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Cada año por estas fechas escuchamos que los Oscars han perdido relevancia, que no importan a nadie, que son un espectáculo fatuo de una industria decadente mirándose al ombligo. Frases hechas que se ven desmontadas cuando cualquier comentario de un nominado se convierte en titular que da la vuelta al mundo. ¿Por qué estamos debatiendo ahora mismo la relevancia del ballet y la ópera? Durante una charla para universitarios organizada por la CNN y Variety el pasado 21 de febrero, en la que compartía micro con el actor Matthew McConaughey, Thimotée Chalamet —en plena promoción de Marty Supreme, por la que está nominado a mejor actor— afirmó que no le gustaría trabajar en el ballet y la ópera porque son artes que hay que mantener con vida “aunque ya no le importen a nadie”.

El president Salvador Illa se enfrenta esta semana, si no hay un cambio de guion copernicano, a la misma situación que vivió el expresident Pere Aragonès en 2024: afrontar un debate a la totalidad de los presupuestos sin los votos necesarios. El republicano no superó entonces la prueba y tras la sesión fallida anticipó las elecciones. La gran incógnita es cómo llegará el Govern el viernes a la celebración del debate en el Parlament: si habrá alcanzado un pacto de última hora con ERC, que reclama avances en la cesión del IRPF, y, si no es el caso y las cuentas decaen, si Illa emulará o no a su antecesor adelantando los comicios. El Govern bordea el precipicio y el fantasma electoral vuelve a revolotear Cataluña por más que Illa, como Aragonès, siempre ha insistido en que la legislatura debe durar cuatro años.

A menudo, cuando uno pasea por un barrio colmado de casas históricas y señoriales, se pregunta quién vivirá ahí. Cómo serán sus rutinas, qué vida desempeñarán detrás de esos hermosos ventanales, qué sonido les despertará por las mañanas. En la serie Disclaimer, disponible en Apple TV, el cineasta Alfonso Cuarón convierte la distinguida vivienda por la que transita su protagonista Catherine, interpretada por Cate Blanchett, en un personaje más de la ficción. A medida que avanza la trama, también se desvelan más detalles del asfalto que la rodea; de la coqueta librería en la que descubre el libro del escándalo a la hilera de fachadas de colores que decoran su agonía. Un día a día fuera de lo común que se rodó en las inmediaciones de Westbourne Grove, la arteria comercial que atraviesa Notting Hill, al oeste de Londres.
De un fondo negro emerge la belleza, una ráfaga arcoíris de flores de todos los tamaños. Las hay pequeñas y de pocos pétalos, así como floripondios que se elevan sobre las demás. La pintura Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio fue creada por Juan van der Hamen (1596-1631) en 1627, y durante todos estos siglos ha aportado su alegría a los muros en los que se ha colgado el lienzo —ahora en el Museo del Prado—. Se trata de otro jardín eterno, si es que hay algo que pueda gozar de esa categoría superba, compuesto por una buena cantidad de especies vegetales.

Las líneas amarillas indican lo que gana esa persona en un día. Las líneas rojas indican el precio total de la consulta.
Desde su llegada al banquillo del Real Madrid, Álvaro Arbeloa es un buen ejemplo de lo que es liderar en un entorno BANI (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, por sus siglas en inglés). Sin margen para un periodo reposado de transición, con exigencia de resultados inmediatos y con una evaluación casi al minuto de sus decisiones. En realidad, nada nuevo en el mundo del fútbol, donde los entrenadores siempre han sentido la espada de Damocles sobre sus cabezas si encadenaban varias derrotas. Pero sí un cambio de paradigma que se vive desde hace relativamente poco en el mundo empresarial. En un momento como el actual, en el que pasan tantas cosas en tan poco tiempo. Ya sean, por ejemplo, avances tecnológicos que cambian la forma de trabajo o factores externos que acaban impactando en la operativa de la compañía.

Hay relaciones que, para perdurar, necesitan una pausa. La trayectoria de Choi Soo-yeon (Corea del Sur, 44 años) parece responder a esa lógica. Entró en Naver, la mayor empresa de internet del país, como becaria. Años después se marchó para reinventarse como abogada especializada en fusiones y adquisiciones. Y cuando regresó a la compañía, tras casi una década fuera, la hicieron consejera delegada.
La hija pequeña es la historia real de Fatima Daas, seudónimo tras el que se esconde una novelista francesa de origen tunecino de familia y creencia musulamanas que, en su adolescencia, cuando descubrió que era lesbiana, comenzó un proceso de lucha interior y externa por esa doble identidad enfrentada. La actriz convertida en directora Hafsia Herzi (Cuscús, Mereces un amor), también de origen magrebí, creció en los suburbios de Marsella conociendo “a muchas chicas como Fatima”. “En esos barrios no siempre es fácil aceptar lo que podría verse como diferente”, explica. Ella había visto esos conflictos reflejados en pantalla protagonizados por hombres, pero nunca por mujeres y por eso aceptó el encargo de adaptar la novela. Su tercera película como directora, también titulada La hija pequeña (en cines desde el 13 de marzo), se estrenó compitiendo en Sección Oficial en el Festival de Cannes.
Adriana Suárez
Bornay
La guerra en Irán entra ya en su segunda semana y el desgaste del arsenal comienza a ser imposible de ocultar, tras el uso extensivo de misiles de largo alcance por parte de Estados Unidos y el progresivo deterioro de los sistemas de defensa antiaérea de los aliados en la región, sometidos a intensos bombardeos iraníes. Si en los primeros días del conflicto el presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a afirmar en su red social, Truth Social, que EE UU podía “luchar guerras eternamente”, la semana pasada rebajaba el tono en la misma plataforma: “Disponemos de un suministro prácticamente ilimitado de munición de grado medio y medio‑alto… En cualquier caso, hemos incrementado también los pedidos en esos niveles”.
Es un gran desconocido para el gran público, pero el importe que mueve en el mundo iguala al conjunto de la economía española. El crédito privado, aquel que no procede de los circuitos de la banca tradicional sino de fondos especializados, concentra unos activos de 1,8 billones de dólares (1,5 billones de euros) que se han empleado para financiar compañías de todo tipo. Su ritmo de crecimiento es explosivo. Su cuantía se ha multiplicado por 12 al pasar de los apenas 150.000 millones de dólares que atesoraba hace 20 años, de acuerdo con los datos de la consultora especializada en mercados privados Preqin.