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Algunas casas no pueden escapar de las fiestas que se han celebrado en ellas. Durante años el Salone del Mobile de Milán se ha cerrado con un sarao en la mansión que ocupa la familia Fornasetti desde finales del XIX en el barrio de Città Studi. “El evento dentro del evento”, decía la prensa para calentar el ambiente. Si la lista de invitados era la más deseada de la ciudad, la de espera era agónica. Nadie cancelaba y los invitados se multiplicaban como los panes y los peces en la puerta de la legendaria mansión. Pero este año Barnaba Fornasetti (Milán, 75 años), anfitrión y DJ residente del jolgorio, recibe a El País Semanal con el jardín en obras a poco menos de una semana del Salone, la gran cita del interiorismo. “Este año no hay fiesta”, anuncia. “Se nos ha ido de las manos, en la última éramos más de 1.000 personas, había gente en mi habitación y hasta en mi cama. La fiesta estaba poniendo la casa en peligro”, explica despacio, sin levantar la voz. Así que, al menos en esta edición, Casa Fornasetti no recibe.
Mi oponente no solo está equivocado, ni es solo un enemigo. Ni siquiera es únicamente malo. Es algo más, algo peor. ¿Un traidor? Peor. Es un siervo del Anticristo, que lo guía desde las tinieblas. Lo anterior no es palabrería esotérica. Ni fanatismo religioso. Es la síntesis de una narración política en auge dentro del sector más exaltado del republicanismo trumpista que domina Estados Unidos y extiende su influencia por todo el mundo. También por España, donde el líder de Vox, Santiago Abascal, afirma que tendrá que hacer un “exorcismo” en La Moncloa.
El verano nunca se rige por el calendario, es un escenario emocional que nos sostiene el resto del año: una promesa de ligereza, naturalidad, frescura... No es fácil ponerle palabras sin caer en lo cursi, sin embargo, la moda ha sabido materializar esas sensaciones en prendas que asociamos directamente al buen tiempo. A Coco Chanel le bastó apropiarse de una camiseta de rayas para redefinir nuestro armario; y Jane Birkin haría de una cesta de mimbre y unos pies descalzos una aspiración vacacional. En esas coordenadas se mueve CALA BIMBA, la primera cápsula estival de BIMBA Y LOLA: una propuesta de alto verano, desenfadada y abierta a la improvisación.

El director de EL PAÍS, Jan Martínez Ahrens, ha nombrado como nuevo subdirector de Opinión de este periódico a Marc Bassets. Hasta ahora corresponsal en Berlín, Bassets (Barcelona, 1974) ha trabajado durante 26 años en diversos destinos internacionales. Desde 2014 lo hace para EL PAÍS, donde también ha sido delegado en Washington y después corresponsal en París. Anteriormente, trabajó durante más de una década en el diario La Vanguardia desde varias ciudades europeas y de Estados Unidos. En su nuevo cometido al frente de la sección de Opinión en EL PAÍS, también será responsable del suplemento Ideas, que coordina Joseba Elola.