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Sequedad, picazón, tirantez, enrojecimiento o sensación de incomodidad: así se manifiesta la piel atópica y sensible. Quienes conviven con ella saben que hidratar y calmar son dos pasos esenciales en una rutina de cuidado.






El Málaga TechPark, conocido hasta hace unos años como Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), ha superado ya los 29.000 trabajadores en 719 empresas que facturan casi 5.000 millones de euros. Son cifras, ofrecidas este lunes, que permiten al espacio representar hasta el 30% del PIB de la ciudad andaluza y mantenerse como un claro generador de “oportunidades de empleo”, según dijo el alcalde, Francisco de la Torre (PP). El Málaga TechPark, donde el Gobierno impulsa un centro de fabricación de semiconductores, mira al futuro con optimismo en busca de alcanzar los 50.000 trabajadores en un periodo de “entre cinco y seis años”, según su presidente, Felipe Romera. Un crecimiento, eso sí, que le enfrenta a un reto, el de la movilidad, que puede ahogar su crecimiento como ya hizo en el pasado. Hoy los permanentes atascos en sus accesos son un mal recuerdo, pero nadie sabe si volverán mientras la Junta de Andalucía estudia si merece la pena llevar hasta allí el Metro y el Gobierno mantiene guardado en un cajón la posibilidad de ampliar el Cercanías hasta su puerta.


La inestabilidad regresará a España con la borrasca Therese. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha emitido un aviso especial debido a la formación de esta nueva borrasca que irá ganando fuerza y provocará un episodio de mal tiempo en Canarias durante los próximos días. A partir de este jueves y durante el resto de la semana habrá un temporal de viento, lluvia y mala mar. El portavoz de la Agencia, Rubén del Campo, ha señalado que las rachas de viento serán intensas en las islas con lluvias fuertes y olas que podrán superar los cuatro metros.

La silueta de la cigüeña blanca sobre torres y campanarios en las diferentes localidades de Extremadura forma parte del imaginario colectivo, sin embargo, esa estampa está desapareciendo en los últimos años.

Dos días antes de celebrarse la Copa del Rey de hockey patines, en Sant Sadurní d’Anoia rezuma la calma, solo trastocada por las animadas conversaciones en los bares, ahora que ya hay colgado algún cartel por el pueblo que anuncia el evento. Saben los lugareños que desde este jueves hasta el domingo las calles serán una fiesta, todas las aficiones hermanadas hasta que la bola empiece a rodar. Un festejo que, sin embargo, en la casa de los Aragonés no se celebra todavía, ya que Jordi y Rosa no quieren que haya un perdedor, al menos en el primer envite del torneo, donde se enfrenta el Noia con el Barcelona. Resulta que sus hijos Xavi y Sergi juegan a cada lado de la pista, uno de rojo y el otro de azulgrana. “El Barça es mucho Barça, pero el año pasado ya les ganamos y sabemos que podemos volver a hacerlo”, reflexiona Xavi, con una sonrisa picarona; “pero tampoco me cebé mucho porque él me ha ganado muchas veces y no hizo sangre”. Replica Sergi: “Esta vez no vas a ganar. Llevamos ya un tiempo concentrados y pensando en este encuentro porque no queremos que se repita la historia”. Ambos están sentados alrededor de la mesa familiar y ya han acordado que esta conversación con EL PAÍS será la última sobre el tema hasta que no acabe el duelo, que ahora es momento de distanciarse para pensar hacia dentro.

