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Sara Aagesen (Madrid, 49 años) representa uno de los principales sellos de identidad del Gobierno: el de la lucha contra el cambio climático y la apuesta por la transición verde. El Ejecutivo ha dejado patente esa prioridad dándole rango de vicepresidenta tercera. Paradojas de la política, cuando esa bandera de la ecología ondeaba con menos ímpetu por la reacción negacionista de la ultraderecha, una ola creciente en el mundo, ha tenido que ser su gran líder estadounidense quien ha mostrado a Europa el valor de la energía renovable como fuente de autonomía estratégica al generar una crisis petrolera por la guerra de Oriente Próximo.



Cuando las primeras bombas de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní cayeron sobre Teherán, el 28 de febrero, Raúl Díaz-Varela recordó el impacto que en 2022 tuvo la invasión rusa de Ucrania en el sector farmacéutico. “El precio del paracetamol se disparó en los mercados internacionales de cinco a 12 euros el kilo y el comercio de medicamentos esenciales de Asia a Europa quedó sumido en la incertidumbre”, rememora el presidente de Kern Pharma, una de las tres mayores empresas españolas de fármacos genéricos.


El coordinador federal de IU y candidato de Por Andalucía a la presidencia de la Junta, Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 59 años), cree que el pacto alcanzado por IU, Podemos, Movimiento Sumar y otras cuatro fuerzas de izquierda este viernes supone “un punto de inflexión que no se va a quedar solamente en Andalucía, porque se abre ya un carril del que es difícil de salir”.


Desde hace tres meses, tres páginas de una sentencia exprés de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo sostienen en la presidencia de Venezuela de Delcy Rodríguez. Hasta inicios de 2026 vicepresidenta de Nicolás Maduro, Rodríguez asumió como encargada del Poder Ejecutivo gracias a una medida cautelar “urgente y preventiva” dictada tras la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero pasado por un comando enviado por Estados Unidos a Caracas. El chavismo se las ingenió así para, con la anuencia de Donald Trump, dar un formato legal a su permanencia en el poder.

Quedamos a la una de la tarde en la desierta cafetería de un hotel con vistas de 180 grados sobre la atestada Gran Vía madrileña, la misma que él divisa, unos números más arriba, desde su mesa de trabajo en la redacción de la cadena SER. Ahí lleva 20 años contándoles la vida a los oyentes desde distintas perspectivas, pero la misma mirada de periodista de calle que nunca quiso ser otra cosa. Primero, madrugando como redactor en Hoy por Hoy y, desde julio de 2021, trasnochando como director y presentador de Hora 25, el programa líder de la noche de la radio española. Aimar llega relajado y de un humor inmejorable. A estas horas, un martes cualquiera, ya estaría inmerso en la vorágine de la jornada informativa, pero está de vacaciones de Semana Santa como las estrellas de la casa, y aprovecha las mañanas para ultimar los preparativos de La noche de Aimar, el programa de televisión que prepara con Ana Pastor y que se estrena próximamente en La Sexta. Se le ve más delgado. Y no solo por los nervios.

En 2026, Aimar Bretos Loidi (San Sebastián, 39 años), cumple 40 años de vida, 20 de carrera y 5 como director y presentador del programa nocturno más escuchado de la radio española, Hora 25, en la cadena SER. También será el año de su desembarco en un programa en horario de máxima audiencia en la televisión privada en España. Se llama La noche de Aimar, así, con su nombre por bandera, y se estrena en las próximas semanas. Bretos, que empezó a trabajar en la SER después de enviar unos audios pidiendo pista, cree que tiene energía para compaginar ambos medios. Para eso, además de para mantener el estrés y bajar el colesterol y la tensión, entrena una hora diaria a primera hora de la mañana, de la que sale "con las pilas puestas" para estar "enchufado" a la actualidad todo el santo día y que le duren hasta la medianoche.

