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“Este firma con dos apellidos”, se escucha gritar en la Redacción. “En web sale automático, pero en papel hay que ponerlo”. Ese que signa con los dos apellidos es Joan Serra Carné, opinador de EL PAÍS Catalunya. Recuerdo que me lo dijo cuando firmó su primer artículo en el diario. Y me lo recordó en semanas sucesivas, cada vez que me olvidaba. Pero, al final, todos aprendimos que Joan Serra, periodista de SER Catalunya, siempre firma con sus dos apellidos: Serra Carné. Nunca le pregunté por qué hasta esta semana. “Antes siempre firmaba con un apellido, el primero, pero cuando se puso enfermo mi padre pensé que una forma bonita de homenajear a mi madre por cómo lo estaba cuidando era firmar también con el segundo apellido. Y desde entonces lo he hecho así. Porque quería dedicárselo a mi madre por todo aquel proceso, que resultó tan duro. Esta es la historia, no tiene más profundidad, pero es un detalle para visibilizar todo lo que ha hecho mi madre”. Serra Carné no es el único que usa su apellido para homenajear.

Mi sobrina de trece años se vuelve loca cada vez que nos cruzamos por la calle con una tienda de bubble tea. Se agarra del cuello con las manos, retuerce su torso como una anguila y me mira con cara de llevar diez días de travesía por el Sahara sin ingerir ni una sola gota de agua. “¡Me muero de sed!, ¡por favor!, ¡necesiiiitooooo…!”. Esa bebida de origen taiwanés que mezcla perlas de tapioca con leche, frutas, jarabes y té, adquiere unas tonalidades lisérgicas que me recuerdan a las setas venenosas que afloran alrededor de los árboles con colores llamativos. Mientras que, para mí –un señor nacido en el 1900– beberme un líquido rosa con bolitas negras es un peligro que alerta de una muerte inminente, mi sobrina piensa que se trata de un brebaje divertido y un consumo de fantasía.



El abogado Perkins Rocha, asesor jurídico de Vente Venezuela y estrecho colaborador de María Corina Machado, ha sufrido un revés judicial. Tras ser arrestado en la ola de detenciones que siguió a las presidenciales de 2024 y recibir hace semanas el beneficio de arresto domiciliario, un tribunal ha denegado su solicitud de sobreseimiento bajo la reciente Ley de Amnistía.
El Barça ha entrado en barrena, apeado en semifinales de Copa, lejos del Madrid en la ACB —cuatro triunfos menos— y con cuatro derrotas consecutivas en la Euroliga que le han desviado de los puestos de honor, superado esta vez por un Hapoel Tel Aviv de Israel con Oturu y Elijah Bryant en combustión, también por la faena de jugar en un pabellón vacío —como ya ocurriera con el Maccabi— tras ser declarado de alto riesgo y para evitar posibles incidentes, aunque también una clara ventaja competitiva para el visitante. O, claro, también superado por haber perdido a Laprovittola posiblemente para lo que resta del curso tras romperse el tendón del aductor largo de la pierna derecha, un adiós que se suma al del curso pasado, casi todo el año en la rebotica. O ahora la de Shengelia, que se lastimó el sóleo. Demasiados reveses y contrapiés de difícil digestión que dan con un Barça sin alegrías en el parquet.
Un hombre de 34 años que había secuestrado a un taxista en Madrid y le había obligado a llevarlo hasta el pequeño pueblo burgalés de Villoruebo, que dista más de 260 kilómetros de la capital, ha sido detenido este viernes por la Guardia Civil después de pasar 12 horas atrincherado en una vivienda de la localidad. El investigado forzó al conductor a que lo llevara al municipio a punta de pistola y, una vez allí, lo liberó.