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Una buena gorra es uno de los accesorios imprescindibles para el verano. No solo ayuda a proteger nuestra cara del sol, sino que se convierten en un complemento ideal para diferentes looks. Esto es gracias a que se pueden comprar en una gran variedad de colores y diseños, permitiendo adaptarlas a numerosos estilos.




El secretario de Defensa Pete Hegseth, exestrella televisiva de Fox News de 46 años, anunció este miércoles que planea obligar a someter a análisis de los niveles de testosterona a los soldados estadounidenses mayores de 30 años.
En la intersección de las calles Hill y Pool aún no se ha borrado la sangre de Johan Sebastián Durán Guerrero, el colombiano de 26 años que murió por los tiros de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) el lunes pasado en la ciudad de Biddeford, en el Estado de Maine. En el asfalto, pintado con tiza, se puede leer “This is blood (esto es sangre)”, al lado de las manchas que tiñen la calle. En la esquina, los vecinos han montado un altar. Flores, carteles contra el ICE y mensajes de cariño para la víctima -quien deja una mujer y una niña de tres años- muestran la indignación de una comunidad que cree que la muerte de Durán Guerrero debía haberse evitado.
Pocas cosas escuecen tan públicamente como que tu país pierda en el Mundial de Fútbol de la FIFA. Que lo diga, por ejemplo, el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que nada más terminar el partido en el que su equipo cayó ante España 2 a 0 se rehusó a hablar en castellano -lengua que maneja casi a la perfección- y se dedicó a criticar al árbitro del encuentro, aunque sin poder indicar muy bien qué había hecho mal.
Algo está cambiando en Crimea, el territorio que representa el tesoro más valioso del plan imperialista emprendido por Vladímir Putin en 2014. El presidente ruso ha considerado todo este tiempo que la península usurpada a Ucrania era una fortaleza inexpugnable. La aparente normalidad reinante es, sin embargo, un trampantojo tras el que Moscú trata de ocultar golpes duros, como los sufridos en los últimos meses por su flota atracada en Sebastopol o por sus defensas antiaéreas en ese bastión ocupado.


Una frágil tregua permite estos días el retorno de miles de residentes al sur de Líbano. En esas aldeas humildes de la región, que Israel considera zona de combate en la guerra contra el grupo libanés Hezbolá, no se percibe alegría por el regreso ni pena por la devastación. Quienes vuelven funcionan como autómatas, sin haber procesado lo sufrido durante casi tres años frenéticos de ofensiva israelí, ininterrumpida desde que la organización proiraní se unió a la guerra de Hamás contra el Estado judío.
En las jornadas posteriores al ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán del pasado 28 de febrero, Donald Trump cambió al menos una docena de veces de argumentos para justificar una operación militar que evitó llamar por su nombre (“guerra”, palabra que aún se resiste a emplear). Sobre su duración también lanzó mensajes contradictorios: la cosa estaría resuelta en “un par de días”, primero, y en no más de “cuatro o cinco semanas”, después.
“Temí por mi integridad al ser trasladado de madrugada hasta Casablanca por personas armadas no identificadas”, aseguraba en la noche del miércoles por teléfono Ali Lmrabet, periodista marroquí crítico con el sistema, tras ser liberado. Fue arrestado el domingo a su llegada al aeropuerto de Tánger desde Barcelona, donde reside desde hace más de dos décadas junto con su familia española. Habla con la calma de quien espera una próxima jubilación, al término de una larga y sobresaltada carrera profesional, sin perder en ningún instante su habitual buen humor rifeño. Desde la casa de un amigo en la capital económica del país magrebí se expresa en un fluido castellano con acento catalán y algunos ecos de pronunciación francesa, heredados de una educación universitaria en París.
La noche del 15 de julio de 2016 se presentaba como cualquier otra noche de viernes. Los vehículos llenaban los puentes sobre el estrecho del Bósforo —de regreso a casa tras una larga jornada de trabajo, en dirección a los clubes y bares del centro de Estambul o para huir de la calurosa metrópolis turca en un fin de semana estival— cuando dos camiones cargados de soldados ordenaron detener el tráfico. Nadie se explicaba por qué (¿Una redada antiterrorista?¿Una maniobra militar?). Pero la imagen congregaba todos los fantasmas de la historia moderna de Turquía.