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En Abril (1998), de Nanni Moretti, hay una escena que resume la impotencia de la izquierda ante la derecha populista. Entonces era Silvio Berlusconi, que hoy casi parece un simpático estadista conservador, y no sé cuál de los tres términos nos queda ya más lejos, supongo que “simpático”. Berlusconi debate en la tele con D’Alema, y Moretti se desespera porque no reacciona a su torrente de tonterías y falacias. Entonces le pega un grito a D’Alema que ya es legendario: “Di qualcosa di sinistra!” (di algo de izquierdas). Decir algo de izquierdas ya es casi tan difícil como hacerlo, pero por algo se empieza. Por eso no se imaginan la ola de fervor que ha despertado Pedro Sánchez en Italia por plantarse ante Trump. Sí, es perfectamente posible que lo haga pensando en sus cosas, pero eso no quita que pueda tener razón. Igual que si lo dijera Feijóo en clave electoral también habría tenido razón, pero es que le cuesta ver estas cosas porque no están en el guion. En todo caso, ¿oponerse a apoyar a EE UU en Irán es de izquierdas o de derechas? Veamos el historial del paciente. El fin de la Guerra Fría trajo tiempos de euforia, se pensaba que el bien había triunfado (la democracia y el capitalismo) y, es más, se había terminado la historia. Tal cual, recordarán que era el título del célebre libro de Fukuyama publicado en 1992. Ese año, con ese espíritu, EE UU se metió en la guerra de Somalia, avalado por la ONU, e iban tan sobrados que el desembarco fue transmitido en directo por la CNN desde la playa. Pero aquello era más complejo de lo que parecía, con mucha tribu rara, y acabó en desastre (vean Black Hawk derribado). Todavía sigue, 34 años después, con el país partido en tres, creo.
Sauron usó la piedra de Palantir para vigilar la Tierra Media, dominar las mentes y proyectar imágenes aterradoras y selectivas. Era el ojo que todo lo ve. Utilizó esas “piedras videntes” para coordinar sus ejércitos y sembrar la desesperación en el universo de J. R. Tolkien. Peter Thiel y Alex Karp, dos de los personajes más controvertidos de Silicon Valley, se inspiraron en El Señor de los Anillos para elegir el nombre de su empresa, Palantir.
En 1983, la película Juegos de Guerra se convirtió en un éxito de taquilla. Protagonizada por un jovencísimo Matthew Broderick, contaba la historia de un pirata informático adolescente que se enfrenta a un superordenador controlado por una inteligencia artificial llamada Joshua. La máquina, que gestionaba el arsenal de misiles nucleares de Estados Unidos, estaba fuera de control y amenazaba con desatar una guerra atómica. Con el tiempo la cinta se convirtió en una obra de culto por anticipar varias generaciones los riesgos de conceder a una máquina el poder de la guerra sin supervisión humana.
La inteligencia artificial (IA) desempeña un papel cada vez más importante en las operaciones militares de EE UU. Se usó esa tecnología, por ejemplo, como apoyo en las labores de inteligencia que localizaron al ayatolá Jameneí y a otros dirigentes del país en un mismo lugar, sobre el que el ejército estadounidense y el israelí lanzaron un ataque mortal. Estas herramientas sirvieron también para dar con Maduro y simular posibles operaciones hasta dar con la más indicada.