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Jueves, 11.30 de la mañana. A la sombra hace frío, pero en el banco del parque en el que se sienta Karla Sofía Gascón (Alcobendas, Madrid, 53 años) en su ciudad natal da el sol. Hoy viernes viajará a Málaga, donde, como el año pasado, entregará un premio en la gala de clausura del sábado. Donde no estará será en la ceremonia de los Oscar del domingo. Ha pasado un año desde que la alcobedense fuera candidata al galardón por su labor en Emilia Pérez, de Jacques Audiard, una nominación que no logró disfrutar porque fue arrasada por un huracán mediático propulsado por unos viejos tuits volcánicos. “No la veré”, cuenta la actriz. “Duermo mucho. Yo a las diez de la noche ya estoy dormida, y tengo muchísimo trabajo”. Anuncia que se va a Italia a promocionar Scuola di seduzione, de Carlo Verdone, comedia que huele a taquillazo, y luego unos meses al extranjero, “a rodar con un ganador del Oscar”. ¿No será Las malas, la novela de Camila Sosa que adaptará Armando Bo y en cuyo reparto su nombre ya se había anunciado? “No te puedo decir cuál”.
“Te seguiría como un perro hasta el fin del mundo” es una de las frases que ha puesto el nombre de Heathcliff en boca de adolescentes y jóvenes de todo el mundo cuando, realmente, la primera vez que se mencionó a este personaje fue en 1847. De hecho, en la novela en la que concibe originariamente a este personaje, esta frase no tiene lugar, del mismo modo que Drácula nunca dijo en la obra de Bram Stoker “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte”. Quizás, parte de las personas que acuden ansiosas al cine para ver a dos de los actores del momento —Jacob Elordi y Margot Robbie—, viviendo “la mayor historia de amor jamás contada”, no habían leído el libro de Emily Brönte. Sin embargo, a juzgar por las múltiples teorías y análisis sobre el tráiler de la película que inundaron las redes sociales antes de que se estrenase, parece que muchos jóvenes no solamente son perfectamente conscientes de la existencia de la obra original, sino que además la han leído e incluso la admiran profundamente.
El año era 1990, y la ficción criminal de procedimiento, el llamado police procedural, esto es, la ficción detectivesca basada en el trabajo cotidiano de la policía —su burocracia, las salas de autopsia, los laboratorios de muestras, las escenas del crimen como frescos de los que extraer al culpable a partir de restos biológicos—, era aún un territorio inexplorado. Y aún lo era más el de la mujer como miembro activo —como la heroína— de un género que la daba por muerta una y otra vez —pues la mujer era la víctima en casi el 100% de los casos relatados por cualquier policial—, y que lo sigue haciendo. Por eso es importante dejar clara desde el principio la importancia de Kay Scarpetta, la solitaria y dura, exigente a la par que vulnerable y superdotada, forense jefe creada por la escritora Patricia Cornwell a finales de los ochenta y cuyo primer caso, Post Mortem, se publicó en 1990.

Badia y Fatima charlan en la escalera del teatro de Béziers (34.500 habitantes) mientras la hija de una de ellas trastea con el móvil. Una marroquí, la otra argelina. Solo una lleva el velo. Es ramadán. Y también la semana blanca escolar. Ayuno y vacaciones intermedias. Dos acontecimientos que entrelazan el Islam y el sistema educativo laico y republicano francés, que en los últimos años ha dado muestras de fricción en esa convivencia democrática. Fatima lleva cuatro años en Béziers, la ciudad más antigua de Francia, una de las más pobres y, también, más inclinadas a la derecha. “¿El alcalde? Es un tío genial. Me encanta lo que ha hecho en la ciudad. Y además es de Orán, como yo". ¿Y qué me dices su posición sobre la inmigración? “Uy, no me hagas hablar de política”.




