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Si a los maestros de primaria que sientan a los niños ante la obra de Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1983) se les ocurriera explicarles su pintura sin reducirla a un juego de formas y colores, se estarían jugando sus puestos de trabajo, porque el artista catalán es uno de los creadores que más lejos llevó la máxima de Picasso: “El arte es peligroso. Si es casto, no es arte”. La próxima publicación en Francia, el 3 de abril, de Loeb-Miró. Correspondances 1926-1936 (Norma) ayudará a entender el malestar íntimo de un pintor de apariencia inocente, es decir, su combate para conciliar la fuerza creativa de una pulsión erótica sin ataduras con su necesidad de orden y equilibrio.
Hubo un tiempo en que Cristo resucitaba tal día como ayer, en el llamado Sábado de Gloria. Aunque el Evangelio dice que el Redentor, antes de resucitar, pasó tres días enteros en el infierno, la Iglesia adelantó 24 horas su salida del sepulcro para que la alegría de la Resurrección, junto con el hondo sabor de las tahonas donde se horneaba la mona de Pascua, marcara la diferencia con el sabbat que celebraban los judíos. Ese día iba yo de niño con mis amigos por los barrancos de alrededor a buscar espárragos silvestres y desde allí oía el repique general de campanas que llegaba del pueblo. Al principio, ignoraba a qué se debía semejante jolgorio y ante mi sorpresa alguien me dijo que las campanas tocaban a gloria porque Dios había resucitado. Ese milagro lo llevo asociado a la tortilla de espárragos silvestres que me hacía mi madre para la merienda de Pascua por el campo, que entonces olía a azahar y a pólvora de los petardos. En aquellos años se llevaban los tebeos de Hazañas Bélicas, en los que un soldado desconocido en nombre de la paz mataba sin misericordia a todo aquel que tenía por enemigo. Aquella tortilla de espárragos se ha perdido en el olvido, pero las hazañas bélicas constituyen hoy una realidad muy cruel a cargo de los tres dioses monoteístas, Alá por los musulmanes, Yahvé por los judíos y Jesucristo Dios por los cristianos, los tres metidos en guerra. Cada uno marca su propio territorio e infecta la mente de sus fieles con un odio irreconciliable. Este año, las monas de Pascua están hechas de dinamita. Nadie habla de muertos. Los tres dioses monoteístas ya no se alimentan de plegarias, sino de petróleo, solo de petróleo. Al parecer, lo único que les interesa son barriles de crudo, misiles, drones, bombas de racimo y aviones. En estos días de primavera, aun en medio de esta Pascua de sangre, todo el mundo puede resucitar a su manera como lo hace el Dios de los cristianos. En mi caso, la resurrección no es muy distinta de aquella tortilla de espárragos.

A lomos de su rocín flaco, entre desagravios y entuertos, afirma don Quijote que la libertad es uno de los más preciosos dones, por encima de los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Aplaudimos esas palabras al unísono. Sin embargo, muchas de las voces que sacralizan la autonomía individual se enfurecen contra sus efectos. Añoran las ciudades sin inmigrantes, las tradiciones sólidas, el idioma único, la sangre sin mezcla. Cunde la ansiedad porque en este océano de posibilidades se diluyen nuestras costumbres de siempre, emergen valores nuevos y fluyen identidades líquidas. Los nostálgicos de la uniformidad parecen ignorar que la fuente de todas las diversidades es, precisamente, la libertad.

Sara Aagesen (Madrid, 49 años) representa uno de los principales sellos de identidad del Gobierno: el de la lucha contra el cambio climático y la apuesta por la transición verde. El Ejecutivo ha dejado patente esa prioridad dándole rango de vicepresidenta tercera. Paradojas de la política, cuando esa bandera de la ecología ondeaba con menos ímpetu por la reacción negacionista de la ultraderecha, una ola creciente en el mundo, ha tenido que ser su gran líder estadounidense quien ha mostrado a Europa el valor de la energía renovable como fuente de autonomía estratégica al generar una crisis petrolera por la guerra de Oriente Próximo.



Cuando las primeras bombas de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní cayeron sobre Teherán, el 28 de febrero, Raúl Díaz-Varela recordó el impacto que en 2022 tuvo la invasión rusa de Ucrania en el sector farmacéutico. “El precio del paracetamol se disparó en los mercados internacionales de cinco a 12 euros el kilo y el comercio de medicamentos esenciales de Asia a Europa quedó sumido en la incertidumbre”, rememora el presidente de Kern Pharma, una de las tres mayores empresas españolas de fármacos genéricos.


