Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Investigadores de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) han hecho una analogía entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la basura. Ambas son subproductos de actividades humanas. Ambas están generando serios problemas al planeta. Ambas provocan daños que se pueden cuantificar en dólares. Ambas hay que gestionarlas, pero en ambas hay algunos que no pagan la factura y muchos otros que la sufren. Sobre esta comparación, desarrollada en Nature, la principal referencia de la ciencia, han construido un marco que permite estimar el coste del CO₂ casi a nivel individual. El trabajo también desvela el carácter acumulativo de su impacto: a los daños ya producidos por las emisiones del pasado, habrá que sumar los futuros, que se multiplicarán por 10.
Hace 15.800 años, en una meseta volcánica del centro de Anatolia (Turquía), una perra dio a luz una camada de cachorros. Murieron siendo aún muy jóvenes, quizá con apenas unos meses de vida. Los humanos que vivían en el yacimiento de Pınarbaşı los enterraron deliberadamente, en la misma zona donde depositaban a sus propios muertos. Les daban de comer pescado, el mismo que consumían ellos. Y uno de esos cachorros es, desde hoy, el perro doméstico más antiguo identificado genéticamente, y su historia —reconstruida a partir de fragmentos de hueso del tamaño de granos de café— acaba de publicarse en la revista Nature, en dos estudios simultáneos que reescriben la historia de cómo ese cachorro pasó a convertirse en el mejor amigo de los humanos.
Hace poco, Mayte Gómez Molina metió una estantería en su casa, el primer mueble que introduce en su piso de Karlsruhe (Alemania) desde que se mudó a él hace casi cuatro años, toda una concesión a la permanencia dentro de una vida compuesta, hasta ahora, de situaciones extremadamente circunstanciales. Gómez Molina, de 33 años, nació en Madrid, pero ella se considera de Granada. Recibió un beca Fulbright en 2019 para hacer un máster de nuevos medios en Chicago, pero lo cursó telemáticamente en Chiclana de la Frontera: “Fue la pandemia y dije, bueno, si esto es el fin del mundo, en América tienen pistolas y en España no, así que me fui”, explica. Fue premio Nacional de Poesía Joven en 2023, pero se considera escritora narrativa: acaba de publicar La boca llena de trigo, su primera y aclamada novela, en Anagrama. Incluso el piso donde por fin ha metido esa estantería que encontró por la calle está en Alemania, pero ella trabaja en Basilea. Cruza la frontera a diario para formar parte de un grupo de investigación de arte digital en 3D, donde también es profesora en la Academia de Arte y Diseño. Si se puede sacar una única conclusión de un currículo así, sería lo provechosos que pueden resultar, para una cabeza lo suficientemente bien amueblada, los no-lugares biográficos.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladímir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.