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La isla de Penang es un viaje dentro de otro gran viaje: un destino que complementa cualquier visita a Malasia con suficientes atractivos como para prolongar la estancia o incluso quedarse una temporada. Pocas islas asiáticas condensan tanta diversidad en tan poco territorio. Situada frente a la costa noroeste de la península malaya, Penang ha sido durante más de doscientos años uno de los grandes puertos del estrecho de Malaca, un lugar donde comerciantes chinos, marinos indios, mercaderes árabes, colonos europeos y comunidades malayas fueron dejando huellas superpuestas que hoy siguen vivas. Esa mezcla constituye la esencia misma de la isla y explica por qué un paseo de apenas un kilómetro puede convertirse en un recorrido por varios continentes.
Una orquesta de mandolinas tocaba la música de El Padrino en directo y 50 muchachos cubiertos con tabarros, esa capa señorial típica de los patriotas del Risorgimento, hacían pasillo sobre las arcadas de una hacienda del siglo XIX encaramada las laderas del Etna, junto a Taormina, uno de los destinos vacacionales más célebres de Sicilia —últimamente aún más gracias a la serie The White Lotus—. Rodeados de cinco hectáreas del jardín botánico Radicepura, sobre cuyo suelo volcánico crecen 3.000 especies de plantas, estaban los verdaderos protagonistas de la jornada: los 400 clientes preferentes a los que Dolce & Gabbana convoca desde hace 14 años en las semanas centrales del verano. Vestidos con las prendas más extravagantes y espectaculares de la firma, forman parte de un acontecimiento que la marca siciliana celebró por primera vez precisamente en Taormina. Supuestamente nació para dar una respuesta italiana a la alta costura de París pero cada edición queda claro que su rimbombancia no cabe dentro los encorsetados límites de la pasarela francesa.

Durante gran parte del año, los pies permanecen protegidos bajo calcetines y calzado cerrado. Sin embargo, cuando llega el verano, se exponen mucho más al sol, el calor, la arena, y, en definitiva, a todo tipo de agresiones externas. Como consecuencia, la piel se reseca con mayor facilidad y los talones empiezan a agrietarse.



Cuatro alcaldías de municipios de la ribera del Guadalquivir (los sevillanos Coria del Río y Los Palacios así como los gaditanos Sanlúcar de Barrameda y Chipiona) y representantes de una decena de entidades han reclamado la paralización de todos los vertidos mineros al estuario del mayor río andaluz así como la prohibición de nuevos desembalses de aguas procedentes de la extracción de minerales hasta conocer exactamente las consecuencias de estos en el ecosistema del que dependen los mencionados pueblos y Doñana. Se amparan en la actualización de un estudio de hace un año sobre la presencia de metales pesados en peces y que, según Jesús Castillo, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, ha aumentado a “niveles récord” en los últimos meses.
“Antes de actuar siempre me escondo en algún sitio y observo a la gente sin que me vean. Quiero entender sus vibraciones, cómo de borrachos van, la edad media en la pista...”. Semanas antes de subirse al escenario de Icónica Santalucía Sevilla Fest, el músico y DJ británico Fatboy Slim —de nombre real Norman Cook (Londres, 62 años)— comentaba esto por videollamada desde su casa en Brighton. Consciente de que su relación con el público español es larga (es habitual de festivales y de Ibiza, donde tiene dos fechas en agosto y otra más el 5 de octubre) y de que no ha sufrido apenas altibajos en sus cuatro décadas de carrera, lo que más preocupaba aquel día al autor de Better Living Through Chemistry era que su concierto estaba previsto en martes “y al día siguiente hay clase”, apuntaba con esa juvenil y disfrutona aproximación a la vida que siempre le ha caracterizado y que, de momento, no tiene ninguna intención de perder.

Durante casi una década, Albert Algarra luchó contra el fraude online en empresas como Vueling o Stayforlong. Trabajaba para desmontar el relato de quienes, tras adquirir un bien o servicio, querían obtenerlo gratis con reclamaciones falsas. “Es un problema grave al que las compañías se enfrentan con poco éxito”, explica. Cansado de ver las dificultades del proceso, durante una comida familiar preguntó a su hermano Adrián, ingeniero informático, si habría alguna manera de hacer esa labor de manera más fiable. La respuesta fue un sí. Y fue la semilla que permitió a Kloutit germinar en 2024 y lanzarse al mercado en 2025 para facturar sus primeros 120.000 euros, cifra que esperan multiplicar por 12 en 2026, hasta el millón y medio de euros.
El futuro del comercio mundial de ropa de segunda mano y de la gestión de los residuos textiles se juega en un debate internacional que se dirimirá en la Conferencia de las Partes del Convenio de Basilea (COP18), prevista para abril de 2027 en Panamá. Dos grandes corrientes de opinión intentan influir en la reforma de las reglas que regulan estos flujos. Por un lado, hay un grupo con una visión más ambiental que reclama controles más estrictos para evitar que los países ricos exporten residuos textiles bajo la etiqueta de “ropa usada” al Sur Global. Por otro lado, está el sector de la reutilización y el reciclaje, que pide aplazar o flexibilizar el endurecimiento de la norma por temor a poner en riesgo miles de empleos que dependen del comercio de ropa de segunda mano en África, Asia y América Latina.

Aquells cadells de la postguerra europea eren molt joves quan es va inventar la joventut. Eren molts, ben diferents, més aviat desobedients i disposats a empassar-se la vida a glops després d’haver tastat de nens les restriccions i el racionament. Estudis sociològics, ministeris, reportatges periodístics i greus reflexions filosòfiques i religioses van convertir la joventut en la gran preocupació, primer de la temporada, després de l’època sencera. D’entrada, dels clergues de la moral. Després, dels senyors de la política. El maig del 68 era a la cantonada.
Pregunta. Termina el contrato de cinco años en septiembre de 2026. Arrendadora y arrendataria queremos continuar con el alquiler, pero si en el futuro, como propietaria, quiero recuperar la vivienda, ¿me convendría hacer ahora un nuevo contrato en vez de continuar con el existente? M. Pardo
Que sí, Antonio, que ya sabemos que el gazpacho andaluz es rojo y lleva tomate. Que solo se le puede poner lo que le ponía tu abuela, y que lo demás son moderneces absurdas. ¿Ya te has calmado? Venga, que no es para tanto. Los gazpachos blancos existen desde hace mil años –es un decir– en Andalucía, y remiten a un pasado anterior al siglo XVIII, cuando el consumo del tomate todavía no se había generalizado.