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“Mi nombre es Yolanda Pleguezuelos Ruiz. Hace 32 años sufrí una doble agresión sexual. Uno de los hombres que me agredieron fue identificado, juzgado y condenado. Años después, fue excarcelado sin cumplir la condena íntegra. Me enteré por televisión”. Así empieza el vídeo en el que Yolanda rebasa su último límite: el del anonimato. Fue víctima de una violación doble cometida en 1995 en Esparraguera (Barcelona), de la que continúa sin conocer la verdad completa. Ni ella ni las al menos 16 mujeres, varias de ellas menores de edad, que fueron violadas por dos hombres a las afueras de pueblos y pequeñas ciudades en Cataluña entre 1991 y 1995. Por aquello fueron condenados dos inocentes, Abderrazak Mounib, que murió en la cárcel, y Ahmed Tommouhi, a quien el Tribunal Supremo acaba de indemnizar con 2,5 millones de euros por los años que pasó injustamente en la cárcel.
Una familia extremeña ha denunciado públicamente la situación educativa que viven sus dos hijos gemelos, de nueve años, diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en el CEIP Jiménez Andrade, de Puebla de Obando, en la provincia de Badajoz. Aseguran que el colegio donde estudian no ha aplicado las adaptaciones previstas por la normativa para este tipo de alumnado. Tras más de un año de reclamaciones, los padres lamentan que no han recibido una respuesta efectiva por parte de la Junta de Extremadura (PP), pese a haber presentado informes médicos, documentación psicopedagógica y una solicitud formal de intervención ante la Inspección Educativa.
“No se considera oportuno impulsar un convenio en los términos planteados”. Con esa frase responde el Gobierno de Cataluña a la oferta de Madrid para que todas las regiones apuesten por la “corresponsabilidad financiera” y eviten así a sus ciudadanos el nuevo requisito de estar empadronados en la región capital para acceder a su tarjeta de transportes. El Gobierno de Salvador Illa (PSC) considera que extender esa condición por toda España “fragmentaría más” el acceso al sistema y no resolvería “ninguno” de sus problemas. Además, Galicia reclama reciprocidad en la medida. Es decir, que Madrid cofinancie el uso que hacen los estudiantes madrileños del sistema de transportes gallego. Sí han mostrado interés por rubricar esos acuerdos de cofinanciación Ceuta, Canarias, Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla y León o Extremadura, según un portavoz gubernamental madrileño. Castilla-La Mancha ya tiene un acuerdo similar. El nuevo requisito entró en vigor en junio y afecta a 200.000 personas.

El centro de Barcelona empieza a vestirse ya de los colores del arcoíris para celebrar el Orgullo esta semana. También lo ha hecho Casa Cupra Raval desde su vistoso edificio del paseo de Gràcia. La tienda insignia de la histórica automovilística ha dejado de llamarse, aunque sea de forma temporal, Casa Seat y ha adoptado el nombre de su última apuesta, el primer vehículo 100% eléctrico diseñado, desarrollado y fabricado íntegramente en Europa. La buena noticia del lanzamiento de ese coche, que se hizo por todo lo alto con un mini concierto de Nathy Peluso en el centro de la capital catalana, no obvia la otra realidad menos agradable: que la marca Seat, que el año pasado cumplió tres cuartos de siglo, va quedándose rezagada.

La línea 11 de Metro nació hace más de tres décadas con una misión: convertirse en una gran línea semicircular capaz de conectar, por un lado, los barrios del norte de Madrid entre sí, y por otro, crear un corredor norte-sur sin obligar a pasar por el centro. Ahora, ese plan ha quedado definitivamente atrás. La Comunidad de Madrid presentó la semana pasada el trazado definitivo del tramo norte de la ampliación, una actuación dotada con 880,6 millones de euros que llevará la infraestructura hasta Valdebebas, el Hospital Isabel Zendal, la futura Ciudad de la Justicia, Ifema y el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. El Gobierno regional defiende que la nueva línea será “uno de los principales ejes vertebradores” de la red del suburbano. Expertos en movilidad y asociaciones vecinales, sin embargo, consideran que el cambio altera la lógica con la que fue concebido el proyecto y deja sin resolver algunas de las principales carencias de transporte público del norte de la capital.

