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Mientras libra su guerra contra Irán, haciendo estallar a personas, edificios y los precios del petróleo, Donald Trump sigue avanzando casillas en el tablero de Latinoamérica. No solo Venezuela —invadida y, según él, dominada—, Cuba o Colombia, sino también Brasil, pero con otro tipo de arma. Según el portal de noticias UOL, con amplia repercusión en la prensa brasileña, Estados Unidos ya habría decidido clasificar a los dos mayores grupos de crimen organizado del país como organizaciones terroristas. El Primer Comando de la Capital (PCC), surgido en el sistema penitenciario de São Paulo, y el Comando Vermelho, originado en una cárcel de Río de Janeiro, entrarían así en la lógica de la “guerra contra el terror”. En este momento resulta más difícil hacer en Brasil lo que hizo en Venezuela. Pero si puede afirmar que el país no consigue controlar el terrorismo en su territorio, Estados Unidos podría justificar una mayor injerencia en las políticas públicas brasileñas e incluso una intervención.
Desde hace ya unos cuantos años, cuando quiero decir “semáforo”, me suele salir la palabra “ascensor”. Las primeras veces me asusté un poco, pues lo creí signo irreversible de un cómico deterioro mental. Pero pasó el tiempo y todas las palabras, menos esas, seguían en su sitio. Así que lo dejé correr, como tantas absurdas peculiaridades que uno descubre sobre sí mismo para divertimento de los demás. Un día, sin embargo, le comenté el caso a una amiga, y me dijo que a ella también le pasaba. Así que busqué en Google: había hasta un grupo de Facebook de gente que confundía las palabras. Al poco, coincidí una noche con el periodista Antonio Martínez Ron. Y él escribió un extenso artículo en elDiario.es. Habló con dos neurocientíficos, con una experta en psicolingüística, con una psicóloga; menos mal que no me cobró la consulta. Así pude enterarme de que a veces nuestro cerebro sabe lo que quieres decir, pero activa una palabra cercana o disponible en su red. No es aleatorio: suele pasar con palabras que comparten algo. El fenómeno es curioso porque cuando una palabra se cuela en lugar de otra, tiende a repetirse: el cerebro ha creado una asociación temporal y lo vuelve a hacer durante un tiempo. Ese diccionario mental, el lexicón, es una red enorme donde están guardadas todas las palabras que conocemos y la información sobre ellas. A Martínez Ron le dijo el neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga que hay neuronas individuales que se activan ante un concepto concreto. Que puede asociar una neurona a Jennifer Aniston y establecer una relación de la actriz con la torre de Pisa, de tal forma que las neuronas se superpongan y se crucen las palabras. Uno estudia el discurso político triunfante, el que fundó Trump con aquella ironía suya (“podría disparar a alguien en la Quinta Avenida y no perdería votantes”) y puede pensar que, en lugar de humor negro, lo que había hecho es confundir “Quinta Avenida” con Irán y los que vengan, “alguien” con “miles”, y tener al mundo despistado con sus vaivenes geopolíticos cuando en realidad habría que descifrar su averiado lexicón.
El auge de la extrema derecha en España es un fenómeno relativamente nuevo en nuestra historia democrática y todavía estamos en busca de explicaciones. ¿Qué es lo que lleva a los votantes a preferir opciones ultraconservadoras o reaccionarias? Las explicaciones se dividen entre las condiciones materiales y las cuestiones identitarias.
Cuando Matthew Lieberman comenzó a estudiar el dolor social en los años 90, muy pocos de sus colegas compraban la idea de que la falta de habilidades sociales, el aislamiento, la soledad, en fin, pudieran provocar en quien lo sufre un dolor comparable con los achaques físicos. Tras una pandemia biológica, y otra de soledad que llegó después, las teorías de Lieberman (Atlantic City, EE UU, 56 años) le han convertido en uno de los investigadores más influyentes del mundo en su disciplina, con más de 58.000 citas académicas. Su libro Social, publicado en inglés en 2013, llega ahora al español (Capitán Swing) en un momento en que sus tesis resultan más relevantes que nunca: pocos dudan de que la soledad es uno de los grandes males de nuestro tiempo, aupada por la polarización, las redes y una inteligencia artificial que empieza a sustituir —con resultados inciertos— las conversaciones que antes teníamos con otros humanos. Lieberman habla con EL PAÍS por videoconferencia.

Las instituciones vascas han lanzado un SOS por la escasez de funcionarios con habilitación nacional para los puestos de secretario, interventor o tesorero en los ayuntamientos de esta comunidad autónoma. De las cerca de 400 plazas reservadas para estos profesionales en los 251 ayuntamientos del País Vasco, solo 199 (el 30%) están desempañados por titulares. El resto están vacantes o en manos de personal interino, cuando no de prestado con funcionarios de otros consistorios. “Llevamos muchos años padeciendo retrasos, bloqueos y anulaciones” de los procesos de selección de los funcionarios de habilitación nacional, señala la consejera María Ubarretxena. “Es inaudito”, se queja la titular vasca de Gobernanza, Administración Digital y Autogobierno.
La puesta en marcha de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en Aragón arrastra un evidente retraso. Pese a que la normativa estatal fijaba 2023 como límite para que las ciudades de más de 50.000 habitantes activaran estas áreas, el 31 de marzo de 2025 ninguno de los municipios aragoneses afectados habían instaurado sus restricciones al tráfico. Es la principal conclusión de un informe de la Cámara de Cuentas de Aragón, publicado el pasado 26 de febrero, que pone bajo la lupa la gestión en Zaragoza y Huesca, las dos ciudades de la comunidad obligadas por ley. La fiscalización abarca desde 2022 hasta el primer trimestre de 2025, por lo que deja fuera los movimientos más recientes.
El Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, que atiende a unos 100.000 vecinos de los distritos de Carabanchel y Latina —a través de los centros de salud Los Yébenes, Puerta Bonita y Nuestra Señora de Fátima—, se encuentra desde el viernes sin ningún logopeda en activo. Así lo denuncia el sindicato CGT, que señala que la plantilla estaba integrada por dos profesionales hasta la semana pasada: una persona que está de permiso temporal y otra a media jornada, cuyo contrato ha cesado y no ha sido renovado. La gestión de los recursos humanos depende del Ministerio de Defensa. “Consideramos esta situación del todo inadmisible. Además, se produce en un servicio en el que nos consta que hay ciudadanos esperando a ser atendidos desde noviembre de 2024”, expresan desde la asociación de trabajadores. “Hay muchos pacientes que se han visto obligados a suspender sus tratamientos”, advierten.

En el reverso de una postal que preguntaba “¿Cuál es tu sueño?“, Ana Torroja (Madrid, 66 años) escribió, en los tiempos de Mecano: ”Hacer un disco compuesto enteramente por mí“. Lo ha cumplido cuatro décadas después y el trabajo, que sale a la luz el próximo viernes, se titula Se ha acabado el show porque antes de que llegara la inspiración para escribir esas diez canciones en colaboración con autores españoles y mexicanos, pensó que quizá había llegado el momento de retirarse.


En 2024, el último año con datos consolidados, murieron en el mundo alrededor de 4,9 millones de niños antes de cumplir cinco años, la mayoría por causas prevenibles, según un informe del Grupo Interinstitucional de la ONU para la Estimación de la Mortalidad en la Niñez (UN IGME, por sus siglas en inglés) publicado este miércoles. Casi la mitad, 2,3 millones, se produjeron en los primeros 28 días de vida, y dos regiones, África subsahariana y Asia meridional, concentran el 80% de todas las muertes.