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Afirman muchas jóvenes que prefieren no tener relaciones afectivo sexuales con hombres porque lejos de mejorar su vida la empobrecen y trastornan. Dicen que en las relaciones heterosexuales las agitan tensiones angustiosas e irresueltas entre traspasar las banderas rojas que les alertan de la educación patriarcal de su pareja, o intentar reeducarla. De decidir esto último el conflicto externo con el hombre se multiplica y se desplaza al interior de la joven, que se pregunta: ¿No estaré actuando como las mujeres tradicionales?, ¿no estaré perdonando sus intemperancias como mi madre hacía con mi padre? Una duda que las atormenta. Y no pueden permitírselo, no quieren permitírselo. “Los quiero ya educados”, afirman, reafirmándose. Pero se enamoran, desean, se vinculan, levantan banderas rojas, las cambian por la blanca de la paz, retornan al conflicto; muchas desisten. Interpretarlo solo como un triunfo más del individualismo, o como la retirada hacia un narcisismo que huye del conflicto, efecto del anhelo de no fricción que promueven las redes, apostando por relaciones funcionales de usar y tirar si el otro no se acomoda a nuestras expectativas, supondría no tomar en cuenta otros aspectos determinantes.
Mi abuela Gabina viajaba siempre con la mortaja en la maleta. Bueno, lo de viajar y lo de la maleta son licencias prosaicas. Los únicos viajes que hizo en su vida fueron los 300 kilómetros entre su pueblo y Alicante, y los 400 entre Alicante y Madrid, y su única maleta, una bolsa de lona que se negaba a cambiar porque le hacía el servicio y comprar otra era desperdiciar los cuartos. Total, que, cuando mi yaya, viuda eterna que no consintió jamás quitarse el luto, venía a casa a pasar el invierno, lo primero que hacía era colgar un hábito castaño oscuro casi negro en su funda de plástico en una esquina del armario que compartía con su nieta mayor, o sea, servidora, con mi correspondiente respingo al ser informada de su boca del destino del modelito, que entonces no se tenían tantas contemplaciones con los críos. Menuda era la Gabina. Décadas llevaba pagando los muertos, aunque no hubiera para aceite. Pero, aun teniendo el coche, la caja, el duelo y la sepultura pagados, no quería darle guerra a sus hijos pensando en qué ponerle llegada la hora. Eso era previsión y no lo de ahora.
Los partidos a la izquierda del PSOE se revuelven. El debate sobre el futuro del espacio político, sin marca ni líder definidos, ha regresado a primera línea tras el varapalo en Castilla y León. Aunque los resultados de las autonómicas —que han dejado a las dos listas de Podemos e IU-Sumar sin representación en las Cortes— no son extrapolables a unas generales, la debacle castellanoleonesa ha puesto de nuevo a los partidos en alerta. Mientras el coordinador federal de Izquierda Unida pidió el martes “acelerar” la elección del sustituto de Yolanda Díaz como referente electoral, varios partidos abogan por avanzar primero en otros aspectos del proyecto. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, una de las figuras que concita mayor consenso entre las cuatro formaciones de Sumar en el Gobierno, y uno de los perfiles mejor valorados dentro del Ejecutivo, según el CIS, volvió a descartarse como candidato este miércoles.

Antonio Alonso enfrentó por primera vez la muerte en aquel pabellón de Ifema. La respiró, la vio y la tocó. Era 11 de marzo de 2004 y fue uno de los científicos movilizados para las tareas de identificación de los cadáveres del atentado yihadista que convulsionó España y mató a 192 personas. En ese momento, todo era adrenalina y cumplir con una misión, no había tiempo de reflexionar sobre lo que acababa de suceder. “Como científico, estás acostumbrado a la vida aséptica del laboratorio, pero esa fue la primera vez que salía y veía la muerte en directo”, señala. No fue hasta unas semanas después, mientras tomaba una cerveza en una terraza, cuando le vino a la nariz de golpe todo el olor que le impregnó aquellos días. “Me asusté y todo, pensé: ‘¿Qué me está pasando?”.