Enma López (Vigo, 40 años) ha revolucionado al PSOE y a la política madrileña. Es concejala en el Ayuntamiento de Madrid desde 2019 y en las últimas tres semanas no ha parado de dar sorpresas. El primer terremoto lo provocó al presentarse a las primarias para ser la candidata socialista en lugar de Reyes Maroto. No gustó a Ferraz ni a la dirección de la federación madrileña. La respuesta fue furibunda: que se había precipitado, que no había respetado los tiempos ni pensado en la ejecutiva. “Hay claramente una falta de lealtad”, afeó Maroto este lunes. El siguiente hito se produjo justo dos días antes de estas palabras, cuando logró los avales necesarios para medirse con la exministra y actual portavoz en Cibeles. “Nos dijeron que no íbamos a ser capaces”, dijo López nada más conseguirlo. La próxima hazaña que se ha fijado es ganar la votación, que se celebra el domingo, contra el aparato de su partido y convertirse en la contendiente socialista para enfrentar a José Luis Martínez-Almeida en 2027.


Hi ha una frase de Sartre que ha fet molta fortuna i que diu que l’infern són els altres. Es veu que la frase no vol dir exactament el que sembla (que als altres no hi ha qui els aguanti), sinó una cosa més subtil i menys misantropa que té a veure (crec) amb com ens empresona la mirada dels altres sobre nosaltres. No vull entrar aquí en el sentit real de la frase (confesso que no estic segura d’haver-lo entès), perquè el que m’interessa és precisament que hagi fet fortuna per uns motius falsos, la qual cosa ens indica que ens calia una frase que digués que els altres són odiosos. L’èxit de qualsevol cosa —unes xips amb gust d’ou ferrat, un servei de lloguer de vestits de núvia, una frase de Sartre— rau en el fet que satisfà una necessitat (ja sigui genuïna o creada amb artificis). I diria que el triomf d’aquesta frase va en paral·lel a l’expansió de l’individualisme (aka la glorificació del jo). Però això podria estar canviant (ja em perdonareu si m’he llevat massa optimista).
Ernesto Giménez Caballero, primer ideólogo del fascismo español, pensaba que la obra de su vida habían sido sus ideas antidemocráticas que gestarían la sublevación contrarrevolucionaria contra la Segunda República. Actor clave de los movimientos de vanguardia, rozando los años treinta del siglo pasado sincronizó su activismo cultural con un proceso de radicalización nacionalista. Cuando empezó la guerra, ese madrileño de 37 años —hijo de un papelero que se había enriquecido como impresor― mantenía relaciones mejorables con José Antonio Primo de Rivera y en pleno conflicto quiso resituarse como intelectual de cabecera del franquismo, aunque nadie se lo tomó muy en serio.

“El verano es un montón de gente que no sabe lo que hace”. Así termina el periodista —y marino— Enrique Rey su ensayo Melón con jamón. Crónica sentimental de un país al sol (Temas de Hoy). Rey es aficionado al verano y pensador sobre el verano: más allá de esos tres meses que van del solsticio al equinoccio, el estío es un estado del ser teñido de nostalgia de veranos de infancia, esa sensación de quietud y sol, de clase media y pachorra con el Tour de fondo, atravesada por el dulce olor de la crema solar. Un estado mental que, dice Rey, puede que esté terminando. Se diluye este verano del alma, igual que se ha quedado viejuno el melón con jamón del título, en veranos más cortos, menos acompasados, más fragmentados, no faltos de postureo. Y sostenidos, como siempre, por los mismos de siempre: los que curran y los que cuidan.

La historia de la vida privada puede ser tan apasionante como la de las grandes gestas heroicas. De hecho, en 1985, el historiador francés Georges Duby publicó junto a su equipo su monumental Historia de la vida privada en cinco volúmenes, a partir de la cual proliferaron ensayos centrados en esos aspectos infraordinarios de la existencia que, durante siglos, parecían no merecer nuestra atención. Si las paredes hablaran, de la historiadora, escritora y conservadora de casas históricas Lucy Worsley, se inscribe con naturalidad en esa tradición. Su experiencia en el patrimonio arquitectónico británico —fue responsable de mantenimiento de la Torre de Londres, entre otros cargos— y su prolongada labor como divulgadora (también presentó para la BBC un programa sobre historia de la vida doméstica) la convierten en una ensayista particularmente adecuada para un libro de estas características. Hay algo, además, en esta línea de investigación que conecta bien con nuestra pulsión contemporánea de observar las casas ajenas —ya sea en el marco de una serie o en una visita guiada— con la misma curiosidad con la que nuestros antepasados leían crónicas de guerra.
