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Joan Laporta continuará como presidente del FC Barcelona después de imponerse con autoridad en las elecciones de este domingo a Víctor Font con el 68,18% (32.934) de los votos, después de haberse escrutado el 100% de las papeletas. Ejercieron su derecho a voto 48.480 socios, el 42,34% del censo. En términos relativos fue la participación más baja desde el 1997 (34,38%); en absolutos, en cambio, la menor desde el 2015 (47.270). “Ha habido una candidatura, la que ha perdido, que presentó una propuesta de división y confrontación. La mayoría de los socios, una mayoría muy amplia, ha votado la nuestra: la de defender al Barça contra todos y contra todo. Es un apoyo a la obra que hemos hecho; nos han dado fuerza para que continuemos la obra iniciada. Este resultado nos da fuerza, nos hará imparables”, destacó Laporta, que pidió un aplauso para Hansi Flick, Deco, Bojan y los técnicos de la cantera.
El PSOE ha cogido oxígeno en Castilla y León. No ha logrado el objetivo de desbancar al PP, que gobierna de forma ininterrumpida desde 1987, pero ha roto la inercia negativa de Extremadura y Aragón con un leve repunte en votos (menos de un punto) y dos escaños más. Carlos Martínez, alcalde de Soria que se ha presentado por primera vez a las elecciones autonómicas, saca a los socialistas del desánimo tras los malos resultados anteriores, en plena estrategia de Pedro Sánchez para reactivar al electorado de izquierdas con su posicionamiento en contra de Donald Trump, que ha marcado la recta final de la campaña del PSOE.


El Partido Popular comenzó a gobernar en Castilla y León allá por el siglo XX, cuando el muro de Berlín seguía en pie, el último grito en comunicaciones era el fax y casi ningún español había probado el sushi. Han pasado casi 40 años desde aquel 1987, y con ellos han pasado el dominio de la vieja Convergència en Cataluña, el monocultivo nacionalista en el País Vasco o la identificación automática entre PSOE y Junta de Andalucía. Han pasado casi 40 años, y el PP sigue ganando y tiene todas las posibilidades de seguir gobernando en Castilla y León. Con algún mérito extra: hacerlo con un político, Alfonso Fernández Mañueco, que nunca ha debido un voto al entusiasmo. Con la memoria cercana de unos fuegos en los que la Junta distó de tener su mejor hora. Frente a un candidato socialista, Carlos Martínez, con fama de serio y de gestor. Y con un Vox que creía jugar en campo propio y que, según las encuestas, iba a arrancar la rama dorada del 20% de los votos.
La Real Sociedad sigue avanzando con paso firme. El efecto de Pellegrino Matarazzo, lejos de diluirse con el paso de las jornadas, continúa en plena efervescencia. No solo por los resultados, sino también por la capacidad del técnico para reactivar a futbolistas que parecían haber quedado en un segundo plano. Es el caso de Beñat Turrientes, que hace apenas unos meses estaba más cerca de salir que de consolidarse en el equipo. El centrocampista de Beasain se ha convertido ahora en una pieza indiscutible ofreciendo probablemente su mejor versión desde que dio el salto al primer equipo.
Sonríe Aryna Sabalenka, la tenista de la mirada felina y, por fin, con el prestigioso trofeo de Indian Wells entre las manos. Le cuesta sangre, sudor y lágrimas, pero finalmente lo consigue. Así que de un plumazo, logra una doble redención: se corona en el desierto de California y, a la vez, lo hace frente a Elena Rybakina, una rival que se ha convertido en un quebradero de cabeza para ella, la número uno, capaz de pasear sobre el alambre, primero, y de levantar un punto de partido en el desempate final: 3-6, 6-3 y 7-6(6), tras 2h 31m. Lo quería y lo tiene, como casi todo lo que se propone la vencedora. Tenía una deuda pendiente y se la cobra a lo grande. Vibrante e incierto el desenlace.
Mujer de pocas palabras, Rybakina acertó en la definición de la final. Sin tregua y de tú a tú. “No creo que ninguna hiciera nada extraordinario por encima de la otra para ganar. Fue una ruleta rusa”, transmitió una vez que Sabalenka había terminado con su racha: 12 triunfos consecutivos ante top-10.
Entretanto, la campeona posaba para los medios con las montañas peladas de fondo y precisaba cómo iba a ser la celebración, sin apenas tiempo porque la acción se traslada de inmediato a Miami, donde a partir de este lunes se disputarán las fases previas y el miércoles empezará el cuadro principal.
“Supongo que me beberé un par de Martinis y me comeré una hamburguesa en el avión. Ahora no puedo relajarme demasiado, vamos ya a por lo siguiente”, bromeó la bielorrusa, que recuenta diez títulos de la categoría 1000, los mismos que su compatriota Victoria Azarenka; por debajo solo, por tanto, de Serena Williams (13) e Iga Swiatek (11).
Con 23 trofeos, la número uno está a solo uno del total alcanzado por la rumana Simona Halep, ya retirada, y este último significa que ya se ha hecho con ocho de los dieciséis más importantes; se le resisten algunos como Roland Garros, Wimbledon, la Copa de Maestras o el oro olímpico. Más alicientes por delante.

La división entre fuerzas políticas similares, sin una diferenciación nítida, al menos en programas electorales regionales, se paga. En Castilla y León, se ha comprobado, como también se constató el mes pasado en Aragón, y, en sentido contrario, en Extremadura. Allí, la coalición de Podemos e Izquierda Unida obtuvo un resultado extraordinario, al doblar casi su representación, superando el resultado de 2015 en pleno auge de Podemos. La subida del PSOE en Castilla y León, con respecto a los comicios de hace cuatro años, a diferencia de lo ocurrido en Aragón y Extremadura, insufla algo de fuerza y optimismo de cara al futuro, aunque se mantiene la preocupación al mirar a su izquierda. Con la división entre sus fuerzas, ahora en pleno replanteamiento, al menos por parte de Izquierda Unida, los comunes, Más Madrid y Sumar, las posibilidades de conformar mayorías se alejan sin remedio.

Castilla y León es la comunidad políticamente más previsible del país. No hay cambios desde hace 40 años: siempre gobierna la derecha. De la secuencia de las cuatro elecciones seguidas que programó el PP para apuntalar el ambiente de cambio de ciclo, esta era la menos decisiva, tal como lo veían en los cuarteles de los grandes partidos. Y así fue. El resultado deja algunas sorpresas, como siempre, en especial el pinchazo de Vox, que esperaba una subida mucho mayor, pero no tiene fuerza como para mover el escenario político nacional. Habrá que esperar a las andaluzas de mayo-junio, mucho más decisivas políticamente y con una candidata como María Jesús Montero que ha sido la número dos de Sánchez todos estos años, para que se mueva el avispero nacional mirando ya a las generales.