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Muchos en Hungría —y en Bruselas, Moscú o Washington— contienen la respiración hasta las elecciones legislativas del próximo 12 de abril. El ultraconservador Viktor Orbán se enfrenta por primera vez a la posibilidad real de perder el poder tras cuatro rotundos mandatos consecutivos. Las encuestas dan ventaja al único rival que, hasta ahora, parece capaz de destronarle: Péter Magyar, un disidente de sus propias filas que conoce a fondo la arquitectura interna del régimen moldeado por Orbán. Nadie se atreve, sin embargo, a anticipar el desenlace de los comicios más inciertos de los últimos 16 años.

Erik Prince (Míchigan, EE UU, 1969) siempre ha sido un mercenario sin complejos a la hora de monetizar el caos, preferiblemente si este ocurre lejos de las fronteras de su adorado Estados Unidos. El artífice de la privatización bélica durante los años negros de la guerra de Irak, al frente de la siempre polémica Blackwater, de la que fue fundador y presidente, ha descubierto ahora un filón más silencioso y rentable que el estruendo de los fusiles: la fiebre de la inteligencia artificial. Con la salida a Bolsa de Swarmer, apuesta tecnológica para dotar de cerebro y autonomía a enjambres de drones a través de la IA, Prince, que la preside, ha logrado lo que parecía un imposible: que Wall Street prefiera ignorar su biografía para centrarse en el potencial de sus algoritmos.
La biografía personal de Erik Prince está marcada por una estructura extensa y vinculada a su actividad profesional. Católico desde 1992, es padre de 12 hijos, cuatro con cada una de sus tres esposas. Tras el fallecimiento de su primera mujer, Joan Nicole (quien le introdujo en el catolicismo), en 2003, Prince contrajo matrimonio con Joanna Ruth Houck y, posteriormente, con Stacy DeLuke, quien fuera portavoz oficial de Blackwater.
El Banco Central Europeo se está extralimitando en su mandato en materia de política energética. Su presidenta, Christine Lagarde, ha argumentado esta semana que los Gobiernos no deberían gastar demasiado para proteger a los hogares del aumento mensual del 80% en los precios del gas y, al mismo tiempo, considera que la inflación podría descontrolarse si esos mismos hogares perciben que los costes están subiendo demasiado. Es una contradicción y otro ejemplo más de cómo los guardianes independientes del control de la inflación se entrometen en asuntos que no les incumben.
Hay noticias cuya gravedad parece llevar incorporada una conclusión. La escalada militar en Oriente Próximo, la amenaza sobre infraestructuras energéticas y el riesgo de una alteración en el suministro de petróleo invitan a pensar casi sin transición que, si el hecho es grave, su impacto en los mercados debería ser también inmediato, intenso y duradero.
“Yo tuve que hacer a la nueva mujer española. Arraigada a su tierra, sus costumbres y sus hijos, pero consciente de que el siglo XXI estaba cerca y había que estar preparados para abrir nuevos caminos”. A finales de 1990, Manuel Piña ajustaba cuentas con el pasado, sabedor de que poco le quedaba ya por coser (fallecería cuatro años después), y aprovechaba para colgarse la medalla a un mérito que también fue suyo. Publicada póstumamente en el número 192 de la revista Siembra, aquella ‘Carta a la nueva mujer española’ fue, antes que una misiva al uso, un testamento que daba fe del giro de guion femenino que se escribió durante la Transición. “Me hice cómplice de la mujer y jugué a su ritmo y a su pausa, la desnudé y la hice fuerte, soberbia y superior”, contaba el manchego de Manzanares, un creador telúrico que, más que vestir cuerpos, esculpía (preferiblemente en punto, los hombros marcados) identidades para unas mujeres que, por fin, no tenían que pedir permiso para existir. “Sin dejar de ser el patrón de la raza, se hacía moderna e innovadora”, continuaba, refiriendo la evolución de una feminidad poderosa a la conquista de la igualdad, pero que no renunciaba a la sensualidad y la sofisticación.
El análisis utiliza la base de datos de ACLED, una organización internacional que ha registrado los incidentes desde el inicio del conflicto. Se contabilizan 3.088 ataques entre el 28 de febrero y el 26 de marzo. Se incluyen tanto los ataques balísticos, aéreos y con drones. Se incluyen tanto los proyectiles que han llegado a su objetivo como los interceptados, que pueden dar lugar a metralla que cause daños. ACLED ha creado una base de datos específica para el conflicto entre EE UU, Israel e Irán, que es la que se muestra en los gráficos, pero también mantiene otra más amplia con enfrentamientos en Oriente Próximo, donde recoge por ejemplo los ataques israelíes sobre Líbano: estos últimos solo se muestran en el mapa. Cuando diferentes bombardeos se producen en el mismo lugar y el mismo día, ACLED los considera un solo evento.
Si todo va bien, en apenas cuatro días se encenderán los motores del cohete espacial más potente de la historia. En la parte superior de la lanzadera —más alta que una torre de 30 pisos— dentro de la nave Orion, estarán sentadas las cuatro primeras personas que viajarán a la Luna en más de 50 años. Entre ellos, la especialista de misión Christina Koch y el piloto Victor Glover, que serán la primera mujer y el primer negro que viajen hasta el satélite. Y también el comandante Reid Wiseman y el especialista canadiense Jeremy Hansen, primera persona no estadounidense en realizar este periplo espacial.


