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La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.
La de este viernes empezó siendo una de las jornadas más críticas para el Gobierno de coalición esta legislatura, con el plante inédito de los ministros de Sumar antes del Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto de medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Próximo. Sumar reclamaba al PSOE desde mediados de octubre una prórroga de los contratos de alquiler que vencían entre finales de 2025 y este 2026, firmados hace cinco años con precios mucho más bajos que los de ahora. El órdago, esta vez, funcionó, y tras más de dos horas de negociaciones en una sala de La Moncloa entre el propio presidente, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta Yolanda Díaz, con la incorporación a las conversaciones más tarde de la número dos del Ejecutivo, María Jesús Montero, y del resto de ministros de Sumar, se acordó la aprobación de la congelación de los alquileres y fijar el tope a las actualizaciones en el 2%, blindando esa subida ante una posible escalada de la inflación. La victoria, reconocen en la formación, les refuerza ante los suyos en un momento muy difícil, cuando acusan el desgaste tras meses orillados en el Gobierno, buscan un nuevo liderazgo y transitan un ciclo electoral complejo.

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?
Es día de mercado en Saint-Denis. Los colores, el perfume de la comida y el zumbido de las conversaciones, si uno cierra los ojos, le transportan a Bamako o Argel. En la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, convive la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia con los comercios y las mezquitas. También con las tiendas halal y las viejas avenidas con nombres de mitos del comunismo. Saint-Denis, con 150.000 habitantes, es también el 93, el código postal de Seine-Saint-Denis, la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Y a la vez, la más joven del país. Un cóctel perfecto para quien sepa descifrarlo en el laboratorio electoral.
“El compa les manda saludos”. La foto de Dritan (nombre figurado), silueteada sobre un fondo liso, como si fuera un croma de televisión, estaba claramente retocada. Se lo veía con una camiseta azul de manga corta y el gesto serio. Podría parecer que se había recuperado de los moretones de la última imagen, pero los policías sabían que “esa prueba de vida” no tenía valor. El hombre, de 46 años y origen kosovar, se encargaba de llevar paquetes de metanfetamina de un país a otro para el cartel de Sinaloa, la principal organización criminal de México, con relevancia en el narco mundial.
El eclipse solar que España vivirá el próximo 12 de agosto —el primero del trío de eclipses en tres años— se afronta como “un gran reto de país” porque traerá a cientos de miles de visitantes “coincidiendo con la semana que más personas, residentes y turistas se encuentran en nuestro país”. Así lo explica la Secretaría de Estado de Turismo, que espera un enorme incremento de ocupación turística para esas fechas y constata que los precios ya están subiendo. De hecho, Booking y Airbnb ya avisan de que se están disparando las reservas de hoteles y alojamientos rurales para esos días, si bien la patronal Cehat no cuenta todavía con datos. Las asociaciones de consumidores, por su parte, piden asegurarse de que las gafas para mirar al sol cumplen la normativa para evitar problemas de salud.
Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.
Tres agentes de la Ertzaintza se presentaron el pasado mes de febrero en el centro para personas de la tercera edad Bonaparte, en el barrio de Santutxu de Bilbao, para comunicar a los ancianos que no iban a poder seguir celebrando el tradicional bingo semanal. Es una de las actividades de entretenimiento que organiza este hogar de jubilados y en la que habitualmente suelen reunirse más de 100 personas que participan pagando la simbólica cantidad de 20 céntimos por cada cartón. Un salón de juego ubicado en las proximidades del centro social presentó una queja porque los mayores jugaban con dinero, dieron aviso al Departamento de Seguridad y desde ese día ya no hay bingo. Los ertzainas les advirtieron de que mantener esta actividad lúdica les podía acarrear una sanción de hasta 60.000 euros.
Tadej Pogacar busca ser el niño de 12 años que no pudo ser, el más bajito de la clase en una pequeña ciudad de Eslovenia. A los 27 años tiene aún el cutis infantil, pálido y suave, y aún no le sale la barba, y sus intentos de bigotillo de moda son una hilera de hormigas en su labio. Se tiñe el pelo platino como le gustaba al Eminem que idolatraba, y llegó a descargar 200 canciones suyas antes de engancharse a raperos eslovenos, se divierte tocando la guitarra con su novia, Urska Zigart, también ciclista, en su apartamento mínimo de Mónaco, 30 metros cuadrados, y llega a las carreras como el niño que busca diversión en la pelea.

Después de pasar la mayor parte de su vida en el mundo corporativo, conviviendo con la presión de las ventas, el estrés y la ansiedad, Cristian Blanch decidió dar un giro a su vida y empezó a compartir su pasión por el yoga y la meditación a través de su cuenta de Instagram. En poco tiempo se hizo con un gran número de seguidores y pudo dejar su trabajo para dedicarse solo a su pasión: la divulgación de la meditación a través de las redes sociales. Hizo charlas, clases, vídeos, imágenes, presentaciones; en definitiva, un montón de contenido online que se convirtió en su sustento vital. “Hasta que me di cuenta de que alguien estaba usando mi imagen para estafar a otros. Recibí mensajes de personas que habían pagado por estos servicios y no recibieron nada”, cuenta Blanch, de 46 años. “Me pedían ayuda y yo me sentí completamente fuera de todo. No sabía qué era real y qué no lo era”, añade.


