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La felicidad no es como el PIB, el salario o el paro, que pueden medirse con números y gráficos, pero ya hay índices importantes que dibujan un mapa veraz y muy inquietante de la realidad. Y que deberían despertar muchos interrogantes. Uno de ellos viene de la Universidad de Oxford, ahora lo analizamos. Otro es El Idealista, que tal vez debería pasar a llamarse El Iluso.
Cada vez que recojo a mi hijo de dos años tras las visitas con su padre, no solo abrazo su cuerpo, sino que intento rescatar su luz. Vuelve sucio, hambriento, incluso enfermo y con una mirada de desamparo que ningún niño debería conocer. Mi denuncia por violencia de género fue archivada, pero el maltrato no cesó; simplemente mutó en violencia vicaria. Hoy, mi hijo es un rehén del sistema. Mientras Servicios Sociales me recuerda que su bienestar es “mi responsabilidad”, me veo obligada a enviar maletas con comida y pañales que su progenitor se niega a proveer. Para él, el niño no es un hijo sino una herramienta de castigo contra mí. Muchos expertos advierten que la infancia es la gran olvidada. Sin embargo, las instituciones siguen priorizando el “derecho de visita” de un padre por encima de la dignidad y seguridad de un menor vulnerable. El Estado no puede seguir siendo cómplice de este maltrato invisible bajo el pretexto de una supuesta coparentalidad que, en la práctica, es negligencia protegida. ¿Cuántas miradas apagadas más necesita el sistema para reaccionar? Somos muchas las que pasamos por esto y no pedimos privilegios; solo exigimos justicia para quienes no tienen voz.

Cincuenta años después, hay muertos sin sepultura y hay tumbas sin nombre. Cincuenta años después, hay personas que, sin saberlo, viven una identidad ajena. Cincuenta años después, hay crímenes irresueltos y criminales impunes. Todavía hay juicios en trámite y hay juicios que ni siquiera empezaron. Cincuenta años después del 24 de marzo de 1976, el día en que comenzaron la última dictadura militar y su maquinaria de exterminio en Argentina, el proceso de memoria, verdad y justicia que hizo ejemplar al país está bajo amenaza, asediado por un Gobierno que, desde 2023, ha cancelado o neutralizado las políticas de derechos humanos y ha propiciado discursos afines al negacionismo.
LIBROS
Respiración artificial (1980)
Ricardo Piglia
Anagrama, 2001. 224 páginas. 18,90 euros
Lugar común la muerte (1979)
Tomás Eloy Martínez
Alfaguara, 2014. 344 páginas. 17,95 euros
'Cadáveres' (poema, 1981). Publicado en Alambres (Último Reino, 1981)
Néstor Perlongher
El vuelo (1985)
Horacio Verbitsky
Editorial Las Cuarenta, 2020. 288 páginas. 20 euros
La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1997-1998)
Eduardo Anguita y Martín Caparrós
Random House, 2021. 2.720 páginas. 42,7 euros (cinco volúmenes en e-book)
Poder y desaparición: los campos de concentración en Argentina (1998)
Pilar Calveiro
Ediciones Colihue SRL, 1998. 180 páginas.
Villa (1995)
Luis Gusmán
Ediciones Contrabando, 2019. 132 páginas. 15 euros
Dos veces junio (2002)
Martín Kohan
Sudamericana, 2002. 192 páginas.
Los topos (2006)
Félix Bruzzone
Random House, 2019. 192 páginas. 17 euros
Diario de una princesa montonera: 110% verdad (2012, ampliado en 2021)
Mariana Eva Pérez
Marbot Ediciones, 2016. 183 páginas. 16,50 euros
Aparecida (2015)
Marta Dillon
Sudamericana, 2019. 191 páginas.
El genocidio como práctica social (2007)
Daniel Feierstein
Fondo de Cultura Económica, 2007. 405 páginas. 22,90 euros
Nuestra parte de noche (2019)
Mariana Enríquez
Anagrama, 2019. 672 páginas. 24,90 euros
Fantasmas de la dictadura (2025)
Mariana Tello Weiss
Sudamericana, 2025. 352 páginas. 20 euros
¿Qué están haciendo las derechas con los 70? (2026)
Valentina Salvi y Luciana Messina (coordinadoras)
Siglo XXI Editores, 2026. 256 páginas.
PELÍCULAS
Argentina, 1985
Santiago Mitre, 2022
La historia oficial
Luis Puenzo, 1985
La noche de los lápices
Héctor Olivera, 1986
Montoneros, una historia
Andrés Di Tella, 1998
Los rubios
Albertina Carri, 2003

