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Una manera de contar la Historia de España —no la más alentadora— pasa por enumerar todo aquello a lo que hemos llegado tarde, ya sea la industrialización, el capitalismo, los derechos civiles o la cocina japonesa. Algunas veces hemos caído incluso en la sobrecompensación: ¿no hemos sido un país aislado? Pues bien: hoy pasmamos a la prensa extranjera con la cantidad de banderas europeas que somos capaces de poner. Con el deporte ha ocurrido algo parecido. Durante mucho tiempo, el deporte, como los inventos, era algo que hacían ellos. El gentleman lo practicaba, un hidalgo no: con su traslación del honor al divertimento, el deporte antiguo resultaba del todo ajeno a sus códigos.

“¿De dónde eres?” Le preguntan al niño con los ojos rasgados y el pelo negro. “De aquí”. “¿Pero naciste aquí?” “Sí”. “¿Y tus padres? ¿De dónde son tus padres?” El chaval estaba tan tranquilo jugando en el parque cuando un adulto lo sometió a esa inquisición identitaria. Es el tipo de persona que haría un comentario como el que hizo Mariano Rajoy en su columna, que por muy jocosa que pretendiera ser, refleja una visión de la ciudadanía anclada en un pasado que presupone una correlación entre los rasgos externos de los habitantes de un país y su pertenencia al mismo. En el nuestro ese reconocimiento, la españolidad desde el punto de vista legal, está claramente establecido por el ordenamiento jurídico. Se es español al nacer de padres españoles pero también si uno lleva un tiempo viviendo en territorio nacional y cumple no pocos requisitos.
Si a mí me dijera Jesucristo “abandónalo todo y sígueme”, le preguntaría qué entendía por “todo” para averiguar si sabía de qué hablaba. “Todo”, la mayor parte de mi vida, ha sido un bolígrafo. Si Cristo adivinara que “todo” es un bolígrafo, creería sin género de duda que es el Hijo de Dios y le seguiría hasta la muerte. Pero aquí me ven, con el Bic a modo de escoplo, torturando una cuartilla, arañándola, ensuciándola, para obtener de ella una revelación. La revelación está en la tinta que ocupa los apenas cuatro dedos del capilar que se deja ver a través de la carcasa transparente (se trata de un Bic Cristal). Ahí, lo sé, hay un poema que no me acaba de salir, una obra maestra que se resiste a ser escrita. Escribo como quien se empeña en abrir una puerta que apenas cede unos milímetros. No es fe, ya es pura obstinación. El bolígrafo, sin prometer nada, responde. Hay días en los que la tinta se desliza con la suavidad de la seda y otros en los que se coagula, como si dudara. Aun así, no cejo, porque detenerse sería aceptar que el silencio ha ganado.

El general Mola, que estuvo en los inicicios al frente del golpe de Estado que dio un grupo de militares hace noventa años para acabar con la República, es muy claro en sus instrucciones: “Es necesario propagar una atmósfera de terror”. El plan era fusilar a cualquiera que fuera “abierta o secretamente defensor del Frente Popular”. Y así empezó todo. La República aguantó, y lo que pretendía ser una simple asonada que acabara de forma rápida con un Gobierno democrático se convirtió en una larga guerra. Cuenta Manuel Chaves Nogales en A sangre y fuego (Espasa) que Mola dijo por la radio en aquellos días “que sobre Madrid avanzaban cuatro columnas de fuerzas nacionalistas, pero que además contaba con una ‘quinta columna’ en Madrid mismo que sería la que más eficazmente contribuiría a la conquista de la capital”. El periodista y escritor sevillano que tan bien supo contar aquellos años en los que el terror dominó España, en primer lugar y más tarde Europa y el mundo entero, añade después un comentario que pone los pelos de punta: “Pocas veces una simple frase ha costado más vidas”.

Se cumplen ahora 90 años del hecho que cambió la historia de España. Que se me ocurra, solo el 2 de mayo de 1808 es medianamente comparable en sus repercusiones.
El asesinato de Lyhanna, la niña de 11 años que fue secuestrada y violada presuntamente por un hombre que había sido denunciado previamente por violar a otras menores, provocó un terremoto en Francia. El asunto reveló de forma cruda los problemas crónicos en la justicia en Francia para gestionar las denuncias sobre violencia sexual. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, acosado por las peticiones de dimisión, pidió a los fiscales generales que se revisaran 70.000 denuncias que implicaban a menores y que no habían tenido seguimiento. Puso fecha límite: el 14 de julio. En cinco semanas, los magistrados han reabierto 1.350 investigaciones y ordenado prisión preventiva para 675 personas sospechosas de haber cometido abusos contra menores.
Un paseo por todos los rincones de la dark web no es algo que un ciudadano haga a menudo. Es en parte un lugar tétrico, peligroso y sucio. Por eso un grupo de investigadores españoles creó un robot original que hurgara en las esquinas del cibercrimen para lograr uno de los mayores mapas de la dark web. Su principal hallazgo es que el contenido delictivo es más reducido de lo que parece. La mayoría de sitios son solo espejos, sitios que replican el contenido de otros para que sean más fáciles de encontrar.

Cuando terminó la temporada de subastas de este pasado mayo en Nueva York, se volvió a difundir esa imagen tan reconocible de un sector en el que cada temporada se baten cifras millonarias, se repiten las ventas de los mismos grandes artistas, a la vez que siguen sin desvelarse los pocos nombres capaces de pagar por un cuadro de Jackson Pollock 181 millones de euros o por un busto de Brancusi, 107 millones. Este ritual de cientos de años parece inmutable a los ojos de quienes no pertenecen a ese 1%. Bonnie Brennan (Míchigan, 53 años), que cumple algo más de un año como consejera delegada de Christie’s, asume que tiene que conservar a ese coleccionista tradicional que encuentra un refugio seguro en el arte cuando todo lo demás parece derrumbarse; sin dejar de buscar a los nuevos compradores milenial. Tienen que adaptarse, además, a su nueva manera de comprar que no siempre encaja en las suntuosas salas de subastas de su edificio en el Rockefeller Plaza de Nueva York.


Es curioso cómo nos acostumbramos a lo extraordinario. A principios de julio, dos naves espaciales han visitado dos asteroides nunca explorados, transmitiendo fotografías e información sobre lo que en esencia son dos nuevos pequeños mundos. Y la noticia, casi convertida en rutina, apenas ha llegado al gran público.