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El pasado 3 de marzo hacíamos una primera valoración de urgencia del acuerdo entre los rectores de las universidades públicas madrileñas y el gobierno de Ayuso en el que ya intuíamos algunas de las cuestiones que ahora, tras la publicación del acuerdo, se confirman.
La Xunta lleva más de 15 años intentando sacar adelante unas obras que supondrán verter en alta mar 500.000 metros cúbicos de lodos portuarios. Se trata del dragado de la desembocadura del río Lérez, una gigantesca retirada de los sedimentos acumulados en la ría de Pontevedra durante décadas para aumentar su calado y mejorar la navegabilidad. El proyecto, que costará 12 millones de euros, es polémico por su impacto ambiental. Afectará a los bancos pesqueros y marisqueros y los residuos se tirarán a tres kilómetros del Parque Nacional Illas Atlánticas, el único paraje gallego con la máxima protección ambiental posible e integrado por las Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada. Una treintena de colectivos, entre ellos cofradías de pescadores, productores de mejillón, ecologistas y el sindicato mayoritario CIG, han presentado alegaciones en las que reclaman más vigilancia ambiental y compensaciones económicas.
Cuando el fotógrafo se disculpa por si no le estará haciendo adoptar alguna posición incorrecta, Imre Dobos sonríe lobunamente y la sonrisa se refleja en la guarda de su sable: como con Chuck Norris (Rip), con él no existe la posibilidad de un gesto de combate que no sea absolutamente preciso, perfecto. Imi Dobos (Budapest, 67 años) es maestro de esgrima, fundador de la Escuela Húngara de Esgrima de Barcelona, que cumple 30 años, y un acerado experto que ha dedicado toda la vida a la búsqueda de la excelencia con su arma y que ha enseñado a más de 10.000 personas los secretos de su disciplina. Alto y atractivo es un hombre amable y tranquilo aunque en el fondo de sus ojos de gato percibes una extrañeza magiar y una alerta; que no baja la guardia vamos.

Cuando hace justo 20 años, un 27 de marzo de 2006, los españoles sintonizaron por primera vez La Sexta, Helena Resano ya estaba ahí. Como el Gran Wyoming en El intermedio, esta pamplonesa lleva dos décadas siendo el rostro confiable de unos informativos que la han visto pasar de ser una joven “ilusionada” a toda una veterana en uno de los canales que se eligen en cada cobertura histórica. Hoy, a sus 52 años, se enfrenta además al reto de publicar su primera novela. Es martes al mediodía en la sede de Atresmedia y, ya maquillada y lista para su informativo de las 14.30, pone en pausa los preparativos para narrar una actualidad que nunca da un respiro. Se controla para decir la palabra justa sin meterse en jaleos. Como lleva haciendo estoica cada día en pantalla desde hace 20 años.


“Sois unos ‘heteruzos’ de mucho cuidado”. Candela Peña llegó a su nueva cita con La revuelta y, como siempre, dijo mucho más que esas seis palabras juntas, porque es verborreica, expansiva y una risa con piernas. Cada vez que aparece, le da un tiempo bárbaro a decir y a hacer infinidad de cosas; de paso nos sacude a todos un rato con su discurso y, como si todo eso fuera poco, adopta divinamente el papel de madre cansada de repetirle al niño que tiene que recoger su habitación.
La oscuridad tapa la vergüenza y democratiza los cuerpos que se mueven por el Búnker, la discoteca más grande de este Berlín imaginario. Pero podría ser cualquier club de cualquier otra localidad del mundo. Ya lo decía Nik Cohn en los setenta, en el artículo que inspiró Fiebre del sábado noche (1977), da igual si eres carpintero, si sabes vestirte o bailar bien encajas de lujo en la pista, no importa tu contexto. En estos circuitos se encuentra Nilab —estilado Nila, sin la b, para ocultar sus orígenes—, una post-adolescente que aún en la época actual, encuentra su mimesis en la vida y metamorfosis de Kafka, porque “¿quién iba a entender mejor las vicisitudes de un hombre atrapado en el cuarto de la infancia, bajo una apariencia deshumanizada, que una niña afgana intentando salir adelante?”.

Dieciocho metros cuadrados. Una cama individual, una cocina mínima, una mesa, un armario pequeño, una nevera (también pequeña), una lavadora y hasta un piano. Todo en un único espacio. Para muchas personas ese escenario sería sinónimo de estrechez, renuncia o precariedad. Pero para la comunicadora y experta en finanzas personales Cristina Dayz (Barcelona, 1993), que acaba de publicar el libro Aprende a gastar (Aguilar, 2026), supuso justo lo contrario, una liberación. La experiencia de Dayz, que vivió dos años en ese espacio, podría parecer anecdótica, pero condensa una idea cada vez más presente en el debate contemporáneo sobre el consumo y el bienestar: la posibilidad de que la felicidad no esté en acumular, sino en simplificar.


El vehículo eléctrico contó el año pasado con un par de incentivos que afectan a la campaña de la renta que acaba de empezar. Se trata del ya extinto Plan Moves 2025, que murió el 31 de diciembre —será sustituido en el presente ejercicio por el Auto+—, y la deducción de un 15% en el IRPF sobre una base máxima de 20.000 euros —se ha prorrogado para 2026—. El primero de ellos fue un programa criticado por todo el sector por sus largas colas de espera, que hacían que el usuario tuviese que esperar de media entre uno y dos años desde el momento de la compra para recibir la ayuda.
Bienvenidos a la ciudad con la mejor agua del grifo del mundo: viene directa de los Alpes y, por el camino, se va filtrando y va absorbiendo minerales que la hacen de lo más saludable. Hablamos de Innsbruck, un valle resguardado por las cumbres alpinas, que aparecen imponentes ante nosotros nada más salir de la estación de tren de la ciudad austriaca. A ella se llega fácilmente desde Viena o Zúrich, contemplando por la ventanilla los paisajes montañosos, con sus lagos y sus casitas dispersas por las praderas. Y durante la temporada de esquí, también se puede volar directamente desde Madrid con Iberia.
Hasta principios de primavera, Innsbruck funciona a doble altura: abajo ofrece cafés, museos y escaparates, y en lo alto, esquís y remontes a pocos minutos de distancia del centro urbano. Doce estaciones repartidas en su entorno inmediato permiten improvisar el plan, ayudados por el forfait SKI plus CITY Pass, válido para todas ellas. Aquí destacamos algunas:

De frente tiene forma de embarcación, se encuentra a orillas del río Manzanares y fue ideado como lugar de esparcimiento para los madrileños en los años treinta. Fue la primera playa artificial de España —conocida como la playa de Madrid—, inaugurada en 1932 en el Monte del Pardo y concebida para democratizar el descanso veraniego mediante un espacio público. Un lugar con arena fina, donde tomar el sol en tumbonas o resguardarse del calor bajo las sombrillas, nadar o practicar deportes acuáticos en un embalse de 80.000 metros cúbicos de agua procedente del Manzanares. El complejo deportivo, que ocupaba unas 22 hectáreas, fue diseñado por el arquitecto Manuel Muñoz Monasterio —coautor, junto a Luis Alemany Soler, del antiguo estadio Santiago Bernabéu y de la plaza de toros de Las Ventas—. Para los madrileños, aquello era tener playa. La alegría duró poco: llegó la Guerra Civil española y la mayor parte del complejo fue destruido. En 1947, Muñoz Monasterio lo reconstruyó, adaptándolo a la estética de la dictadura.