Que Ted Sarandos fuese objeto de las bromas de Conan O’Brien durante los Oscar refleja el impacto cultural de su plataforma. Fue hilarante el gag que versionaba Casablanca para los que ven películas mirando el móvil, aunque asusta más que la tía Gladys. Auguran que Netflix acabará con el cine; lo curioso es que cuando nació se decía que llegaba para salvar la televisión. En sus inicios, antes de que se dedicase a producir telefilmes de sobremesa de ocho capítulos (a favor de los telefilmes, pero si duran noventa minutos), nos ofreció series deslumbrantes como House of Cards y Orange Is the New Black. La primera era pura sofisticación y algunos se creyeron que la política era así: un ballet de asesores intrigantes y gobernantes taimados que siempre van dos pasos por delante, ¡ja! También se creían que era como Borgen, ¡ja ja! La segunda reflejaba las consecuencias de la política.
Sostiene Björn Vedder, autor del ensayo Rosa, que ver los colores es interpretar el mundo. Así, el filósofo alemán ofrece argumentos sobre la enorme vitalidad de un color a veces subestimado y se sirve de él para hacer un repaso de historia cultural. Sus más de 129 tonos documentados y sus ejemplos —desde Madame Pompadour hasta Barbie, pasando por las nubes protectoras de autores como Boris Vian— ofrecen un recuento de cómo el rosa ha sido abordado, rechazado y resignificado a través de los siglos, desde sus primeras apariciones simbólicas hasta su presencia casi omnipresente en la cultura visual contemporánea, con el rosa en las bicicletas, en los aviones, en los juguetes, en los muebles, en las bebidas o en los macarons de las pastelerías.

Un escritor se traslada a Nueva York para cumplir con el encargo de escribir un libro (en principio, una biografía) acerca de Benjamin Fondane, un personaje fascinante, poeta y cineasta, discípulo de León Chestov (ambos, Fondane y Chestov, están siendo rescatados en castellano por Hermida Editores: les garantizo que el segundo es espléndido, al primero pienso leerlo de inmediato). El escritor logra producir un único párrafo, largo y denso, sobre la vida y la obra de Fondane, y luego no consigue avanzar más, porque lo asaltan un intenso dolor físico y un “acontecimiento” (un término que me recuerda a la “situación” de Kierkegaard, no en vano Chestov fue el mejor lector del filósofo danés y hay algo de existencialismo renovado o en eco en las páginas que comento hoy). No, no avanza más en la escritura el narrador, aunque en realidad sí que lo hace, a lo largo de siete largas notas a pie de página que, de hecho, acabarán por constituir los siete capítulos de la nueva novela de Patricio Pron (Rosario, 1975), En todo hay una grieta y por ella entra la luz, excepcional, arborescente y con un final de trascendencia esperanzada que no creo que vaya a olvidar jamás.

El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos atacaron Irán. Unas horas después, Irán cortó internet en todo el país, hasta hoy. Pero ese día ocurrió también algo poco común: una estación de números empezó a emitir en farsi una serie de cifras. Eso es toda la emisión, que comienza con un aviso: “¡Atención!”. Y luego “dos, seis, nueve, cero, cuatro...”. Se repite varias veces al día en horarios fijos y se puede escuchar a miles de kilómetros. El origen de esa emisión en farsi, el idioma que se habla en Irán, parece ser el centro de Europa y el destino podría ser algún lugar dentro del país donde agentes u operativos tendrán un libro especial de códigos para convertir esos números en texto. Pero nadie confirma nada ni hay comunicados públicos sobre quién es o no es el emisor de este mensaje, adelantado por el Financial Times. A esta estación que emite la enigmática señal de número en farsi se la ha llamado V32.
El hijo mayor de Juan (nombre ficticio), empezó a consumir cannabis con apenas 15 años. Con 17 inició su peregrinaje por unidades de conductas adictivas. A sus 22 años, ha sido atendido en numerosas ocasiones en la unidad de psiquiatría de su hospital de referencia por trastorno bipolar, patología dual e intentos de suicidio, y en la actualidad se encuentra ingresado nuevamente en estado grave. “Mirando hacia atrás, posiblemente nuestro hijo fue un TDHA [Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad] de libro, pero los colegios no estaban ni están preparados para detectarlo, así que posiblemente su recorrido ha sido TDHA, bullying, adicción al cannabis, bipolaridad”, explica.
