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Tan pronto como Irán comenzó a golpear a sus vecinos árabes del Golfo Pérsico en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, el pasado 28 de febrero, fotos y vídeos de los ataques empezaron a circular ampliamente en las redes sociales. Algunas de las grabaciones mostraban escenas dramáticas de impactos de misiles y drones, incendios en hoteles y zonas residenciales provocados por interceptaciones aéreas, y densas columnas de humo elevándose sobre infraestructuras críticas como puertos, refinerías y aeropuertos.
La organización libanesa Hezbolá se prepara para iniciar una guerra de guerrilla contra el ejército israelí, que amplia entre bombardeos su ocupación terrestre del sur de Líbano. El Gobierno de Benjamín Netanyahu, que hace dos semanas inició junto a Estados Unidos una guerra contra Irán, ha asegurado que la ofensiva contra el grupo proiraní será la definitiva tras dejar el trabajo sin resolver durante ofensivas anteriores. El brazo armado de Hezbolá, el mayor actor político y militar de Líbano desde hace lustros, se adentra en una guerra agónica sin más aspiración que su supervivencia y la de la República Islámica que lo sostiene.
PP y Vox ya hablan el mismo lenguaje sobre sus pactos de estabilidad y duraderos para gobernar juntos en Extremadura, Aragón y Castilla y León y empiezan a tomarse la medida también en el Congreso. Ahora, tras la última cita electoral y antes de que arranque la campaña en Andalucía, parecen mostrar más prisa por entenderse y no manifiestan claras diferencias de fondo. La portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, no tuvo problemas en reconocer este martes que los posibles acuerdos en el Congreso deberían de servir de “gran guía de lo que podemos hacer en las comunidades autónomas”. Su homóloga de Vox, Pepa Millán, ratificó que habrá pactos autonómicos pero matizó que no deberían ser directamente extrapolables a la Cámara baja aunque luego se apoyaron en varias iniciativas de la agenda de las derechas parlamentarias, como ampliar la prisión permanente revisable, sobre inmigración o una defensa de los cristianos perseguidos por el mundo y sobre todo en Nigeria.
Vox se convierte en el único partido que crece en las tres elecciones celebradas desde diciembre y rompe su techo. Vox modera su ascenso y queda por debajo del 20%. Las dos frases son ciertas y las dos demuestran que el resultado del domingo en Castilla y León permite al partido de Santiago Abascal ver el vaso medio lleno o medio vacío. ¿Fue el 15-M una noche de éxito o de fracaso para Vox? ¿Qué factores determinan actualmente su rendimiento? EL PAÍS busca respuestas con cinco especialistas en ciencia política, sociología, demoscopia y extrema derecha.
Las encuestas cumplieron su función en Castilla y León: el resultado fue lo que decían que era probable, una victoria del Partido Popular sin mayoría absoluta. Los sondeos tuvieron una precisión normal. Cometieron un error por partido de 1,7 puntos, un poco mejor de los 2 puntos que son su acierto histórico en España. Nuestro promedio redujo ese error a 1,6 puntos y las mejores estimaciones fueron las de Sigma Dos (0,8) y GAD3 (1,1).
De qué hablamos cuando decimos que alguien “canta bien”. Qué es cantar bien. Espinosa cuestión, y más hoy, cuando el recelo entre generaciones no parece admitir ni sosiego ni posiciones intermedias. Existe unanimidad en afirmar que a Maria Callas se le daba bien eso de abrir la boca y emitir sonidos. Igual que a Frank Sinatra, Mercedes Sosa o Beyoncé, esta última para disfrutar en la actualidad. Pero ese susurro rugoso y penetrante de Leonard Cohen, ¿lo podemos considerar bajo ese prisma de la excelencia? Aquí es cuando comienza el verdadero debate. El caso es que existe una corriente ruidosa, abundante y, digámoslo también, de gustos clasicotes que considera que Bad Bunny, la estrella más grande del pop actual (lo sentimos, Taylor Swift), no anda ducho en esto de la afinación, la entonación y la proyección vocal. Solo hay que sumergirse en los comentarios de los artículos que este periódico publica sobre el puertorriqueño para comprobar el encendido intercambio de opiniones que suscita el tema. Algo ha cambiado después de sus ya célebres 13 minutos en la Super Bowl, pero no lo básico. Recogemos el sentir de muchos comentarios en este: “Qué gran espectáculo, qué bofetón a Donald Trump, qué valentía… Pero sigue cantando mal”.

Siete décadas de cooperación, desde Rota hasta Morón, demuestran cómo las alianzas basadas en el derecho internacional y el respeto mutuo refuerzan la seguridad de España, Estados Unidos y la OTAN.
“#FelipeVI”, “#Borbón” y “#FelpudoVI” escalaron este martes a la lista de temas más comentados en X a propósito de las recientes declaraciones del Monarca sobre “los abusos” cometidos por España en la conquista de América. En una conversación pretendidamente informal, pero ante las cámaras de la Casa del Rey, y previa consulta al Gobierno, el jefe del Estado se refirió ante el embajador mexicano en la visita a una exposición excluida de su agenda pública a las “controversias morales y éticas” de los métodos empleados por los conquistadores españoles. El comentario dura apenas dos minutos, pero las redes sociales se lanzaron rápidamente a posicionarse absolutamente a favor o absolutamente en contra.
Cuando el escándalo de los cribados estalló en octubre de 2025 y se descubrió que la sanidad pública andaluza había dejado desatendidas a 2.317 mujeres que necesitaban una prueba para aclarar si sufrían cáncer de mama, solo un restringido grupo de personas sabía que todo pudo haberse evitado gracias a un documento. Se trataba de un plan, desvelado por EL PAÍS el pasado viernes y propuesto en 2023 por los radiólogos del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla —de referencia para más del 90% de las afectadas—, que alertaba de los retrasos que acumulaban las pruebas diagnósticas y proponía medidas concretas para reducirlos. “Todo fue rechazado. La respuesta fue que no había recursos ni se podían hacer contratos”, lamentan ahora fuentes del centro.
Su cara ocupa media pantalla. Elisa Mouliaá entra por videollamada a los programas desde un café. Se enzarza con un tertuliano desde el pasillo de su casa. Critica a quienes se lucran con su dolor y, un segundo después, dice que merece cobrar por su testimonio. Mouliaá resiste el envite de un juez que llega a cuestionarle cuánto tiempo estuvo el acusado “chupándole las tetas”. Se rompe a las puertas de un juzgado. Y un buen día, cuando ya no puede más, reconoce, se retira de un proceso por agresión sexual contra el exlíder de Podemos Íñigo Errejón. Después, cuando se da cuenta de que la Fiscalía no lo va a acusar y de que está aún más sola, vuelve a la carga. “Seguiré hasta el final”, anuncia en una entrevista a este periódico en el que enfrenta todas las contradicciones a las que ha estado sometida este año.