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Max y Tomás tienen seis años, son muy amigos y van juntos al mismo cole, aunque este curso les ha tocado en clases distintas. Cuando fueron al H&M el mes pasado les gustó mucho una misma chaqueta y sus madres se la compraron. La cazadora, que cuesta 24,99 euros, es para verla: color rosa intenso, un arcoíris en la espalda y lentejuelas cosidas de arriba a abajo que relucen de forma intensa cuando se exponen a la luz. Como a ambos les encanta el rosa, no han parado de ponérsela desde entonces, iniciando un insólito fenómeno sociológico en miniatura. Según el último censo informal realizado a ojo por las mamás del cole, entre las dos clases de primero de primaria del centro público de su barrio, esta primavera unos 15 o 16 niños y niñas brincan contentísimos con sus chaquetas de lentejuelas rosas. “Es una bomber que brilla más que el sol, ese patio es la Fabrik ahora mismo”, me cuenta la madre de Max, Tania, encantada con esa explosión de alegría y muy orgullosa de que su hijo se mantenga fiel a sus gustos y de que, entre su amigo y él, hayan influenciado a sus compañeros. “El panorama en la puerta del cole es bastante cómico. Ves un niño mate, dos niños brillo”.
Noelia Castillo morirá hoy, 26 de marzo de 2026, a los 25 años. Un médico le administrará, o le facilitará para que se lo administre ella misma, una dosis letal y legal de un tóxico en cumplimiento de la solicitud de eutanasia que cursó ella misma hace dos años aduciendo un sufrimiento intolerable, y que no ha sido paralizada ni por el mismísimo Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Así que, sí. Puede que cuando usted lea estas líneas Noelia ya no esté entre nosotros. Lo anunció ella misma dos días antes de su óbito programado en una entrevista exclusiva en Y ahora, Sonsoles, el programa de la tarde más visto de las televisiones privadas de España, o sea que público quería.
Pedro Sánchez ultima su decisión más difícil en esta legislatura en los movimientos dentro del Gobierno, esto es, la sustitución de la que ha sido su gran número dos en los últimos años, María Jesús Montero. Nadie tiene certezas, porque Sánchez no comparte con ningún ministro toda la información, pero entre las especulaciones más o menos informadas dentro del Ejecutivo cobra cada vez más peso la idea de que Carlos Cuerpo, ministro de Economía, sustituya a Montero no solo como la gran figura de la política económica del Ejecutivo sino que además pueda dar el salto a ser vicepresidente, incluso el primero. Félix Bolaños, que sería el candidato natural para ser el número dos, dado su peso político en el Gobierno –todas las negociaciones pasan por él– también es una opción muy fuerte, aunque en plena guerra de Irán la economía está cobrando un protagonismo absoluto. La decisión se anunciará previsiblemente esta semana, con el viernes como día más probable.

Tras meses de batalla, Miguel Urbán (Madrid, 46 años) ha conseguido que la Audiencia Nacional ordene indagar en las maniobras policiales urdidas en 2016 contra él en plena guerra sucia contra Podemos, cuando se le intentó implicar en un caso de narcotráfico (una supuesta entrega en un bar del barrio de Malasaña de 40 kilos de cocaína “procedentes de Venezuela” para “financiar los gastos de campaña” del partido, que la Fiscalía Antidroga archivó tras no encontrar nada). El antiguo eurodiputado y militante de Anticapitalista, que atiende a EL PAÍS por teléfono, se muestra satisfecho por el paso, pero muy prudente ante la posibilidad de conseguir sentar a alguien en el banquillo por los “montajes” construidos para evitar que “unas ideas llegaran a gobernar”.

