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No es México 86, ni hace cuatro años Argentina ha tenido una guerra con Reino Unido, pero nadie escapa de la agitación social en Argentina de un duelo mundialista con Inglaterra, un choque que ayuda a definir un país. La selección más emocional del torneo, sostenida en el vacío gracias a ataques de orgullo, encara el enfrentamiento más en carne viva que todos cuantos puede afrontar. “El partido del pueblo”, lo ha definido el diario argentino Clarín.
Cuarenta años después, en la antesala del Argentina-Inglaterra de este miércoles por los cuartos de final del Mundial 2026, Lionel Scaloni repitió una frase que Diego Maradona y su antecesor como técnico en la Albiceleste, Carlos Bilardo, soltaron horas antes del duelo entre ambos países por los cuartos de final del Mundial 1986, en México. “Es solo un partido de fútbol”, dijo el entrenador campeón del mundo en Qatar 2022.
Cuarenta años después, Inglaterra tiene la revancha que tanto tiempo llevaba esperando. El gol de Diego Armando Maradona inmortalizado por él mismo como La mano de Dios. Maradona nunca pidió disculpas y eso fue un sacrilegio para los inventores del fútbol. Inglaterra se siente la guardiana del purismo del balompié y de su fair-play y aquello generó más revanchismo en los ingleses que el trasfondo del conflicto de las Malvinas. La abusiva contraofensiva marítima que ordenó Margaret Thatcher sí fue interiorizada como espoleta emocional por los jugadores capitaneados por Maradona para afilarse el orgullo en los cuartos de final de México 86. La selección que dirigía Carlos Bilardo jugó con el recuerdo de las imágenes de aquellos imberbes y desarrapados soldados argentinos que, sin saber ni cómo ni por qué, fueron llamados y enviados a la derrota segura ante una potencia mundial armamentística muy superior.

La causa contra David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno, por su contratación por la Diputación de Badajoz en 2017 siempre ha tenido un carácter insólito y desmesurado. Insólito, porque llegó a la vía penal sin haber circulado antes por la vía contencioso-administrativa, el carril a todas luces más evidente para una impugnación de ese tipo. Y desmesurado, por sentar en el banquillo a nada menos que 11 imputados bajo el impulso de las acusaciones populares ejercidas por el PP y Vox, entre otros, que han llegado a pedir seis años de prisión para el principal acusado. La suma de casos contra el entorno más privado de Pedro Sánchez, más allá de los que afectan a los altos cargos sospechosos de corrupción, ha añadido al territorio judicial, además, una nebulosa y un ruido político de muy delicada gestión.
Acabo de estar en Estonia para ver lo que están haciendo allí en digitalización del Estado, dinamización empresarial y educación en IA. Es un país pequeño, pero del que el resto de Europa tiene mucho que copiar: hay un empresario por cada diez individuos; y un unicornio (empresa de más de mil millones de dólares) por cada 136.000 personas; el Estado no es obstaculizador, es proactivo; todo está digitalizado y es fácil, aunque siguen manteniendo los servicios presenciales (¡sin colas ni retrasos!) para los que no logran adaptarse; y tienen los mejores resultados educativos de toda Europa.
