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“A lo mejor nuestros nietos ya no sabrán que existió la ketamina y solo hablarán de Spravato”. La investigadora cultural Marta Echaves (Arganzuela, Madrid, 35 años) tuvo un “mal augurio” cuando Estados Unidos aprobó en 2019 comercializar Spravato, un medicamento antidepresivo de esketamina —un derivado de la ketamina— en forma de spray nasal. Distribuido por la unidad farmacéutica de Johnson & Johnson’s, el spray que recuerda en su envase a un simpático cohete en miniatura cuesta entre 500 y 700 euros. La patente expirada de la ketamina como medicamento genérico apenas supera los 50 céntimos. “Con esa estrategia confirmé que cualquier estado de alteración de conciencia siempre acabará siendo un espacio de cooptación para la industria clínica”, cuenta esta licenciada en Filosofía graduada en el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Macba el último año que lo dirigió Paul B. Preciado (“figura crucial en mi pensamiento”, señala).
En el verano de 2021, cuando se reabría el mundo al turismo tras el Gran Confinamiento, el escritor colombiano Juan Esteban Constaín llevó a sus hijas a visitar las catacumbas en Roma. Le impactó un detalle: la representación de Orfeo, uno de los héroes de la mitología griega, el hijo de Apolo que tocaba la lira para animales y humanos, y que intentó rescatar a su amada Eurídice en Hades, el reino de los muertos. “Lo que hacen los primeros cristianos es homologar a Orfeo con Cristo”, explica Constaín (Popayán, 46 años), historiador, novelista y ensayista. Orfeo también era un buen pastor y un salvador, alguien que desafiaba a la muerte. Entonces pensó en preparar un breve ensayo sobre la simbiosis entre el primer cristianismo y el paganismo que ocuparía, se dijo, unas 20 páginas. Al final han sido 554: el resultado se llama El hijo del hombre. Grecia, Roma y el nacimiento del cristianismo, y ha sido publicado por Debate.

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Hay perfumes que, como los medicamentos, deberían estar sujetos a advertencia. Antes de usar Risvelium, por ejemplo, habría que avisar: puede provocar estados alterados de conciencia, estimulación mental y sobrecarga sensorial. Inspirada en la purificadora agua de Florida, esa versión americana del agua de colonia europea que escupen los chamanes de Bolivia y Perú en sus rituales de limpieza energética, la última fragancia de Orto Parisi está desde luego contraindicada en pieles sensibles a la incorrección política. Por si quedara alguna duda, consultemos al perfumero. “Sí, volvámonos locos, experimentemos. Tenemos que deshacernos de los miedos y abrirnos a nuevas experiencias”, responde a propósito de los efectos de su más reciente creación, con la que vuelve a demostrar que no hay fórmula mala o ingrediente inaceptable, solo codicia y adocenamiento. “He probado el perfume que acaba de lanzar Prada en el duty free del aeropuerto y no entiendo nada. Han gastado millones en lanzar un producto indistinguible de los miles que ya hay en el mercado. Tienen dinero para hacer cualquier cosa, pero, cazzo, van y se tiran a lo más aburrido y comercial”, lamenta. Porque según el instinto olfativo de Alessandro Gualtieri, todo es posible. Aunque huela raro.
En la secuencia final de El rey de Nueva York (Abel Ferrara, 1990), el personaje de Christopher Walken viaja solo en la línea 7 del metro neoyorquino. su vagón toma una curva frente al enorme letrero de Silvercup Studios, que ocupa varias manzanas del Queens industrial, y comienza su descenso hacia Manhattan. Los vagones traquetean sobre las vías elevadas antes de deslizarse bajo el East River. Tras los cristales mugrientos se perfila el horizonte: torres, puentes iluminados... la densidad centelleante del centro de la ciudad. Minutos después, morirá de un disparo en un taxi en Times Square, rodeado de neones y extraños. Ese viaje en metro es breve, fatal e inequívocamente de Queens.

Hay muchos roscos típicos de Semana Santa por toda la geografía española; muchos son fritos, pero los que nos ocupan, roscos o rosquetes de Semana Santa, son típicos de Cádiz y se hornean. ¿Son saludables por ello? Mira, no, porque el azúcar y la harina blanca no te los quita nadie, por mucho que lleven algo menos de grasa que los roscos fritos. Pero, repámpanos, que la Semana Santa solo es una vez al año.
Nuevo giro de guion en el caso de las denuncias entre la actriz Blake Lively y el actor y director Justin Baldoni, compañeros de reparto en la película Romper el círculo. Este jueves —laborable en Estados Unidos— un juez ha desestimado la mayor parte de la demanda que Lively había interpuesto contra Baldoni. Sin embargo, el caso seguirá, y el próximo 18 de mayo habrá un juicio al respecto.