. La vía por la que llega al mundo el 20% del crudo que consume continúa cegada y las Bolsas mantienen una relativa calma que sin embargo podría estallar en los próximos días. Un mes de cierre para el estrecho de Ormuz es el plazo que la mayoría de analistas e inversores estiman en su escenario base sobre la evolución del conflicto. Si se prolonga por más tiempo, el mercado habrá entrado en un nuevo escenario en el que esperar ya sin paños calientes que el encarecimiento de la energía traiga más inflación y menos crecimiento. Y en el que empezar a apretar con convicción el botón de las ventas.
Los vinos de maceración carbónica han elevado el nivel de calidad de los tintos jóvenes manteniendo los precios asequibles. Su menor coste de producción, al requerir menos tiempo de crianza y menos intervención enológica (aunque exige estricto control sanitario y técnico), permite a las bodegas ofrecer vinos muy atractivos, con el esplendor frutal como principal argumento. El ejemplo más notable son los elaborados en la francesa Appellation d’Origine Contrôlée Beaujolais, epicentro mundial de la maceración carbónica, con casi un millón de hectolitros de vino principalmente elaborados con la variedad Gamay. Su célebre beaujolais nouveau llega todos los años el tercer jueves de noviembre, convertido ya en una fiesta popular que trasciende fronteras, con celebraciones, catas y lanzamientos casi simultáneos en medio mundo. Una tradición que en nuestro país, con larga historia ligada a este estilo (los populares tintos de cosechero alaveses), solo respeta Fariña con su Vino Primero.







Gema Moro, de 49 años, se asoma a la puerta con una mezcla de curiosidad y paciencia. Afuera, una pareja japonesa la mira con ilusión antes de preguntar en inglés cuánto queda para que puedan entrar. “Eso quisiera yo saber: estamos full”, les responde medio en español y los asiáticos imploran una traducción. Tras ellos, en la cola, hay dos chicas indias y un grupo de jóvenes británicos, que se interesan por la conversación a la espera de su momento y un traductor. Todos tienen las expectativas altas porque han leído y escuchado mucho sobre El Lechuguita, un clásico entre los bares de Ronda (Málaga, 33.671 habitantes). Les da igual esperar porque ya saben que después podrán disfrutar de un delicioso serranito o un singular bollito de pringá. Y porque, cuentan, ya imaginaban que habría atasco para entrar a pesar de que apenas es la una de la tarde.