La cazadora de cuero de Santiago Abascal está descascarillada a la altura de las cervicales, donde le palmean miles de seguidores por los pueblos de Castilla y León en la campaña electoral autonómica. Acabado el mitin, el presidente de Vox salta del pequeño escenario y centenares de personas en las plazas se arremolinan para saludarlo, hacerse fotos y pedirle autógrafos. Uno a uno, con paciencia tenaz, el líder de la ultraderecha española complace a todos con su mejor sonrisa, abrazos, besos y carantoñas a los bebés. Entre el gentío, alcanza finalmente su furgoneta, se alza sobre el estribo del vehículo y se despide: un último gesto que enloquece a la multitud como ya quisieran muchos cantantes. “¡Lo he visto, lo he visto! ¡Me ha tocado!”, se obnubilan chicos y grandes. La emoción que se respira en algunos pueblos tiene su reflejo en las encuestas, que auguran para ellos el mejor resultado de las convocatorias recientes, con una estimación de voto del 20,8%, 3,2 puntos más que en 2022, según la empresa de sondeos 40dB. Abascal ha acompañado por más de 60 pueblos al candidato regional, Carlos Pollán, ganándose las simpatías de los chavales de secundaria, los agricultores y ganaderos, pequeños comerciantes, camioneros o autónomos, a quienes cita constantemente. A unas pocas horas de que se abran las urnas, ya tiene la voz afectada. Y la cazadora de cuero, para tirarla.





Estimado señor Feijóo, nos dirigimos a usted públicamente como supervivientes de abusos sexuales en la Iglesia católica. Aunque nuestros agresores fueron depredadores sexuales que abusaron de multitud de menores durante décadas, no se les pudo juzgar porque, cuando tuvimos la fortaleza de denunciar los hechos, estos habían prescrito.

“Estudiar no debería ser una carrera de obstáculos”. Así define Zusel Pimienta su día a día para ir a la universidad. Ella es una estudiante de 55 años de tercero de Psicología en el Campus de Puerto Real de la Universidad de Cádiz (UCA), madre de un bebé de seis meses y de un adolescente de 12 años, que todas las mañanas vive una odisea para acudir a clase y una yincana para regresar a su casa. “Conciliar la maternidad con la formación universitaria ya supone un esfuerzo considerable, pero cuando a esa realidad se suma una red de transporte limitada, el desafío se multiplica”, precisa. El transporte público del Consorcio de la Bahía de Cádiz es el principal dolor de cabeza del alumnado del Campus de Puerto Real, algunos destinos no tienen rutas por la tarde, en otros ni siquiera hay trayectos directos… Carencias que obligan a los universitarios a buscar otras vías de transporte, pasando largas horas de espera o, directamente, a tener que alquilar habitaciones para dormir a media hora de donde residen.


En julio de 2023, la Comisión Europea presentó una propuesta para la desregulación generalizada de las plantas obtenidas mediante nuevas técnicas genómicas (NTG). Desde entonces, el debate ha avanzado a un ritmo inusualmente rápido y sin mucho eco mediático, a pesar de la magnitud de sus repercusiones. El 19 de diciembre de 2025, el Comité de Representantes Permanentes (Coreper) de la UE votó por mayoría cualificada a favor de la desregulación, que permitiría que un gran número de estos organismos modificados genéticamente (OMG) no sean sometidos a una evaluación de riesgos específica, ni estén sujetos a etiquetado ni a trazabilidad, de conformidad con el procedimiento legislativo 2023/0226 (COD) del Observatorio Legislativo del Parlamento Europeo. Si el Parlamento Europeo no presenta ninguna moción de rechazo o enmienda esta primavera, se aprobará una ley que afectará a los alimentos que llegan a nuestros platos y a todo el entorno natural.
La Generalitat Valenciana rechaza la creación de un Servicio Valenciano de Meteorología, una agencia propia que colabore directamente con la Agencia Española de Meteorología (Aemet) y otras instituciones, similar a las que funcionan en otras autonomías como Euskadi (Euskalmet), Galicia (MeteoGalicia) o Cataluña (Meteocat). El Gobierno, presidido por Juanfran Pérez Llorca, del PP, no considera necesaria la puesta en marcha de este nuevo servicio que planteó el pasado enero el grupo parlamentario de Compromís por medio de una Proposición de Ley.
Sentir hambre puede modular nuestro estado de ánimo. Diversas investigaciones han demostrado que el hambre puede volvernos más negativos, más irritables e, incluso, más agresivos. El impacto emocional del hambre puede tener, incluso, un efecto sobre nuestras decisiones. Así lo demostró un estudio israelí de 2011 que dio nombre al conocido como “efecto del juez hambriento”. Lo que vieron los autores del estudio es que la severidad de las sentencias dictadas por los jueces se endurecía a medida que se acercaba la hora del almuerzo, para luego volverse significativamente más indulgentes después de la pausa para la comida y el descanso. Esta relación tan estrecha llevó incluso a la invención de un término en inglés para hacer referencia a este fenómeno, hangry —una combinación de hungry (hambriento) y angry (enfadado) —, que se coló en enero de 2018 en el Diccionario de Oxford.