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Al ritmo en que ha crecido la población en los últimos años, la España de los 50 millones de habitantes puede ser una realidad en breve. El Instituto Nacional de Estadística (INE) desvelará cuándo cree que se alcanzará esa meta en sus proyecciones de población 2026-2076 el próximo mes de junio. Según el censo de 2025, España superó el año pasado los 49,1 millones de habitantes, pero los datos de la Estadística Continua de Población –que combina trimestralmente datos censales con estimaciones— sostienen que en abril España ya contaba con 49.687.120 habitantes. Ese aumento de población se ha producido en su totalidad gracias a la inmigración porque la tasa de natalidad se encuentra en mínimos históricos —la segunda más baja de toda Europa— y desde 2015 las defunciones superan con creces los nacimientos de madres residentes, lo que en la jerga se conoce como crecimiento vegetativo negativo. Si el ritmo de crecimiento de la población de los últimos años se mantiene —con un aumento anual en torno al medio millón de personas desde 2022—, la barrera de los 50 millones de habitantes se puede alcanzar a finales de este año o principios de 2027.
Se respira una sensación de bienestar en las oficinas de Primavera Sound en Barcelona. Desde una séptima planta, las paredes de vidrio lucen vistas al mar y luz natural. En el parque del Fòrum, que se ve desde las ventanas, se celebra la edición principal del festival que en 2019 fue el primero de gran escala en presentar un cartel con paridad de género y que, tras 25 años de historia, hoy se replica en ocho ciudades de Europa y América Latina.
El mundo se enfrenta a la que podría ser “la crisis energética más grave de la historia” debido al bloqueo de Ormuz, ha advertido esta semana el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen. Las economías domésticas ya saben que este riesgo casi siempre se traduce en sobrecostes en la factura energética. A unas pocas semanas de que millones de equipos de aire acondicionado empiecen a funcionar, el miedo a un verano tan duro como el de 2022, con la guerra en Ucrania, es una realidad.
Cuando se disparan las temperaturas, se supone que disponer de más recursos económicos permite disfrutar de más aire acondicionado e incluso de piscinas donde refrescarse. Sin embargo, la realidad es más compleja y la riqueza no salva del calor. Así lo asegura un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que encuentra que las regiones europeas con mayores niveles socioeconómicos tienen un mayor riesgo de mortalidad por las altas temperaturas que otras más desfavorecidas.