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Quince minutos en televisión es mucho tiempo, pero en una vida son un suspiro. Sucedió hace una semana, cuando faltaban dos minutos para la una de la noche. A esa hora, en Telecinco, estaba ¡De viernes! y la entrevistada era María José Giaever, conocida como Makoke, para contar parte de lo que vivió con Kiko Matamoros, el padre de su hija.

La plaza del Mercado Central de Valencia, hoy ocupada por terrazas y turistas que fotografían su cúpula modernista, fue durante siglos uno de los principales escenarios de la trata de personas en la ciudad. Los archivos lo documentan con precisión: desde finales del siglo XV, este fue uno de los puntos de entrada de africanos esclavizados. A pocos metros, en la desaparecida Posada del Camell, llegaron a hacinarse más de un centenar de personas encadenadas, a la espera de ser subastadas. Y, sin embargo, no hay una sola placa que lo recuerde.

Algunas casas no pueden escapar de las fiestas que se han celebrado en ellas. Durante años el Salone del Mobile de Milán se ha cerrado con un sarao en la mansión que ocupa la familia Fornasetti desde finales del XIX en el barrio de Città Studi. “El evento dentro del evento”, decía la prensa para calentar el ambiente. Si la lista de invitados era la más deseada de la ciudad, la de espera era agónica. Nadie cancelaba y los invitados se multiplicaban como los panes y los peces en la puerta de la legendaria mansión. Pero este año Barnaba Fornasetti (Milán, 75 años), anfitrión y DJ residente del jolgorio, recibe a El País Semanal con el jardín en obras a poco menos de una semana del Salone, la gran cita del interiorismo. “Este año no hay fiesta”, anuncia. “Se nos ha ido de las manos, en la última éramos más de 1.000 personas, había gente en mi habitación y hasta en mi cama. La fiesta estaba poniendo la casa en peligro”, explica despacio, sin levantar la voz. Así que, al menos en esta edición, Casa Fornasetti no recibe.
Durante siglos, los indígenas de lo que hoy es California provocaban incendios, rotando las zonas quemadas. Pero, desde comienzos del siglo pasado, las autoridades blancas prohibieron las quemas de los indios. De entonces, en particular con la creación del Servicio Forestal estadounidense en 1905 y el desastre del Great Fire de 1910, viene el paradigma de la extinción de los incendios. Un siglo después, California arde cada verano más que el anterior, a pesar de los más de mil millones de dólares que se dedican a extinguirlos. Ahora, Science publica un análisis de centenares de grandes siniestros forestales que muestra que allí donde se previno mediante quemas o clareo del bosque, se propagaron menos y menos intensamente. Además, calculan que, por cada dólar invertido, se evitaron casi cuatro en pérdidas. El fuego apaga el fuego.

Tres investigadores del ámbito de la salud pública han identificado una sobremortalidad por cáncer en Andalucía durante el periodo 2019 y 2024, “coincidente con la profundización en el proceso de privatización de la sanidad pública en Andalucía”, según detallan en Gaceta Sanitaria (la revista de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria). En esos seis años, de acuerdo con el trabajo, “se produjeron en Andalucía 3.701 muertes de más por tumores malignos (1.297 en mujeres y 2.404 en hombres)”. Ese “de más” es la diferencia entre los “fallecimientos esperados”, los que corresponderían a la población andaluza de acuerdo con la media del resto de España, y los registrados por el Instituto Nacional de Estadística. Los autores atribuyen esta sobremortalidad a “los déficits en la accesibilidad, la oportunidad y la calidad de la atención oncológica (recursos disponibles y gestión)”. La Junta respondió nueve horas después de haberle enviado el texto publicado con un estudio de la Consejería de Salud en el que se considera que “las discrepancias en la mortalidad entre Andalucía y España [desde 2000] fueron mínimas, a diferencia de lo que sucede con otras causas de mortalidad, como las enfermedades del sistema circulatorio o las enfermedades respiratorias, en las que Andalucía presenta tasas superiores”.
Aunque en ocasiones se esfume del foco informativo, el cambio climático sigue alimentando los récords meteorológicos alrededor del planeta. Un ejemplo es lo ocurrido el pasado abril en España. Fue el abril más cálido desde que arrancan los registros oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que se remontan a 1964.