Después de pasar la mayor parte de su vida en el mundo corporativo, conviviendo con la presión de las ventas, el estrés y la ansiedad, Cristian Blanch decidió dar un giro a su vida y empezó a compartir su pasión por el yoga y la meditación a través de su cuenta de Instagram. En poco tiempo se hizo con un gran número de seguidores y pudo dejar su trabajo para dedicarse solo a su pasión: la divulgación de la meditación a través de las redes sociales. Hizo charlas, clases, vídeos, imágenes, presentaciones; en definitiva, un montón de contenido online que se convirtió en su sustento vital. “Hasta que me di cuenta de que alguien estaba usando mi imagen para estafar a otros. Recibí mensajes de personas que habían pagado por estos servicios y no recibieron nada”, cuenta Blanch, de 46 años. “Me pedían ayuda y yo me sentí completamente fuera de todo. No sabía qué era real y qué no lo era”, añade.



Tres agentes de la Ertzaintza se presentaron el pasado mes de febrero en el centro para personas de la tercera edad Bonaparte, en el barrio de Santutxu de Bilbao, para comunicar a los ancianos que no iban a poder seguir celebrando el tradicional bingo semanal. Es una de las actividades de entretenimiento que organiza este hogar de jubilados y en la que habitualmente suelen reunirse más de 100 personas que participan pagando la simbólica cantidad de 20 céntimos por cada cartón. Un salón de juego ubicado en las proximidades del centro social presentó una queja porque los mayores jugaban con dinero, dieron aviso al Departamento de Seguridad y desde ese día ya no hay bingo. Los ertzainas les advirtieron de que mantener esta actividad lúdica les podía acarrear una sanción de hasta 60.000 euros.
El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.
Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.
Gil Pratsobrerroca (Vic, 1997) està immers en una cursa de novetats contínues, que el sorprenen a cada passa promocional que fa després de l’èxit inesperat del seu debut literari, El joc del silenci (La Campana), que en sis mesos va per la desena edició. I encara li queda la gran festa publicitària de Sant Jordi, on es preveu que es passi el dia firmant i faci un pet comercial semblant al de Regina Rodríguez Sirvent, l’autora de Les calces al sol, que també va triomfar en aquesta editorial amb el mètode més vell de recomanacions: el boca-orella.
La tensión se vive de manera permanente en una de las posiciones de la Brigada 93 del ejército ucranio en los alrededores de Druzkivka, cerca de Kramatorsk (región oriental de Donetsk). Acecha la presencia constante de drones rusos en el cielo. Los soldados que ocupan una pequeña cavidad subterránea dominada por el fango apremian a ponerse a cubierto y a reducir al máximo la presencia en el exterior. Unas pantallas conectadas a una antena a ras de tierra sirven para localizar aparatos enemigos. Después, desde otras posiciones, tratarán de derribar las unidades encargadas de ello. Kostas, uniformado de 41 años, señala en una de esas pantallas las imágenes hackeadas de un avión no tripulado ruso. Pura guerra electrónica. La mayoría de estos militares vive bajo una permanente amenaza, pero no ha visto en toda la contienda a un soldado del Kremlin cara a cara.

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?