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Una nación y dos ciudades opuestas que, en su diferencia, relatan el ADN de Uzbekistán. Eso implica visitar Bujara (Bukhara) y Tashkent, de la época dorada de los imperios mongol y persa al régimen soviético.

En agosto de 1977, siete diputados se pusieron a trabajar en un borrador de la Constitución. Fueron José Miguel Herrero de Miñón, José Pedro Pérez Llorca y Gabriel Cisneros (procedentes de la Unión de Centro Democrático); Gregorio Peces Barba (PSOE), Jordi Solé Turá (PSUC-PCE), Miquel Roca i Junyent (minoría catalana y vasca) y Manuel Fraga (Alianza Popular). El proceso se llevó a cabo con un secretismo que ya se cuestionaba entonces: ¿por qué se apartaba a los ciudadanos del debate sobre cómo iba a ser nuestro país, cuando el borrador ya circulaba entre sindicatos, partidos políticos, la Iglesia y la Corona?
Muchos periodistas y medios de la época intentaron y lograron avanzar parte de lo que proponía el texto constitucional, pero solo un medio logró publicar el texto íntegro: fue Cuadernos para el Diálogo, revista dirigida por Pedro Altares, en noviembre de 1977. Los tres periodistas que consiguieron la exclusiva fueron Federico Abascal, José Luis Martínez y Soledad Gallego-Díaz, fallecida en Madrid el martes pasado, 5 de mayo.
Cuadernos y sus periodistas fueron acusados de irresponsabilidad por poner en peligro el proyecto constitucional. Pero no pasó nada. De hecho, la filtración del borrador abrió un debate público sobre algunos aspectos cruciales del texto y propició mejoras en su versión final.
El 3 de diciembre de 1977, una semana después de la publicación del borrador, los tres periodistas firmaron un texto en la revista en el que explicaban cómo habían logrado hacerse con el documento. Con lenguaje directo y un punto de ironía, el artículo esboza una imagen del contexto político de la época —esperanzado, pero desconfiado— y abre el debate sobre la necesidad de transparencia en las decisiones que nos afectan a todos. También es una lección de ética periodística: no solo muestra cómo tratar a una fuente anónima, sino que también explica por qué vieron necesario compartir el hallazgo con otros medios.
Esta fue la primera gran exclusiva de Soledad Gallego-Díaz, que entraría a trabajar en EL PAÍS en 1978, diario que dirigió entre 2018 y 2020. Hemos tenido el privilegio de publicar sus columnas semanales en la contraportada de Ideas desde el primer número. En estas páginas se publicó su último artículo y, a modo de homenaje y agradecimiento, rescatamos este trabajo, que marcó su carrera de forma decisiva.


La frase la sacó de un libro —dijo cuál, pero se me ha olvidado— e inmediatamente la asumió como propia: “No hizo lo que quiso, pero jamás hizo lo que no quiso”. La aplicó a su vida, a su muerte y al oficio que la hizo tan feliz, el periodismo. Hay que ser muy fuerte para defenderla con coherencia en las más diversas circunstancias. Decía: lo mejor del periodismo es estar ahí, no esperar a que otros te lo cuenten. Si alguien había nacido, como ella, en pleno franquismo, era muy difícil fiarse de otra cosa que no fuese de lo que veía con sus propios ojos.

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Al ritmo en que ha crecido la población en los últimos años, la España de los 50 millones de habitantes puede ser una realidad en breve. El Instituto Nacional de Estadística (INE) desvelará cuándo cree que se alcanzará esa meta en sus proyecciones de población 2026-2076 el próximo mes de junio. Según el censo de 2025, España superó el año pasado los 49,1 millones de habitantes, pero los datos de la Estadística Continua de Población –que combina trimestralmente datos censales con estimaciones— sostienen que en abril España ya contaba con 49.687.120 habitantes. Ese aumento de población se ha producido en su totalidad gracias a la inmigración porque la tasa de natalidad se encuentra en mínimos históricos —la segunda más baja de toda Europa— y desde 2015 las defunciones superan con creces los nacimientos de madres residentes, lo que en la jerga se conoce como crecimiento vegetativo negativo. Si el ritmo de crecimiento de la población de los últimos años se mantiene —con un aumento anual en torno al medio millón de personas desde 2022—, la barrera de los 50 millones de habitantes se puede alcanzar a finales de este año o principios de 2027.