Sentimiento de victoria en Villa de Vallecas. La Comisión Europea investigará las irregularidades ambientales en la incineradora de basuras de Valdemingómez que los vecinos del distrito del sureste madrileño llevan tres años denunciando. La Federación de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm) y la Asociación Vecinal PAU del Ensanche de Vallecas registaron la pasada primavera una solicitud en la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, un órgano que permite a cualquier ciudadano, de forma individual o conjunta, presentar quejas o inquietudes sobre temas dentro del ámbito de actuación de la Unión Europea (UE). Hace tres días, la entidad aceptó la demanda vecinal y remitió una carta al presidente de la Fravm, Jorge Nacarino, en la que le informan de que se va a llevar a cabo una investigación preliminar para determinar si la planta de Las Lomas se adapta a la normativa comunitaria y si el Ayuntamiento ha hecho lo suficiente por cumplirla.

Superestrella, el tema más exitoso del último disco de Aitana (Cuarto azul, publicado en mayo de 2025), no tiene videoclip. En lugar de eso, miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback (es lo que se conoce como lyp-sinc). Además, Aitana comparte algunos de estos videos en sus cuentas personales ayudando a que el tema se haga más viral y animando a que otros fans graben sus propias versiones con la esperanza de que la artista también repare en ellos. Como siempre en estos casos, ha habido de todo: abuelas que interpretan la canción, la propia Aitana haciendo su versión —es un giro más: la estrella se coloca en el lugar del seguidor— y muchas pandillas de adolescentes practicando la coreografía frente a las cámaras de sus teléfonos. Hasta aquí, todo lo que suele ocurrir con los éxitos recientes, para los que este tipo de viralidad es tan importante como la posición en las listas de ventas o las radiofórmulas.
Se acaba otra temporada de premios y con ella la omnipresencia de alfombras rojas y de atuendos que se hacen virales por motivos deseables o por lo contrario. Y lo hace con la que quizá sea la ceremonia de entrega de premios más célebre de todas, los Oscar, en los que la alfombra roja no sólo sirve para que un público ávido de conversación superflua en un mundo cada vez más complicado saque punta a los invitados, sino también para tomar la temperatura de las tendencias en ropa formal y el estado de la cultura indumentaria entre los famosos.
El Gobierno catalán retiró ayer su proyecto de Presupuestos ante la falta de apoyo parlamentario y para seguir negociando con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Aprobar estas cuentas, aunque sea con un nuevo retraso, representa una prueba de fuego para un Ejecutivo que nació mediante un acuerdo de investidura de los socialistas con los Comuns y ERC que incluía, entre otras medidas, un nuevo sistema de financiación autonómica que recogiera las “singularidades” de Cataluña. El pacto se ha ido desarrollando sin grandes sobresaltos durante el último año y medio, pero su viabilidad está ahora en cuestión por la negativa de los republicanos a aprobar las cuentas de Illa si antes el Gobierno central no hace un gesto para que la Agencia Tributaria de Cataluña pueda recaudar la totalidad del IRPF.
Cada nueva crisis internacional pone de manifiesto la dificultad que tiene la Unión Europea para acordar una posición única en su política exterior. La actual, desatada por la guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán, no es una excepción. Es legítimo preguntarse si la guerra hubiera sido más ampliamente cuestionada de haber estado Europa dominada por gobiernos de izquierda, pero no conocemos con certeza la respuesta. Tampoco puedo afirmar que Suecia sea representativa del conjunto de países del norte de Europa, pero voy a iniciar esta reflexión utilizando el caso para ilustrar la diversidad de imaginarios políticos y culturales que opera dentro de las fronteras de la Unión.

El debate sobre el velo integral —burka o niqab— vuelve periódicamente a la agenda española, casi siempre instrumentalizado. A veces como arma política contra el Gobierno; otras, como pretexto para discursos xenófobos. Frente a ello, es imprescindible recuperar una mirada basada en la igualdad, la dignidad y los derechos humanos.