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Algunos tópicos tardan en morir, pero por fortuna el que sostenía que los Pirineos separaban sin remedio a España de Francia hace décadas que dejó de tener validez. La presencia este martes de Pedro Sánchez en París para el 14 de julio, la fiesta nacional que conmemora la toma de la Bastilla, junto al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y otros líderes europeos, no es solo una cita protocolaria. El desfile por los Campos Elíseos, presidido por Emmanuel Macron, contará con la participación de militares españoles, ucranios y de otros países. Con la coreografía entre cívica y marcial que tan bien sabe ejecutar la República, se escenificará el compromiso de todos con Ucrania. Y será al mismo tiempo una demostración de la vitalidad de una amistad franco-española, a prueba de la recientes polémicas y salidas de tono de quienes han logrado que se escuche hasta en París el volumen desquiciado de algunos debates españoles. Lo que une a ambos países, rivales el mismo día en la semifinal del Mundial, es mucho más que esto. Son los estrechos lazos culturales, humanos y económicos. Y son unos mismos intereses en un continente sometido a tensiones extremas en el interior y amenazas en el exterior.

Después de algunos años de cierta tranquilidad, los escándalos de corrupción vuelven a invadir el debate público. La política queda secuestrada por los informes policiales, las causas judiciales y la cobertura mediática de todo ello. No es la primera vez, como todos ustedes saben. Ha ocurrido con gobiernos del PSOE y del PP en el pasado. En cada ronda de corrupción, parece que el sistema se viene abajo, pero luego llegan las elecciones, hay alternancia y se recupera una cierta esperanza en dejar atrás estos problemas, si bien los cimientos del sistema se resienten y resultan cada vez más endebles. La corrupción destruye la confianza en las instituciones y en la política más en general. La desesperanza que produce la corrupción abre las puertas a líderes “salvadores” que prometen cortar por lo sano.
Hace 50 años desapareció Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur). Medio siglo después, sigo pensando que fue una de las pocas personas dentro de ETA que entendió antes que nadie que la violencia nos llevaba a un abismo moral y humano del que tarde o temprano tendríamos que salir.
En el baloncesto, antes de sofisticarse, había una jugada que consistía en barrer la zona de ataque para que el más dotado se lanzara en solitario a la canasta. Era algo así como el servicio colectivo para la jugada individual. Pues en la política también se practica algo similar. Los que rodean a Alberto Núñez Feijóo han decidido que ha llegado la hora de que se juegue a solas la canasta definitiva. Esta impaciencia por hacerse con el Gobierno de la nación, cuando se disfruta de la gran mayoría de gobiernos autonómicos, provoca una perversa sensación de debilidad en el líder de la oposición. Lo chocante ha sido que en un momento en que la crisis por el precio de la vivienda se ha alzado como el gran problema de los españoles, especialmente los jóvenes, la dialéctica le haya empujado hacia postular los derechos registrales del concebido no nacido. Y por si faltaba ironía al asunto, resulta que coincide con la crítica algo errática contra la regularización de inmigrantes, una medida demandada por los empresarios, que son quienes piden cubrir sus necesidades de mano de obra.
Era un sábado de julio caluroso. 39º en Córdoba, 10º en León. Vientos moderados y mar en calma. Para la mayoría, el 18 de julio de 1936 empezó como un sábado cualquiera de verano: un día laborable, de limpieza general, de mercado, de cine, de juegos, de verbenas, de citas y bailes arrebatados. Mi abuela Pilar, maestra en la parroquia viguesa de Alcabre, había quedado con sus amigas para ir a las fiestas de Bouzas. Mi abuelo Arturo, maestro en un pueblo de Lugo, había salido de excursión por el monte. A ella los guardias la mandaron de vuelta a casa, sin fiesta ni baile, “por lo que estaba pasando”. Él bajó del monte, supo que lo buscaban y tuvo que huir sin despedidas. Mi abuela Maruja era muy niña, pero tenía una escena grabada. Su padre la llevaba de la mano mientras le pedía que no contase a nadie lo de aquel hombre asustado que huía ni que sabían dónde se escondía. Con seis años supo guardar el secreto tan bien como luego contar historias. Las suyas y las del abuelo Roberto.
Las calles adoquinadas del barrio viejo de Girona no están hechas para tacones. Su uso requiere el equilibrio de un funambulista, a riesgo de acabar de bruces, y con las rodillas peladas como un niño. Son zapatos capaces de elevar a quien los lleva y castigarla al mismo tiempo. Una forma de empoderamiento sufrido, que, como tantas otras cosas divertidas, funciona mejor como fantasía que como realidad.
Era solo el típico selfie de Nochevieja que se comparte en redes sociales, pero pronto, la imagen tomó un rumbo oscuro y su autora, Ruchi Kokcha, vio cómo versiones de esa fotografía en las que aparecía desnuda gracias a la IA corrían como la pólvora en internet en su país, India, sin que ella lo hubiera permitido ni pudiera hacer nada para frenarlo.

El centro de Barcelona empieza a vestirse ya de los colores del arcoíris para celebrar el Orgullo esta semana. También lo ha hecho Casa Cupra Raval desde su vistoso edificio del paseo de Gràcia. La tienda insignia de la histórica automovilística ha dejado de llamarse, aunque sea de forma temporal, Casa Seat y ha adoptado el nombre de su última apuesta, el primer vehículo 100% eléctrico diseñado, desarrollado y fabricado íntegramente en Europa. La buena noticia del lanzamiento de ese coche, que se hizo por todo lo alto con un mini concierto de Nathy Peluso en el centro de la capital catalana, no obvia la otra realidad menos agradable: que la marca Seat, que el año pasado cumplió tres cuartos de siglo, va quedándose rezagada.

Una familia extremeña ha denunciado públicamente la situación educativa que viven sus dos hijos gemelos, de nueve años, diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en el CEIP Jiménez Andrade, de Puebla de Obando, en la provincia de Badajoz. Aseguran que el colegio donde estudian no ha aplicado las adaptaciones previstas por la normativa para este tipo de alumnado. Tras más de un año de reclamaciones, los padres lamentan que no han recibido una respuesta efectiva por parte de la Junta de Extremadura (PP), pese a haber presentado informes médicos, documentación psicopedagógica y una solicitud formal de intervención ante la Inspección Educativa.
Mi amiga T. me cuenta lo mismo cada vez que nos vemos: siempre hay alguien que le echa menos edad de la que aparenta. Y lo cuenta siempre con aire triunfador, plenamente consciente de que ha ganado una batalla al tiempo y sintiéndose satisfecha por ello. En los últimos años, psicólogos y nutricionistas han advertido del peligro de juzgar el cuerpo de alguien, aunque sea en clave de piropo. Hemos aprendido que conviene no opinar sobre el peso o el aspecto de otros. No sabemos qué historia esconden esos kilos de más o de menos, ni qué circunstancias los explican. Hacer comentarios sobre la edad, sin embargo, sigue siendo aceptado, y considerar a alguien más joven es un halago. ¿Por qué? ¿Qué hay detrás de este culto a la juventud?