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La rutina de skincare es más que un ritual de cuidado de nuestra piel, también se ha convertido en ese momento de desconexión para relajarnos y mimarnos un poco. Y aquí es donde las mascarillas faciales cobran protagonismo.




De cara a la temporada estival, las prendas de abrigo quedan atrás y la piel deja de esconderse bajo capas. La operación moreno se pone en marcha y los autobronceadores corporales se posicionan como una opción ideal para conseguir un tono de playa sin exponerse al sol ni poner en riesgo la salud de la piel.






Son las dos de la tarde en Aguacate. Un puñado de vecinos de este pequeño pueblo cubano se mece en sillas colocadas en fila en la vereda; otros van a la tiendita a comprar un refresco para el calor, venden piezas sueltas de ferretería o tienden la ropa en la azotea. Es un día más en el barrio. Hasta que pasa Juan Carlos Pino. Llega despacito a la plaza central, pitando y saludando a todo el que voltea a ver con sus propios ojos el famoso vehículo a carbón. A Pino se le ensancha el pecho del orgullo. Lo aparca y pocos minutos después se juntan una decena de personas alrededor. Él presume de su coche y responde todas las dudas. “¿Pero cómo hiciste funcionar esto?“, pregunta una mujer que lo busca para una foto. “Ño, ¡es de película!”, le dice un viejo amigo. Otro llama a un familiar y le da las coordenadas exactas para que venga corriendo “a ver esto”.

Quizás en la historia de Juan Carlos Valencia González está escrita la historia del narcotráfico mexicano. Su padre fue un pionero en el trasiego de drogas y cambió el cultivo de aguacates en Michoacán por los barcos de cocaína; su madre y su tío convirtieron un apellido en una empresa criminal, y su padrastro fue el capo más buscado del mundo, fundador de un imperio internacional. De indudable abolengo delictivo, Valencia González es conocido como El Pelón, el 03 o el R3, también JP. El Gobierno mexicano dice que dirige un grupo armado de élite y el estadounidense ofrece cinco millones de dólares por cualquier información que lleve a su captura. Ambos lo consideran, tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, como el posible sucesor al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Con 41 años, Valencia pasa por primera vez a una primera línea criminal que le viene de familia.

A vista de pájaro, Barcelona semeja un cuadro abstracto de Mondrian que ha perdido un color. Pero ya lo recuperó: el verde. A una ciudad que le falta espacio, sólo existe un sitio donde pueda hallar su contacto con la naturaleza: los tejados de los edificios. Por eso proliferan esos lugares que, en ocasiones, son puros jardines. Cubiertas verdes las llaman los expertos. Basta con levantar la vista y ahí están. En el barrio tecnológico 22@, en Gracia o San Andreu. Cada comunidad autónoma, al tener transferidas las competencias, sigue sus propias reglas. Pero en esta ciudad con ventana al mar es obligatorio en obra nueva, y una comunidad de propietarios puede pedir 60.000 euros a fondo perdido e instalar ese color. Todo depende de la ambición. El precio medio ronda los 150 euros por metro cuadrado. Asequible.
“Máxima letalidad, nada de tibia legalidad” o “efecto violento, no a lo políticamente correcto”. Son algunos de los lemas, con ripio incluido, que proclama el secretario de Defensa —o de Guerra, como prefiere autodenominarse—, Pete Hegseth, en comparecencias públicas. En las ruedas de prensa sobre la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, su lenguaje ha sido igualmente agresivo: predice “pura destrucción” y una “lucha sin cuartel” contra el adversario. Siempre, eso sí, invocando a Dios. En un servicio religioso en el Pentágono hace un par de semanas, suplicaba que bendijera “una violencia abrumadora” contra “aquellos no merecen piedad”. Él mismo no ha tenido compasión contra los que percibe como adversarios dentro del Pentágono: en 14 meses ha purgado a toda una galería de altos mandos por desacuerdos con ellos. Muchos eran mujeres, o varones afroamericanos.
El mundo empieza a perder la cuenta de las veces que Donald Trump ha amenazado estos días con abandonar la OTAN y dejar en la estacada a sus aliados europeos por negarse a seguirlo en su mal planificada aventura bélica en Irán. Y especialmente porque han restringido el uso de las bases militares en territorio europeo —no solo España, también Francia, el Reino Unido o incluso Italia han puesto límites o condiciones al uso de esas instalaciones o prohibido sobrevolar su espacio aéreo a aviones militares con destino a Oriente Próximo— para una guerra de la que ni fueron advertidos. Son tantas las amenazas del presidente estadounidense que su par francés, Emmanuel Macron, le advirtió esta semana: “Si cada día se pone en duda el compromiso, se vacía de contenido”.
El PP está de enhorabuena. A partir de este martes, todos los informativos volverán a hablar de José Luis Ábalos y de Koldo García. Esos nombres y sus resonancias corruptas fueron durante meses y meses el nutriente principal del discurso de Alberto Núñez Feijóo y los suyos en su infatigable batalla contra el Gobierno. Hasta que en las últimas semanas el asunto decayó en favor de otros temas de conversación más gratos para los de Pedro Sánchez, la guerra contra Irán como el primero de todos.