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La salicornia es la versión botánica de La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, según el título original de la comedia de William Shakespeare). Esta planta halófila (que vive en terrenos con sales abundantes) conquistó las marismas de Isla Cristina (Huelva), un espacio natural protegido que se inunda por las aguas del mar durante la marea alta y donde es ardua la vida vegetal. Allí también nació y creció Manuel Díaz Cárdenas, técnico forestal de 57 años que compagina su devoción por la naturaleza con su amor por la vida humana como experto en salvamento marítimo y voluntario. Allí se enamoró de esta planta salvaje, denostada históricamente en la zona, pero con propiedades culinarias y saludables demostradas. Díaz Cárdenas se empeñó en domar esta especie, milagrosa por los terrenos imposibles donde crece y por sus propiedades. Lo ha conseguido y su trabajo ha llamado la atención de The Smithsonian Institution, responsable del mayor complejo educativo, museístico y de investigación del mundo.


Hace días a El hormiguero se le rebeló una de las llamadas que hacen al azar para dar dinerito. Lógico, a esas horas sólo se llama si alguien está en el hospital. Que se te revire un extraño es normal, no tanto que lo haga una invitada. Pasó en Vamos a ver. Con la excusa del precio de la vivienda pretendían mofarse de una vegana que no quería compartir piso con carnívoros. Pero la muchacha, a la que se la veía paladear el momento como un guiso de seitán, tenía su propia agenda. Les acusó de ser altavoz de los discursos de odio y llamó especuladora a Ana Rosa para horror de su Eva Harrington Patricia Pardo. “Qué poco nos conoces”, replicó Pardo mientras en producción barruntaban ya la tortura medieval que le aplicarían a la redactora que había captado a la vegana díscola. Algo los conocía.
La última vez que hubo elecciones en el Real Madrid jugaban los Zidanes y Pavones. El centro del campo también se había roto en el final de aquel proyecto galáctico y los últimos intentos de solución, antes de la dimisión de Florentino Pérez en febrero de 2006, fueron los fichajes de los peculiares Thomas Gravesen y Pablo García. La cosa no salió bien. En ese verano de 2006, se presentaron hasta cinco candidatos (el ganador Ramón Calderón, Juan Palacios, Juan Miguel Villar Mir en alianza con el piloto Carlos Sainz, Lorenzo Sanz y Arturo Baldasano), y todo se terminó decidiendo en los juzgados, por la suspensión del voto por correo, elemento siempre clave para inclinar el triunfador en los comicios blancos.
El 31 de mayo de 2011, un año antes de que Corinna Larsen, los elefantes de Botsuana y el balbuceante “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir” marcaran el principio del fin de su reinado, Juan Carlos I, el pez más gordo de la pecera patria, empezó a morir por su propia boca. Ese martes, el aún incuestionable e incuestionado rey de España se encaró con los estupefactos periodistas que cubrían una audiencia rutinaria en La Zarzuela y les espetó a cámara: “A vosotros lo que os gusta es matarme y ponerme un pino en la tripa todos los días”. Andaba el hombre maltrecho ante su sexta operación de chasis y las especulaciones sobre su salud le sacaron de sus reales casillas hasta el punto de desenfundar la escopeta, sin calcular que la vieja táctica de matar al mensajero le saldría por la culata. El resto es Historia de España.

Los argumentos para optar por Keir Starmer nunca fueron idealistas. Eran pragmáticos.
Hay algo aún mejor que una buena pelea en internet: una buena pelea filosófica. Los dilemas ficticios nos permiten usar toda nuestra artillería discursiva sin que nadie salga herido, aunque cuando discutimos sobre una cosa solemos estar discutiendo sobre todas las demás. En las últimas semanas hemos asistido al nacimiento de un nuevo problema que ha interesado a cientos de miles, si no millones, de personas. La cuestión llevaba unos años circulando por los foros, y recuerda al dilema del prisionero o el del tranvía con reminiscencias de esa escena de Matrix donde Neo debe elegir una pastilla. Funciona como un experimento en sí misma, porque al plantearse la pregunta en forma de votación, los usuarios la resuelven.
“Más de 600 embarcaciones tipo go-fast [lanchas rápidas], sospechosas de llevar a cabo operaciones de narcotráfico" en las costas españolas, principalmente en el Estrecho de Gibraltar, han sido identificadas por el COVAM, el principal centro de vigilancia marítima de España, dependiente de la Armada, con base en Cartagena (Región de Murcia). Así lo recoge el último Informe Anual de Seguridad Nacional, remitido al Congreso. El documento, elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional de Presidencia del Gobierno, con aportaciones de 17 ministerios y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no menciona la muerte de dos guardias civiles el pasado viernes, cuando perseguían a una narcolancha frente a las costas de Huelva, ya que se aprobó el 21 de abril. Sin embargo, sí advierte de que la presión policial en el Campo de Gibraltar, donde el Ministerio del Interior tiene desplegado un plan específico desde 2018, “ha modificado sustancialmente la operativa de los grupos criminales dedicados al narcotráfico”, que se han desplazado a zonas limítrofes, como la costa onubense o el Algarve portugués.

Parte con todas las encuestas en contra, pero no se permite ni un segundo de desánimo. La exvicepresidenta del Gobierno y candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero (Sevilla, 60 años), apura una campaña en la que se han volcado Pedro Sánchez e históricos del PSOE como Manuel Chaves y Carmen Romero para reivindicar las siglas y llamar a ese electorado que se moviliza en las elecciones generales y no en las autonómicas. Por encima de todos los mensajes, Montero subraya uno: el próximo domingo “los ciudadanos se están jugando los servicios públicos”. Las políticas del PP y Vox, dice, “son indistinguibles”.



EL PAÍS lanza Cómo contar un país, un podcast conmemorativo por el 50º aniversario del periódico, que reflexiona sobre el papel del diario EL PAÍS no solo como testigo de la historia, sino también como agente activo de cambio en la sociedad. La serie recuerda cómo se contaron algunos de los grandes debates de las últimas décadas de la mano de los periodistas que los cubrieron, y mira al futuro con los protagonistas actuales de esa transformación.
Belén Remacha
Nacho Taboada
Ana Alonso
José Juan Morales
“No queremos que San Isidro sea un botellón, queremos que vuelva a ser una verbena. Con pasodobles, charangas, gente bailando y ambiente para gente de todas las edades. Nadie va a gastarse lo que cuesta un traje para sentarse en el césped”. Esto es lo que un grupo de chicas vestidas de perfectas chulapas expresan en uno de los vídeos en Instagram del colectivo MazodeMadrid, uno de los mayores representantes del ‘movimiento prochulapismo’ que agita las redes en los últimos meses. Gente joven, y no tan joven, de Madrid que está muy harta de que sus fiestas de San Isidro dejen mucho que desear. Y así desde hace años.