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En la garita del control de llegadas del aeropuerto de Ereván, capital de Armenia, el policía examina con cuidado la documentación. La aprueba y planta el sello en el pasaporte del recién llegado. En ese sello ya no está el monte Ararat, la montaña que tanto significa en la historia del pequeño país del sur del Cáucaso. Hace menos de un año aparecía. Lo eliminó hace unos meses el Gobierno del primer ministro, Nikol Pashinián, el mismo que siempre luce un pin bien visible en su solapa con el contorno geográfico del país sin incluir Nagorno Karabaj, el enclave por el que ha habido tres guerras con Azerbaiyán desde que cayó la Unión Soviética en 1991.
Los pasajeros del crucero MV Hondius van regresando a sus países de origen, donde les esperan semanas de cuarentena. Pero tanto el tiempo como la forma de aislamiento dependen en función del país. La Organización Mundial de la Salud recomienda 42 días de seguimiento y cuarentena domiciliaria o en alguna instalación sanitaria, algo que está sujeto a distintas interpretaciones: países como Canadá han establecido en principio 21 días de aislamiento que serán posteriormente evaluados; Países Bajos los permite en casa con paseos al aire libre, mientras Grecia impone 45 días en un hospital con condiciones especiales.
Entre la prensa que se amontonaba con cámaras de mil tamaños y chalecos amarillos en el muelle para cubrir el minuto a minuto del puerto de Granadilla, había periodistas internacionales preguntando por sus compatriotas: alemanes, holandeses, australianos... Pero la nacionalidad más numerosa del crucero polar MV Hondius no tiene quién pregunte por ellos: son los 38 de Filipinas. Ninguno es viajero, pajarero o explorador, ya que todos forman parte de la tripulación del buque. De ellos, 24 son camareros o trabajadores de hostelería y 14 son personal de cubierta y máquinas y, por lo tanto, necesarios para la navegación del buque en su rumbo hacia Países Bajos.
En la guerra y en la medicina, la mejor forma de derrotar al enemigo es conociéndole lo mejor posible. Es la máxima que el investigador Linus Spatz (Buenos Aires, 58 años) ha asumido en su carrera científica para buscar vacunas y tratamientos eficaces frente a enfermedades poco frecuentes, como el síndrome cardiopulmonar por hantavirus. Una variante de este patógeno, la de los Andes, es la responsable del brote que ha golpeado al crucero MV Hondius y ha causado hasta el momento tres muertes.
Sorprendió que el pasado 30 de abril, cuando se debatió en el pleno del Congreso la reforma constitucional para blindar el derecho al aborto, Vox eligiera para intervenir en el debate a Joaquín Robles, portavoz en la Comisión de Educación, y no a Lourdes Méndez Monasterio, de la Comisión Constitucional. El primero es licenciado en Filosofía y profesor de instituto: la segunda, doctora en Derecho y veterana activista contra la interrupción voluntaria del embarazo. Fue su radical rechazo a la misma lo que le hizo en 2015, cuando era diputada del PP, romper la disciplina de voto de su grupo para acabar años más tarde ocupando un escaño por Vox.

Hay cervecita gratis en el bar Romero, pegado a la Universidad de Almería, por cortesía de Nuevas Generaciones. Aunque muchos acuden más interesados en la bebida que en la política, es fácil identificar a un núcleo duro de las juventudes del PP, pródigo en pantalones beige, náuticos y camisetas de apoyo a “Juanma”, o sea, a Juan Manuel Moreno, el presidente del Gobierno andaluz y candidato a la reelección el 17 de mayo. Apartándose un instante del trasiego de selfis, besos y vasos para que la música de la barrilada permita una conversación, Diego Martínez, de 26 años, presidente de Nuevas Generaciones en Almería y coordinador del Instituto Andaluz de la Juventud, explica el sentido del acto: “estar cerca” de los jóvenes y hablarles de “gestión”. A los pocos minutos se produce un desembarco de cargos del PP, encabezados por la alcaldesa, María del Mar Vázquez. Uno tras otro, reivindican los logros de “Juanma”.