![Oriol Junqueras, durante el consejo nacional del partido celebrado en su sede nacional. [ALBERT GARCIA]](https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/A42C4CO5CVGUHMV55HKANRM6PE.jpg?auth=7e0f7645d540e7b8d2c7f98b9e56d53ab027963b69acccb5c4d12b7e0f5548ac)
Esquerra Republicana celebra sus 95 años de fundación este sábado, con un acto en Barcelona. La efeméride coincide con otro aniversario y una coyuntura delicada para la formación: hace un año ya del Congreso Extraordinario del partido que entronizó al tándem Oriol Junqueras - Elisenda Alamany en la dirección y el próximo viernes, es el día D para la votación de los Presupuestos catalanes. Junqueras se juega su crédito político dentro y fuera de un partido que, agitado por la agenda nacional de Gabriel Rufián, navega sus divisiones internas.
La automovilística Seat estudia entrar en el negocio de los vehículos militares terrestres ligeros de la mano de Indra. Según ha podido saber EL PAÍS de varias fuentes conocedoras de las conversaciones, “las dos partes tienen interés en llegar a buen puerto”. La operación sería del agrado del Gobierno, que desde el año pasado lleva promoviendo la intensificación de las relaciones entre la automoción y el sector de defensa a través del Ministerio de Industria. Una de las fuentes consultadas apunta a que las dos partes estarían ultimando un memorando de entendimiento para la conversión, en la planta de Martorell (Barcelona), de 5.000 vehículos ligeros para uso militar. No se trataría de automóviles pensados para entrar en combate, algo que carecería de sentido teniendo en cuenta la actividad de Seat, sino destinados a otras labores del Ejército de Tierra.
Indra fue una de las grandes beneficidades en los 31 Programas Especiales de Modernización (PEM), lanzados por el Ejecutivo el año pasado para aumentar el gasto en defensa hasta el equivalente al 2% del PIB. Ahora, la compañía tiene el desafío de hacer frente a esa enorme cantidad de fondos que recibirá (solamente los programas de artillería móvil sobre ruedas y cadenas vienen aparejados de un préstamo público al 0% de interés de 3.002 millones, mientras que esos dos contratos en conjunto ascienden a 7.240 millones de euros), por lo que necesita ganar capacidad industrial cuanto antes. Con ese objetivo, intentó hacerse con Santa Bárbara, pero la estadounidense General Dynamics se negó a venderla, por lo que terminó comprando la planta de El Tallerón (Gijón) a Duro Felguera el año pasado. Actualmente, la compañía estudia fórmulas para hacerse con EM&E, una operación que conlleva un conflicto de intereses por ser la empresa del propio presidente de Indra, Ángel Escribano. Además, en la presentación de resultados anuales en febrero, Indra adelantó un importante incremento de su huella industrial en España en los próximos años para hacer frente a los contratos que tiene por delante, además de por los que quiere competir en el futuro, como la modernización de los tanques Leopard.
El conflicto desencadenado por Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo y su efecto sobre los precios energéticos está impactando en un punto débil del sistema eléctrico español: la operación reforzada que aplica el operador, Red Eléctrica (REE), desde el apagón sufrido el pasado 28 de abril en toda la Península Ibérica. Dicha operación, conocida como escudo antiapagón, consiste esencialmente en la programación masiva de centrales de ciclo combinado de gas que, al ser síncronas, pueden absorber de manera automática posibles alteraciones de tensión en las redes, causa del cero eléctrico del año pasado. Frente a los siete ciclos programados en toda España el día del blackout, REE ha venido programando desde entonces una media de 25 centrales de este tipo (hasta 30, en momentos puntuales) a través de las llamadas restricciones técnicas, que son mucho más caras. Se trata de un mecanismo para corregir en tiempo real los desequilibrios inesperados entre producción y demanda y las incidencias en la red, por el que REE modifica sus programas, con costes adicionales, para asegurar la seguridad del suministro.

Inditex y Mercadona, los dos trasatlánticos de la distribución española, presentaron esta semana unos resultados anuales que confirmaron la efectividad de sus respectivos modelos de negocio. Ambos alcanzaron cotas históricas de ventas y beneficios, rozando en los dos casos los 40.000 millones de euros de facturación neta.
“Este firma con dos apellidos”, se escucha gritar en la Redacción. “En web sale automático, pero en papel hay que ponerlo”. Ese que signa con los dos apellidos es Joan Serra Carné, opinador de EL PAÍS Catalunya. Recuerdo que me lo dijo cuando firmó su primer artículo en el diario. Y me lo recordó en semanas sucesivas, cada vez que me olvidaba. Pero, al final, todos aprendimos que Joan Serra, periodista de SER Catalunya, siempre firma con sus dos apellidos: Serra Carné. Nunca le pregunté por qué hasta esta semana. “Antes siempre firmaba con un apellido, el primero, pero cuando se puso enfermo mi padre pensé que una forma bonita de homenajear a mi madre por cómo lo estaba cuidando era firmar también con el segundo apellido. Y desde entonces lo he hecho así. Porque quería dedicárselo a mi madre por todo aquel proceso, que resultó tan duro. Esta es la historia, no tiene más profundidad, pero es un detalle para visibilizar todo lo que ha hecho mi madre”. Serra Carné no es el único que usa su apellido para homenajear.

Mi sobrina de trece años se vuelve loca cada vez que nos cruzamos por la calle con una tienda de bubble tea. Se agarra del cuello con las manos, retuerce su torso como una anguila y me mira con cara de llevar diez días de travesía por el Sahara sin ingerir ni una sola gota de agua. “¡Me muero de sed!, ¡por favor!, ¡necesiiiitooooo…!”. Esa bebida de origen taiwanés que mezcla perlas de tapioca con leche, frutas, jarabes y té, adquiere unas tonalidades lisérgicas que me recuerdan a las setas venenosas que afloran alrededor de los árboles con colores llamativos. Mientras que, para mí –un señor nacido en el 1900– beberme un líquido rosa con bolitas negras es un peligro que alerta de una muerte inminente, mi sobrina piensa que se trata de un brebaje divertido y un consumo de fantasía.


