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Francisco Guarido gobierna Zamora desde 2015. Es el único alcalde de Izquierda Unida en una capital de provincia española. Después de casi 30 años en política municipal, dejará el cargo en 2027 para volver a ser un militante más.
Afanada por ampliar las posibilidades de deportación, el pragmatismo de la Unión Europea se expande con pocos corsés. A los pactos, pese a sus historiales autoritarios, con Túnez o Egipto para blindar el territorio comunitario y frenar las llegadas, se suma ahora otro movimiento controvertido: el acercamiento a los talibanes, un régimen señalado por sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos en Afganistán, especialmente contra mujeres y niñas. La invitación a Bruselas por parte de la Comisión Europea a una delegación de los talibanes para hablar sobre cómo aumentar las deportaciones, ha reabierto el debate sobre los límites de la política migratoria y sobre el blanqueamiento de los regímenes autoritarios si se avienen a los intereses europeos. Organizaciones de derechos humanos y grupos políticos de izquierda advierten de que la iniciativa del Ejecutivo comunitario puede legitimar de facto al régimen.
Los responsables del Memorial de Auschwitz consideran que el campo de exterminio nazi no es solo un lugar donde se recuerda a las víctimas del horror, sino que también representa una advertencia sobre el futuro. Nada se parece al Holocausto, nada es comparable al exterminio de los judíos europeos por la Alemania de Hitler. Sin embargo, antes de las cámaras de gas, antes de los trenes, de los guetos, de las deportaciones, de la discriminación legal, el Tercer Reich lanzó un proceso de deshumanización que sí tiene paralelismos con otros genocidios y crímenes contra la humanidad actuales.

La polémica por el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México ha impactado de lleno en plena recta final de la campaña andaluza y con Alberto Núñez Feijóo y Génova en una estrategia de contención para adaptarse al estilo de Juanma Moreno. Mientras el líder del PP reorienta su discurso hacia nuevos temas, como el de la salud mental, evitando otros de mayor carga ideológica, la presidenta de Madrid ha copado los focos con otro conflicto de guerra cultural, una estancia en México para defender la Conquista española que terminó abruptamente y tras la que ha acusado al Gobierno mexicano y al español de poner en riesgo su seguridad. La controversia ha desconcertado al PP, donde se escuchan críticas a la duración inicial del viaje de Ayuso, de 10 días, extensa para los estándares habituales, y a su reacción tras el resultado fallido. “Se ha pasado de frenada”, opina un dirigente nacional. “Si abusas de este tipo de golpes de efecto, terminan penalizándote”, reflexiona un barón del PP sobre la líder madrileña. “Y si haces estos shows, tú misma te devalúas”, remata.
Tras pinchar en febrero en Aragón y en marzo en Castilla y León, Alvise Pérez lo intenta por tercera vez en unas autonómicas. Esta vez será en su tierra, Andalucía. El partido Se Acabó La Fiesta (SALF), montado por el eurodiputado sevillano, aspira este domingo a dar una sorpresa mayúscula en las elecciones y meterse en el Parlamento. Pérez incluso fantasea con ser decisivo. Con los sondeos en contra, el agitador ultraderechista, difusor de bulos y teorías de la conspiración, inmerso en diversos problemas judiciales, ha elegido fórmula para encarar el desafío: victimismo, toneladas de victimismo. Mientras trata de que los suyos desoigan el desalentador mensaje de que la única utilidad de SALF es quitar escaños a Vox, Pérez eleva al paroxismo su discurso de hombre con todo en contra y reafirma su convicción de presentarse a las próximas generales.
Ninguna encuesta ha esbozado la posibilidad de cambio en Andalucía, pero Juan Manuel Moreno (Barcelona, 56 años) es el candidato que más kilómetros ha recorrido en esta campaña. Ha sido costalero de la Virgen de la Cabeza y cantante. Ha sido y ha hecho de todo porque su principal rival, dice, es el exceso de confianza. Su estrategia es ganar estas elecciones por el centro y por eso, tras años de durísima oposición al PSOE en Andalucía, se corrige cuando critica a los socialistas (“perdón, sanchistas”, apostilla). La suya es una carrera política singular: logró en 2019 la alternancia en Andalucía con el peor resultado de la historia del PP, fue el primer barón popular en pactar con Vox y ahora se desmarca abiertamente de los acuerdos de sus compañeros en Extremadura y Aragón, ambos sellados con el aval de Alberto Núñez Feijóo.



La vivienda está de récord en Andalucía. Según las cifras del portal inmobiliario Idealista, el precio del metro cuadrado está más alto que nunca en Málaga, Sevilla, Cádiz y Granada, donde viven casi seis millones de personas, el 70% de los andaluces. Y en Huelva ronda ya su máximo histórico, alcanzado durante la burbuja que explotó en 2008. La escasa oferta, la alta demanda, la falta de suelo, la exigua promoción pública, el incremento de los costes de construcción o el peso de los fondos de inversión en el mercado inmobiliario son algunos de los factores que les expertos creen que marcan la situación. Pero todos señalan a uno especial: el turismo, que afecta tanto que el 40% de los jóvenes considera que comprar o alquilar una casa le genera un problema que afecta a su salud, según una encuesta publicada el año pasado por la Junta de Andalucía. La comunidad es la tercera donde más suben los alquileres tras la valenciana e Islas Baleares, según los últimos datos del INE.
La ilusión de miles de migrantes que han ido recibiendo la admisión a trámite de su solicitud de regularización pasa ahora por unos momentos de inquietud, porque no acaban de recibir el número de la Seguridad Social que posibilita la firma de un contrato formal de trabajo. Son miles los expedientes en suspenso que acumulan ya los abogados sin haber recibido más comunicaciones. Cada mañana, Katerine, Adonái o Joel tienen como primera tarea mirar el buzón. ”Y nada”, ríe al teléfono la cubana Katerine Aguilar, que espera el número que le permitirá colocarse en una pizzería de su pueblo en Barcelona, Vilanova i la Geltrú. Mientras, siguen desempeñándose en lo que pueden, la limpieza, la construcción: “Nos vamos defendiendo con lo que va apareciendo”, dice optimista.
La ministra de Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, advertía ya en septiembre del boicot a Eurovisión que se fraguaba entre varios países, entre ellos España, por la participación de Israel. La jefa de la diplomacia del país anfitrión trataba de disuadir a los críticos y les recordaba que el certamen “no es un instrumento para imponer sanciones”. Pero fue precisamente Austria quien recurrió por primera vez al boicot cuando en 1969 decidió no mandar a ningún representante a Madrid. Ese año, España albergaba el evento tras la victoria de Massiel en Londres con el La la la. Viena rechazó participar para no contribuir al blanqueamiento que el régimen franquista buscaba en Europa mientras en España decretaba el estado de excepción y suspendía la escasa libertad de prensa aprobada con la ley Fraga.
La opinión pública, a veces, es una perfecta picadora de carne humana: carente de consciencia, en ocasiones, y sin atisbo de empatía, en otras. La consecuencia directa de las profesiones artísticas (con relevancia pública) es convertirse en alguien cercano para miles de desconocidos y prestarse, involuntariamente, a que los puntos de vista ajenos se manifiesten en formato de sentencias para ser difundidos en las redes sociales a la velocidad de la luz. Tanto las críticas constructivas (positivas o negativas) como el linchamiento público contribuyen a la arquitectura de la reputación.