Andalucía vive hoy un narcotráfico más disperso, más violento y más difícil de combatir, donde la cocaína ha ganado peso en los últimos años sin desplazar al hachís y donde la geografía —costas extensas, espacios naturales protegidos y ríos navegables— juega a favor de las organizaciones criminales. En este contexto Huelva ha dejado de ser un territorio secundario para convertirse en un punto estratégico.
Parece que fue hace un siglo cuando Pedro Sánchez quiso iniciar su mandato presidencial con la acogida a un barco cargado de náufragos. El resto de países, con la Italia de Meloni entonces a la cabeza del giro autoritario, se negaban a aceptar el desembarco del Aquarius con sus emigrantes extenuados y hambrientos. El Gobierno español se marcó un guiño de humanidad. En un mundo cargado de gestos brutales contra los pobres y desfavorecidos cabe aplaudir cada guiño de humanidad porque nos va el prestigio de especie en ello. Esta última semana fue noticia otro barco marcado por el desprecio generalizado. El MV Hondius rozaba Cabo Verde cuando se desató la alarma por el contagio de hantavirus entre su pasaje. El pánico condujo de nuevo a una precipitada reacción de desprecio por los valores humanos. En lugar de idear la fórmula más razonable para rescatar a los pasajeros comenzó una carrera desalmada por quitárselos de encima. Daba un poco de pena oír, como si eso fuera lo capital, que entre los atrapados en el barco había 14 de nacionalidad española. La acogida del Gobierno nos salvó de entregarnos a la profunda debacle moral. Ya Groucho Marx preguntó hace un siglo: ¿que si somos personas o roedores? Tire un trozo de queso al suelo y se lo demostraremos.
Un bizcocho de más de 100 años, perteneciente a la expedición del capitán Robert Falcon Scott, fue hallado en 2017 en la Antártida en excelente estado. Tuvieron que morir el propio Scott, Evans, Wilson, Bowers y Oates para que nos enterásemos de que el budín es comida de supervivencia. La sintonía podría ser Héroes de la Antártida, de Mecano, pero también Con las manos en la masa, de Vainica Doble. Las catástrofes no avisan; por eso nos pillan sucumbiendo a vicios inconfesables. Tuvieron que morir 14,9 millones de personas para que viésemos que los andamiajes de nuestra economía los sostienen las personas peor pagadas y que, llegado el colapso, lo único que nos preocupa es tener un arsenal de cerveza y papel para limpiarnos el trasero. Han tenido que fallecer dos personas entradas en años a causa de un virus despiadado para que el vulgo se entere de que existen “buques de expedición” a los que se suben turistas con muchísima pasta que pagan para que les hagan sentir que son biólogos (sin renunciar a menús con langosta y buenos postres). Los pingüinos no dan crédito cuando les ven llegar. El ya célebre MV Hondius era este tipo de embarcación. En lugar de una piscina con animadores bailando Georgie Dann, tiene una sala de conferencias científicas que se imparten en varios idiomas. Lo que nos lleva a descubrir un nuevo oficio: conferenciante de crucero. Los dos muertos por hantavirus eran un hombre y una mujer casados. Primero falleció él. Le metieron en una nevera quince días. En ese tiempo, su mujer estuvo recluida en su camarote hecha polvo, pero como la ciencia solo era una coartada para ver la Antártida, los expedicionarios no se alarmaron: “La señora estaba tan afectada que pensamos en la idea romántica de se murió de pena”, dijo uno. Lo que me lleva a recordar las palabras de otro: “Esto, para la gente que tiene cierta sensibilidad con los animales, es el mejor viaje posible, te permite ver un mundo sin humanos”. Ni personas.
Miguel Colmenero se jubiló forzosamente el 13 de abril de 2023 al alcanzar la edad límite para poder seguir ejerciendo como magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) del momento no pudo cubrir su vacante por estar en funciones y el siguiente la sacó a concurso el 23 de julio de 2025. Desde entonces, los bloques progresista y conservador han sido incapaces de ponerse de acuerdo para elegir un nuevo miembro de la Sala Segunda, una de las más sensibles del alto tribunal porque le competen las causas contra aforados, como la del ya ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz o las derivadas del caso Koldo que afectaban a los entonces diputados José Luis Ábalos y Santos Cerdán. En las últimas horas, los vocales han protagonizado otro esfuerzo negociador que ha fracasado, confirmando así un bloqueo que amenaza con prolongarse hasta otoño.