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Con solo 27 años, James Charles ya acumula una trayectoria marcada por su éxito meteórico, pero también por una larga sombra de polémicas. Quien irrumpió como uno de los mayores fenómenos en YouTube en 2016 y enseñó a millones de personas a maquillarse, ha visto cómo su nombre quedaba ligado, casi desde el principio, a una cadena de polémicas, reproches públicos y episodios controvertidos que han ido desgastando su imagen y su credibilidad. En su caso no ha habido ninguna mano negra detrás de esta caída: solo él y sus desafortunados comentarios y acciones, contra todo y contra todos.
En mayo de 2003 cambió la historia del fútbol argentino. Algo parecido podría decirse, aunque solo el tiempo lo confirmará, de septiembre de 2023 para España. Veinte años separan los procesos que acabaron con Lionel Messi jugando para la selección argentina y Lamine Yamal para la española. El relato oficial asegura que ninguno de los dos parecía albergar dudas: Messi quería jugar con la Albiceleste, Lamine con la Roja. Sus deseos estuvieron en jaque.

España llegó al Mundial con un problema que parecía devastador y Luis de la Fuente lo solventó acudiendo a algo que había hecho Javier Clemente con él casi medio siglo antes en el Athletic. Nico Williams y Lamine Yamal, los dos extremos que funcionaron como factor diferencial de la selección en la Eurocopa de 2024 llegaron a la concentración de Chattanooga lesionados y sin ritmo de competición. Pero De la Fuente tenía a dos laterales con capacidad para aportar en ataque como una especie de falsos extremos. O laterales con pasado de extremo. Como él.

España llega a la final del Mundial con un once consolidado y con una idea clara de juego. Las redes de pases de cada partido muestran una España combinativa en el centro del campo, con una defensa alta y dos extremos abiertos. Repasamos la evolución de su dibujo desde el inicio a la final.
Con solo cuatro palabras —“eso sí, sin franceses”—, Mariano Rajoy logró enrarecer la antesala del España-Francia. Sabiéndolo o no, con su artículo había devuelto el foco a un asunto que ya había sido protagonista de otro Mundial. Fue el de 1998, justo en Francia, cuando la victoria del equipo liderado por Zidane fue celebrada como un triunfo de la diversidad gala y pareció zanjar —solo lo pareció— el debate sobre la capacidad de una selección étnicamente múltiple de encarnar a una nación europea.

Si los fenicios bautizaron a España por sus mamíferos más comunes, Is-pan-ya, el país de los conejos, en el mundo del fútbol España es el país de los centrocampistas. Siempre hubo Pedris en estos contornos. Pero hasta este siglo no se utilizaron apenas. Permanecieron aislados, dispersos, empequeñecidos en la atonía de la posguerra, ignorantes del poder que luego desarrollarían por medio de la asociación. Juan Señor, uno de tantos, fue el Pedri de su época. Su salto a la fama en la Eurocopa de Francia de 1984 con el 12º gol del 12-1 a Malta fue mucho más que un acontecimiento pop. Fue uno de los primeros indicios de que aquella multitud olvidada se estaba moviendo en el paisaje árido del fútbol nacional. La riqueza que exhibe hoy España en Estados Unidos no surgió espontáneamente de la nada.
El exalcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, se convertirá en primer ministro del Reino Unido este lunes, cuando reciba el encargo de Carlos III para formar Gobierno. La vieja monarquía parlamentaria demostrará de nuevo su acreditada capacidad de renovación y al mismo tiempo dará otra prueba de su reciente inestabilidad. Será el séptimo titular del cargo desde que los británicos votaron a favor del Brexit hace una década. Los diputados y afiliados del Partido Laborista, frustrados ante la impopularidad, los errores y la falta de visión política de Keir Starmer, han depositado todas sus esperanzas de renovación en Burnham, el más popular de todos ellos según las encuestas. El éxito o fracaso del nuevo inquilino de Downing Street resonará más allá de las islas: este país es, junto a España, uno de los últimos en Europa liderados por una socialdemocracia en crisis y en busca de referentes.
Podría poner infinidad de casos de dedicaciones ejemplares de alcaldes altruistas, de militantes de base, que han dejado lo mejor de su vida sirviendo a la sociedad desde su compromiso socialista, pero elegiré sólo uno: el alcalde de Chillón durante 28 años, Luis Toledano.

Se habrán enterado ustedes: en una de sus columnas futbolísticas, Mariano Rajoy metió la pata hasta el fondo. Unos días antes del encuentro contra Francia, el expresidente del Gobierno dijo que su selección jugaba muy bien, pero eso sí: sin franceses. Y se armó la marimorena. El asunto escaló tanto que Pedro Sánchez le pidió perdón al primer ministro francés el pasado martes. Su reacción, como la de Brigitte Macron, no fue de seria afectación sino una mucho más acertada: la risa. Por sus gestos, parece que le quitaron hierro al asunto.