El coordinador federal de IU y candidato de Por Andalucía a la presidencia de la Junta, Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 59 años), cree que el pacto alcanzado por IU, Podemos, Movimiento Sumar y otras cuatro fuerzas de izquierda este viernes supone “un punto de inflexión que no se va a quedar solamente en Andalucía, porque se abre ya un carril del que es difícil de salir”.


Desde hace tres meses, tres páginas de una sentencia exprés de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo sostienen en la presidencia de Venezuela de Delcy Rodríguez. Hasta inicios de 2026 vicepresidenta de Nicolás Maduro, Rodríguez asumió como encargada del Poder Ejecutivo gracias a una medida cautelar “urgente y preventiva” dictada tras la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero pasado por un comando enviado por Estados Unidos a Caracas. El chavismo se las ingenió así para, con la anuencia de Donald Trump, dar un formato legal a su permanencia en el poder.

A cartón. Así es como huelen las mudanzas, y todo aquel que haya pasado por alguna en los últimos años ―prácticamente ocho de cada diez personas en España, según los últimos estudios de movilidad―, sabe lo estresante y angustioso que pueden llegar a ser. Empaquetar primero, y trasladar después todos aquellos elementos que definen la vida (material) de un individuo no suele ser plato de buen gusto. De hecho, siete de cada diez mudados aseguran odiarlo.

Quedamos a la una de la tarde en la desierta cafetería de un hotel con vistas de 180 grados sobre la atestada Gran Vía madrileña, la misma que él divisa, unos números más arriba, desde su mesa de trabajo en la redacción de la cadena SER. Ahí lleva 20 años contándoles la vida a los oyentes desde distintas perspectivas, pero la misma mirada de periodista de calle que nunca quiso ser otra cosa. Primero, madrugando como redactor en Hoy por Hoy y, desde julio de 2021, trasnochando como director y presentador de Hora 25, el programa líder de la noche de la radio española. Aimar llega relajado y de un humor inmejorable. A estas horas, un martes cualquiera, ya estaría inmerso en la vorágine de la jornada informativa, pero está de vacaciones de Semana Santa como las estrellas de la casa, y aprovecha las mañanas para ultimar los preparativos de La noche de Aimar, el programa de televisión que prepara con Ana Pastor y que se estrena próximamente en La Sexta. Se le ve más delgado. Y no solo por los nervios.

En 2026, Aimar Bretos Loidi (San Sebastián, 39 años), cumple 40 años de vida, 20 de carrera y 5 como director y presentador del programa nocturno más escuchado de la radio española, Hora 25, en la cadena SER. También será el año de su desembarco en un programa en horario de máxima audiencia en la televisión privada en España. Se llama La noche de Aimar, así, con su nombre por bandera, y se estrena en las próximas semanas. Bretos, que empezó a trabajar en la SER después de enviar unos audios pidiendo pista, cree que tiene energía para compaginar ambos medios. Para eso, además de para mantener el estrés y bajar el colesterol y la tensión, entrena una hora diaria a primera hora de la mañana, de la que sale "con las pilas puestas" para estar "enchufado" a la actualidad todo el santo día y que le duren hasta la medianoche.
Cuando los vigilantes morales de los cuentos ponen sus sucias manos sobre los mitos fundacionales de la narrativa oral, me pregunto por qué en vez de empeñarse en corregir lo viejo no se inventan personajes adecuados al presente. Es lo que hizo Roald Dahl con astucia: inventó nuevos héroes y heroínas, aunque jamás desdeñó la esencia de esas historias resistentes al tiempo como el pedernal. Los malvados de Dahl lo son sin redención posible; en cambio, los buenos brillan por su inteligencia y valentía. Esta tensa dualidad, sumada a la desbordante fantasía de sus novelas, convirtió a Dahl en el autor más querido de la infancia. Es, sin duda, una idea maniquea de la vida que tal vez procediera de la propia infancia del autor en un internado inglés donde maltrataban tanto maestros como estudiantes mayores, todos empeñados en destrozar la infancia de un niño que miraba cada noche por la ventana hacia el punto cardinal donde suponía que estaba el hogar materno.