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El Gobierno trata de sellar la reconciliación diplomática con Argelia cuatro años después de la ruptura ante el giro dado por el presidente Pedro Sánchez en favor de Marruecos en el contencioso del Sáhara Occidental, y dos años más tarde del deshielo que representó el retorno del embajador argelino a Madrid. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha tenido que esperar hasta este jueves para volver a ser recibido en Argel tras un fallido intento de aproximación en 2024. Su visita al país magrebí estará marcada por el suministro del gas, el control de la inmigración irregular y el proceso de diálogo sobre el Sáhara lanzado por EE UU el mes pasado en Madrid. “Argelia es un país vecino, un socio estratégico, un amigo de España, con el que compartimos fuertes intereses comunes” empezando por “el futuro y la estabilidad en el Mediterráneo”, precisó el ministro el martes tras la reunión del Consejo de Ministros.

Como en Sudán, o casi. En su café delimitado por telas de colores y con suelo de tierra batida, Nafissa Boubaker prepara el café como en su país, con especias. Sin embargo, esta madre de 39 años está muy lejos de su tierra natal: le llevó un mes y 20.000 libras sudanesas (28,63 euros), una “fortuna” para ella, llegar hasta Kufra, la primera ciudad libia accesible desde las fronteras del sur de Egipto, Sudán y Chad.




El Partido Socialdemócrata de Dinamarca logró en las elecciones parlamentarias celebradas este martes una clara victoria con un cierto sabor a derrota. La formación liderada por la primera ministra, Mette Frederiksen, cosechó el 21,9% de los votos y fue la fuerza más respaldada por una amplia diferencia, pero su resultado fue el peor desde 1903 y perdió 12 de sus 50 escaños. Los comicios dejan un escenario político incierto, con un Parlamento profundamente fragmentado y unas negociaciones para formar Gobierno que se prevén largas y complejas. No obstante, la líder socialdemócrata se perfila como la candidata con más opciones de encabezar el próximo Ejecutivo del país escandinavo.

Es difícil ver a Pau Cubarsí con el rostro serio, mucho menos perder su habitual tranquilidad. Hasta que se enfrenta a la prensa. “No es que me ponga nervioso, pero me cuestan más las entrevistas que jugar con 80.000 personas mirándome”, explica. Como si saliera del pasado, al central del Barcelona y de la selección española le interesa el fútbol, no la fama. Sin tatuajes ni pendientes, asume su rol de referente, pero no olvida que nació hace 19 años en Estanyol, un pueblo de cerca de 200 habitantes en la provincia de Girona, donde sus padres regentan una carpintería familiar. Seguramente por su personalidad, también por su actitud, todos en Las Rozas y en Sant Joan Despí coinciden en que Cubarsí es un chico normal.

La última llamada para el Mundial atañe a 22 selecciones de cinco continentes que dirimen entre este jueves y el próximo martes los seis últimos billetes para el Mundial, una mezcla de urgencias e ilusiones que se exponen en unos procesos de repesca en los que se ven involucrados la tetracampeona Italia o cenicientas que jamás tuvieron presencia en el gran escaparate del fútbol planetario como Nueva Caledonia, Surinam o Kosovo. Todo se dirime a cara o cruz, en eliminatorias a partido único que ponen a prueba el sistema nervioso de aquellos equipos que están obligados a no fallar, como Italia.
Fueron apenas nueve golpes. Un driver, dos maderas tres, un sandwedge, un chip y cuatro putts. Poco movimiento. Y no en un campo de golf real, sino en una combinación de un green físico y un simulador en una Liga virtual (TGL) en Florida. Pero suficiente, en cualquier caso, para afirmar que Tiger Woods volvió a jugar públicamente por primera vez desde que falló el corte en el Open Británico de 2024. Y para alimentar la gran pregunta que se hace el mundo del golf: ¿Jugará el próximo Masters de Augusta?
Al ver aparecer a Simon Chevrier (Saint-Nazaire, 1992) en un bistró del barrio parisiense de Belleville, con una mezcla de aplomo y timidez, viene a la cabeza aquella famosa estirpe de nerviosos, “magnífica y lamentable”, de la que escribió Proust. Alto, enjuto y de mirada intensa, el escritor francés parece uno de esos seres para quienes todo sucede demasiado cerca de la piel y que, precisamente por eso, perciben con nitidez lo que a los demás se les escapa.


Cuando dan las doce, el lugar se convierte en un reventón de campanillas. Los soniquetes débiles permiten que las voces se sigan escuchando, pero José Antonio Gismera prefiere callar, dejando el protagonismo a un solemne ritual que ya conoce. Sonidos agudos, algunos menos, descoordinados, melódicos, juguetones. Cuando cesan, continúa con sus palabras: “Son muchos años funcionando, y aunque se portan bien, tienen su desgaste. Normal. Hay que cuidarlos mucho porque son únicos, ir con calma, pero sin que te atenace la responsabilidad”.
Entre 1973 y 1983, Salvador Dalí se encontraba en plena madurez artística y desbordado por el ansia de experimentación con la que vivió casi toda su vida. Aunque la pintura fue el soporte estelar de su extensa carrera, cada año jugaba con varias esculturas que le proporcionaban el placer de ensayar algo diferente. En esa década trabajó con composiciones a la cera a las que trató de dotar de una tercera dimensión. Realizó alrededor de 50 esculturas que vendió a dos amigos coleccionistas, Isidro Clot y Juan Quirós. Fundidas en bronce, han pasado décadas hasta que la Fundación del artista ha regularizado su situación. Una parte notable de la colección se expone de manera permanente en el palacio Gaviria de Madrid bajo el título de Salvador Dalí infinito. Las 14 esculturas están acompañadas de dibujos preparatorios, obra gráfica y fotografías del artista tomadas durante sus actividades cotidianas.
Escribir Para toda la humanidad es como inventarse un libro de historia que nunca sucedió. La serie, que comenzó su sinopsis en 1969 con los soviéticos adelantándose a los estadounidenses en la llegada a la Luna, alcanza en su quinta temporada ya el año 2012, un hito en 50 capítulos que la hace un proyecto sin parangón en televisión. Como si fuera el Cuéntame de una tierra alternativa, la serie de ciencia ficción ha repasado el devenir global durante cuatro décadas, y no piensa quedarse ahí, sino que en su sexta y última temporada alcanzará un presente paralelo al nuestro.