Si los cuatro astronautas de la misión a la Luna Artemis 2 tienen un problema, es muy probable que este acabe en la bandeja de entrada del físico e ingeniero aeroespacial Eduardo García Llama (Valencia, 54 años). El cargo completo de este valenciano criado en Alcobendas, cerca de Madrid, es tan largo como importante: jefe de controladores de vuelo de ingeniería para los sistemas de guiado, control y operaciones de proximidad y atraque. Esto quiere decir que, cuando las cosas no funcionan a bordo, es su equipo de 70 personas, que está en el mítico centro de control de misión de la NASA en Houston, Texas, el que da respuesta y recomienda qué hacer, para que luego el de operaciones lo ejecute. En entrevista con EL PAÍS por videoconferencia, detalla cuáles serán los momentos más críticos de la misión, la primera tripulada a la Luna en más de medio siglo. Más allá de la carrera espacial con China y de la tensión geopolítica del momento, este será un avance “histórico” para toda la humanidad, asegura.
Una leyenda del deporte, un hombre atormentado. La historia de Tiger Woods puede contarse tanto a través de sus gestas en un campo de golf como por su secuencia de percances al volante. Está el mito, el ganador de 15 grandes, el atleta que revolucionó su disciplina como nadie jamás en el universo deportivo. Está la persona, golpeada una y otra vez por sus demonios. El último episodio, un accidente de tráfico este viernes que acabó en su arresto y encarcelamiento, vuelve a situar a Woods en el ojo del huracán y del debate sobre su comportamiento y su vida cuando ha cumplido ya los 50 años y aún piensa en regresar a la élite. ¿Hasta qué punto Tiger destruirá a Tiger?

Miguel Ángel Benítez nunca firmó un contrato discográfico. Acudió a las oficinas de Virgin España, en Madrid, para rubricar su vinculación como músico profesional con Los Delinqüentes, pero tuvo que firmar por él su padre, Sebastián. Miguel tenía 17 años; por lo tanto, era menor y necesitaba el acompañamiento de un tutor. Para el siguiente contrato, cuando ya tenía edad para suscribirlo, no llegó a tiempo: murió 16 días después de cumplir 21 años. Miguel Ángel Benítez, Migue (con énfasis en la i, como todo el mundo le llama) era el líder de Los Delinqüentes: componía, cantaba y tocaba la guitarra. Se cuentan muchas historias sobre él, pero quizá la frase que mejor le defina sea esta: con 18 años ya sabía casi todo lo que había que saber.