Todos los días en Celeiro, una parroquia de Viveiro (Lugo), un hombre sale de su casa a comprar el pan a una panadería que está a medio kilómetro. Todos los días en Viveiro, una mujer sale de su casa en coche para dirigirse al hospital de Burela en el que trabaja. Todos los días se cruzan. Todos los días la conductora repara en el peatón, y según el lugar en el que lo encuentra, sabe si llega puntual o tarde al trabajo. Sabe, exactamente, qué hora es, porque el comprador de pan sale a las 8.15 de su casa, pasa a la misma hora por delante de las mismas casas, llega a la panadería a la misma hora, y emprende el camino de vuelta de la misma forma. Cuando la conductora ve al hombre salir de casa o caminando cerca de ella, sabe que llega pronto a trabajar; cuando la conductora lo ve cerca ya de la panadería, sabe que va muy justa y debe correr; cuando la conductora lo ve con el pan debajo del brazo, llegará irremediablemente tarde al trabajo. No ha fallado, dice, un solo día. El hombre es un reloj, pero no es un reloj cualquiera. Hay algo profundo y bello en ver a alguien saliendo de casa para ir a por el pan. Con él, emerge un trabajo nocturno que le da un sentido poderoso a la civilización: la de un grupo de gente trabajando de madrugada para elaborar, entre olores felices, un alimento universal. Mientras haya alguien haciendo pan y alguien yendo a comprarlo, hay una sociedad funcionando, hay un mundo en marcha. A la conductora le gusta que el comprador le confirme cada mañana que el planeta sigue funcionando de acuerdo al pacto tácito de comprar leche y pan. Todos los días la conductora sabe que las cosas están bien mientras este hombre salga de casa y tenga cerca una panadería. Durante algunos años yo tuve también mi propio reloj, pero era un hombre que en lugar de a comprar el pan, iba a comprar el periódico. Un día me quedé sin hora. Y nunca supe quién de los dos murió antes, si el hombre, o el quiosco.
“¿Es que nadie va a pensar en los niños?”, exclamaba la esposa del reverendo Lovejoy en un capítulo de Los Simpson que se ha convertido en uno de los memes clásicos. Pues sí, regularmente alguien decide pensar en los niños y esta vez ha sido Ursula von der Leyen. La presidenta de la Comisión Europea anunció este lunes que la UE está estudiando cómo restringir el uso de las redes sociales y servicios digitales a los jóvenes: hasta los 13 años, prohibición total, y de ahí a los 18, una apertura “gradual”. La Comisión intenta así poner orden en unos Veintisiete que, en mayor o menor medida, están barajando medidas similares. Sin embargo, advierte, no habrá decisiones concretas hasta después del verano.
El sábado 18 se cumplen 90 años de la sublevación del Ejército de Marruecos que buscaba derrocar al Gobierno del Frente Popular. El levantamiento no triunfó en todo el país, y se desencadenó así una guerra que duraría casi tres años y en la que morirían cientos de miles de españoles (en combate o ejecutados por los distintos bandos), forzando al exilio a otros tantos y empobreciendo al país durante décadas. La dictadura franquista terminó oficialmente con la aprobación de la Constitución de 1978, pero esos tres años siguen omnipresentes en la vida pública española. José Andrés Rojo y Nicolás Sesma dan sus visiones del por qué de esa vigencia.

En los listados del Ayuntamiento de Madrid hay 842 personas viviendo en la calle que esperan turno para entrar en uno de los recursos municipales de alojamiento. Algunos de ellos llevan esperando desde 2022. En paralelo, en una reunión celebrada el 7 de julio por la subcontrata que gestiona la asistencia a personas sin hogar, se trasladó la orden a los trabajadores de no volver a usar el término “lista de espera” para referirse a las colas que estos ciudadanos tienen que hacer durante años para tener un techo. Así ha quedado escrito en el acta de la reunión: “A partir de ahora se indicará que la persona está pendiente de acceso o de asignación de plaza de acuerdo a sus necesidades”. La mayoría de ellos no conseguirá ninguna, dicen los trabajadores que las gestionan, porque no se tiene en cuenta quién lleva más tiempo esperando, sino quién es más vulnerable.
Alejandro Ibáñez, el vecino de 81 años que desde hace dos años resiste en su apartamento municipal del barrio de La Latina, ganó el lunes una batalla judicial, pero el conflicto está lejos de terminar. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha anunciado este martes que el Ayuntamiento estudia recurrir el auto por el que la Sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal de Instancia de Madrid rechazó autorizar su desalojo temporal. El documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, reprocha al Consistorio haber fundamentado su petición en “la mera alusión a una nota interna” y concluye que la suspensión temporal del derecho de residencia del vecino “carece de acreditación técnica suficiente”.