El Gobierno trata de sellar la reconciliación diplomática con Argelia cuatro años después de la ruptura ante el giro dado por el presidente Pedro Sánchez en favor de Marruecos en el contencioso del Sáhara Occidental, y dos años más tarde del deshielo que representó el retorno del embajador argelino a Madrid. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha tenido que esperar hasta este jueves para volver a ser recibido en Argel tras un fallido intento de aproximación en 2024. Su visita al país magrebí estará marcada por el suministro del gas, el control de la inmigración irregular y el proceso de diálogo sobre el Sáhara lanzado por EE UU el mes pasado en Madrid. “Argelia es un país vecino, un socio estratégico, un amigo de España, con el que compartimos fuertes intereses comunes” empezando por “el futuro y la estabilidad en el Mediterráneo”, precisó el ministro el martes tras la reunión del Consejo de Ministros.
Cajas y cajas de cartón con cientos de expedientes acumulados ocupan el suelo de una habitación en un edificio de Kiev. Corresponden a casos de posibles crímenes de guerra cometidos por los rusos durante la gran invasión de Ucrania desatada desde febrero de 2022. Estas instalaciones destartaladas de varios pisos de altura bien podrían ser el escenario de una película de suspense. Tras la puerta de otra estancia, sorprende un despacho de dimensiones estrechas pero reformado y bien iluminado. Un gran mapa de los alrededores de la capital ucrania, lleno de marcas e indicaciones, cuelga de la pared. Alrededor de la mesa, hay dos hombres, Artur y Dmytro (el de este segundo no es su nombre real), y una mujer, Alla. Son policías dedicados en cuerpo y alma durante estos cuatro años a tratar de desentrañar todos esos casos. “Tenemos 3.000 expedientes para ocho agentes”, se quejan. Haciendo referencia a la escasez de efectivos en el ejército, dan a entender que este es otro frente en el que andan muy necesitados de ayuda.


La directora y guionista Chloé Wallace abrió un melón en redes sociales hace unos días: en un mensaje en Instagram tras la gala de los Oscars, expresaba su “rabia” por el retorno de la delgadez extrema como ideal de belleza. “Cada alfombra roja, cada evento, cada vez que abro Instagram, ahí están, más delgadas que la semana pasada (...), más y más, como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, planteaba. Era el elefante en la habitación. “Antes era no comer, contar, restringir. Ahora es una inyección semanal que suprime el hambre. Es la vuelta de la delgadez como capital. No es estética, es política. Y lo más perverso es que viene disfrazado de salud, de bienestar”, advertía.
En 2015, Andreas Lubitz bloqueó la puerta de la cabina del vuelo 9525 de Germanwings. Después inició una trayectoria descendente que provocó la muerte de 150 personas. La conmoción consecuente alcanzó a todas las áreas de transporte. También al Metro de Madrid, según cuenta uno de sus maquinistas. “A raíz de eso, del piloto que estrelló el avión, alguien dijo en broma: ‘Anda que si eso pasa en Metro...’ Y Metro se lo tomó en serio”. La compañía pública, que niega esa conexión con el accidente, viene pagando desde hace años un servicio psicológico para sus nuevos empleados. Este martes, coincidiendo con el aniversario de la catástrofe aérea, licitó un nuevo contrato, este de 390.000 euros, que atenderá progresivamente a todo el personal relacionado con la circulación de los trenes, según precisa un portavoz. Los maquinistas son profesionales sometidos a presiones extremas. Sobre ellos pesa la responsabilidad de llevar a miles de pasajeros en cada convoy. También el desgaste de trabajar bajo tierra, sin luz natural, mezclando la oscuridad de los túneles con los neones de los andenes. O el temor a vivir un atropello. Y peor: el horror de haberlo vivido.
Mientras sonaba la elegante música de Bruce Broughton y los créditos finales de El secreto de la pirámide se deslizaban por la pantalla, veíamos un carruaje avanzar sobre la nieve, el mismo carruaje desde el que su protagonista, un joven Sherlock Holmes, se había despedido del fiel Watson. O eso creían los espectadores despistados. La sorpresa llegó cuando, tras adentrarse en un hotel, contemplábamos por fin el rostro del viajero y leíamos su firma en el registro de huéspedes: Moriarty. Un caramelo para cualquier seguidor de la obra de Conan Doyle, que acababa de descubrir el origen de un personaje esencial. ¡El enemigo de Holmes no había muerto y además se iba a convertir en su futura pesadilla! ¿El problema? Que en ese momento la mitad del público había abandonado la sala.