En las elecciones que se celebren el año que viene, podrán votar españoles que no habían nacido en febrero de 2009, cuando se produjeron las primeras detenciones del caso Gürtel. Españoles que desconocen la línea de puntos que llevó de una investigación de contratos amañados a una sobre la financiación del PP; y después, a otra sobre una operación de Estado orquestada desde la cúpula de Interior para desactivar al tesorero del partido, Luis Bárcenas, cuando amenazó con tirar de la manta. Este aberrante episodio se conoció como caso Kitchen y llega a juicio mañana, lunes. Se sientan en el banquillo el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, junto con su número dos y varios altos mandos policiales.
Hubo un tiempo en que Cristo resucitaba tal día como ayer, en el llamado Sábado de Gloria. Aunque el Evangelio dice que el Redentor, antes de resucitar, pasó tres días enteros en el infierno, la Iglesia adelantó 24 horas su salida del sepulcro para que la alegría de la Resurrección, junto con el hondo sabor de las tahonas donde se horneaba la mona de Pascua, marcara la diferencia con el sabbat que celebraban los judíos. Ese día iba yo de niño con mis amigos por los barrancos de alrededor a buscar espárragos silvestres y desde allí oía el repique general de campanas que llegaba del pueblo. Al principio, ignoraba a qué se debía semejante jolgorio y ante mi sorpresa alguien me dijo que las campanas tocaban a gloria porque Dios había resucitado. Ese milagro lo llevo asociado a la tortilla de espárragos silvestres que me hacía mi madre para la merienda de Pascua por el campo, que entonces olía a azahar y a pólvora de los petardos. En aquellos años se llevaban los tebeos de Hazañas Bélicas, en los que un soldado desconocido en nombre de la paz mataba sin misericordia a todo aquel que tenía por enemigo. Aquella tortilla de espárragos se ha perdido en el olvido, pero las hazañas bélicas constituyen hoy una realidad muy cruel a cargo de los tres dioses monoteístas, Alá por los musulmanes, Yahvé por los judíos y Jesucristo Dios por los cristianos, los tres metidos en guerra. Cada uno marca su propio territorio e infecta la mente de sus fieles con un odio irreconciliable. Este año, las monas de Pascua están hechas de dinamita. Nadie habla de muertos. Los tres dioses monoteístas ya no se alimentan de plegarias, sino de petróleo, solo de petróleo. Al parecer, lo único que les interesa son barriles de crudo, misiles, drones, bombas de racimo y aviones. En estos días de primavera, aun en medio de esta Pascua de sangre, todo el mundo puede resucitar a su manera como lo hace el Dios de los cristianos. En mi caso, la resurrección no es muy distinta de aquella tortilla de espárragos.
La guerra en Irán es una nueva muestra de cómo los conflictos internacionales acaban teniendo consecuencias globales inmediatas. Mientras las potencias juegan a la escalada militar, la ciudadanía, tanto en la región como en Europa, ya sufre los efectos: el aumento de los precios de la energía y de la gasolina, la incertidumbre económica y el miedo a una expansión del conflicto. Resulta preocupante la normalización de una guerra que puede desestabilizar todo Oriente Próximo y tener repercusiones mundiales. La diplomacia tendría que ser la prioridad, no el último recurso. Nos hemos acostumbrado demasiado rápido a vivir en un mundo en tensión permanente, como si fuera inevitable. Pero no lo es.

A cartón. Así es como huelen las mudanzas, y todo aquel que haya pasado por alguna en los últimos años ―prácticamente ocho de cada diez personas en España, según los últimos estudios de movilidad―, sabe lo estresante y angustioso que pueden llegar a ser. Empaquetar primero, y trasladar después todos aquellos elementos que definen la vida (material) de un individuo no suele ser plato de buen gusto. De hecho, siete de cada diez mudados aseguran odiarlo.
En los dos últimos años, al menos cinco altos mandos de la Policía Nacional y varios de la Guardia Civil encargados de la lucha contra la droga han sido detenidos por presuntos vínculos con las bandas a las que decían perseguir. En puntos tan distantes como Valladolid, Baleares, Murcia, Galicia, Madrid o Sevilla, las más de 123 toneladas de cocaína incautadas en España en 2024 son una tentación mal vigilada que entra en cualquier comisaría. El último ejemplo es el jefe de Estupefacientes de la Policía Nacional de Valladolid, Luis Fernández, quien el pasado viernes iba a protagonizar una surrealista declaración desde la cárcel. En esa testifical, tenía que detallar lo que sabía de la Operación Churruca, el mayor golpe contra el narcotráfico en Castilla y León, que dirigió y de la que luego supuestamente se benefició, motivo por el que está en prisión provisional. Al final, la Fiscalía renunció a su testimonio.