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Los grandes camiones eléctricos ya son una realidad en España. Las matriculaciones de vehículos de más de 3,5 toneladas se han multiplicado por 22 en cinco años (de 17 a 378), aunque todavía son minoría (1,6% de los nuevos), según datos de la DGT. El crecimiento del sector sigue lastrado por retos como la autonomía de los vehículos —que hace que la mayoría se empleen en trayectos urbanos o de menos de 250 kilómetros—, los puntos de recarga ultrarrápidos adaptados o la falta de ayudas públicas para compensar su mayor coste de compra. Algunos transportistas pioneros, como Transbernal, comienzan a usarlos para rutas de hasta 1.000 kilómetros diarios. “Si las empresas hacen sus números y ponen puntos de recarga en sus instalaciones, verán que a la larga salen más baratos. Con lo que ha subido el gasoil, ahorras mucho dinero”, explica su propietario, Gabriel Bernal.

Dar una entrevista es como hacer cualquier otra cosa; por ejemplo, algo que no se parezca en nada a dar una entrevista, como gritarle a un desconocido al otro lado de la calle o jugar al tenis sin un oponente. De a ratos, es como el largo martirio de ser “pisoteado hasta la muerte por los gansos” del que habló Søren Kierkegaard. Una agonía insostenible en la que —a menudo— alguien que no sabe preguntar interroga a una persona que no puede responder y sólo piensa en la salida de emergencia. Y sin embargo, seguimos dando entrevistas, y haciéndolas, y Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) concedió muchas a lo largo de su vida; en especial, durante los algo menos de diez años que van de La literatura nazi en América (1996) hasta su muerte.

El presidente de Estados Unidos pronunció el miércoles por la noche un discurso a la nación ante la incertidumbre sobre el curso de la guerra que él mismo inició contra Irán hace seis semanas. Sus palabras consiguieron crear aún más intranquilidad mundial, como se demostró con la caída de los mercados financieros y la nueva subida del petróleo apenas horas después. Donald Trump afirma que la guerra puede durar dos o tres semanas más, que reabrir el estrecho de Ormuz para solucionar el bloqueo energético no es asunto suyo, que Irán quiere negociar, pero también que puede enviarlo “a la Edad de Piedra”. Quien estuviera esperando algo de claridad sobre el plan a seguir se dio cuenta de que no hay plan. Unas horas antes, había dicho que está pensando sacar a su país de la OTAN.
1. Es difícil leer la política internacional cuando el primer plano, donde viene figurando Estados Unidos, lo ocupa un personaje delirante como Donald Trump, incapaz de sostener un argumento o definir una estrategia, de modo que nunca se sabe hasta dónde quiere llegar y menos todavía el modo de conseguirlo. La puesta en escena es conocida: el despliegue sin límites de una personalidad que transmite un ego desbordado por la necesidad de reconocimiento del que vive a distancia de la realidad, instalado en la autocomplacencia e incapaz de leer los límites: hasta dónde se puede llegar, hasta dónde pueden estar dispuestos a ceder los adversarios.
Hay informaciones a las que basta con darles la vuelta para que aparezcan los hilos, los remiendos, las puntadas apresuradas con las que alguien ha querido ajustar la realidad a un patrón previo. Son noticias que, al tiempo de informar, insinúan, orientan, empujan. Noticias, en fin, trufadas de opinión. Las lees del derecho y parecen limpias. Del revés, en cambio, brotan las valoraciones escondidas, las pequeñas o grandes trampas del lenguaje, los adjetivos que, más que describir, juzgan. Noticias partidistas, prendas confeccionadas a medida para que le sienten bien a una idea o a una formación política.

Los racistas siempre son esos descerebrados que gritan cánticos idiotas desde las gradas, esos que no ven en el espejo que son más moros que rubios noruegos. Ocho siglos de presencia musulmana en España bien que debieron dejar algún que otro rastro genético, pero el que se cree distinto del musulmán que no bote también vive en la fantasía de la pureza racial. “El problema no es que vinieran; es que luego se quedaron”, me soltó una vez un escritor justo antes de entrar a compartir mesa en un festival literario de enorme prestigio. Con el pelo más oscuro que el de todos mis abuelos juntos y la tez aceitunada, se expresó así en una catedral del debate intelectual. Y se quedó tan ancho. El clasismo dice que los racistas son siempre los pobres porque es ignorancia y no ideología. Qué más quisiera.
El 5 de julio de 2001, Loana Petrucciani, ganadora de Loft Story, el primer programa de telerrealidad emitido en Francia, recorre triunfante la Avenida de la Grande-Armée a bordo de un coche. Tiene medio cuerpo fuera de la ventanilla trasera y reparte saludos, en una escena digna de una noche de Copa del Mundo. No solo la final del programa reúne esa día a 12 millones de telespectadores, sino que miles de fans esperan a la bailarina gogó de 23 años en las calles de París para festejar su salida de la casa donde lleva encerrada junto a otros 10 solteros desde el mes de abril, filmada las 24 horas del día por 26 cámaras. Horas antes del desenlace del programa, el nuevo ícono de la televisión gala dirá, con una voz infantil que la caracterizaba y contrastaba con el carisma que desprendía, que lo único que desea es que su madre esté orgullosa de ella. Que haya gente que la quiera. Veinticinco años después, a finales de marzo, el cuerpo de la estrella del equivalente a la primera edición de Gran Hermano en España ―emitido un año antes― fue descubierto sin vida después de que unos vecinos alertaran del fuerte olor que emanaba su apartamento en Niza. Una muerte temprana, a los 48 años, en la más absoluta soledad y sin el amor que esperaba recibir la que fue seleccionada entre 13.000 candidatos para encarnar el arquetipo de la muñeca de plástico, inocente, y de extracción humilde.
Lo ocurrido en el partido de fútbol entre España y Egipto fue una auténtica vergüenza. Resulta incomprensible en un país con tanta diversidad cultural y que se considera del Primer Mundo. Ya en 2009, cuando estaba en primaria, sufrí este tipo de situaciones, y años después, en el instituto, también fui criticada simplemente por practicar mi religión. Lo más preocupante es que, con el paso del tiempo, la situación parece no haber cambiado. Lo más contradictorio es que uno de los mejores futbolistas de la selección, Lamine Yamal, es musulmán y ha decidido representar a España, el país donde nació. Si realmente queremos ser una sociedad avanzada, debemos comportarnos como tal.
En el verano de 2021, cuando se reabría el mundo al turismo tras el Gran Confinamiento, el escritor colombiano Juan Esteban Constaín llevó a sus hijas a visitar las catacumbas en Roma. Le impactó un detalle: la representación de Orfeo, uno de los héroes de la mitología griega, el hijo de Apolo que tocaba la lira para animales y humanos, y que intentó rescatar a su amada Eurídice en Hades, el reino de los muertos. “Lo que hacen los primeros cristianos es homologar a Orfeo con Cristo”, explica Constaín (Popayán, 46 años), historiador, novelista y ensayista. Orfeo también era un buen pastor y un salvador, alguien que desafiaba a la muerte. Entonces pensó en preparar un breve ensayo sobre la simbiosis entre el primer cristianismo y el paganismo que ocuparía, se dijo, unas 20 páginas. Al final han sido 554: el resultado se llama El hijo del hombre. Grecia, Roma y el nacimiento del cristianismo, y ha sido publicado por Debate.
