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No supone ninguna exageración tipificar como espías al servicio de Vladímir Putin en la UE al primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, y a su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó. Ambos han actuado como auténticos agentes del Kremlin proporcionando información sensible en directo sobre las reuniones y los debates de los organismos europeos en Bruselas, defendiendo posiciones favorables a Rusia e incluso abogando por el levantamiento de sanciones personales a petición del ministro de Exteriores ruso, Serguei Lávrov. Pocas dudas puede haber, tras la publicación de dos investigaciones periodísticas, en EE UU y en Bruselas, sobre la acción coordinada e incluso el seguimiento de las instrucciones concretas del Kremlin por parte del Gobierno de Orbán.
América, para los americanos (1): Panamá. En las últimas décadas, China ha ido afianzando su presencia en América Latina, desarrollando infraestructuras y mercados a través de la Franja y la Ruta. Al poco de tomar posesión, Trump lanzó el primer intento de arrebatar a las empresas chinas el control del canal de Panamá, arteria que conecta los océanos Atlántico y Pacífico. La presión dio sus frutos: a finales de enero la Corte Suprema panameña declaró inconstitucional el contrato de concesión otorgado en 1997 a una filial de la multinacional CK Hutchinson (con sede en Hong Kong) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. La ofensiva se inscribe en una lógica más amplia. Trump ha desempolvado y actualizado la doctrina Monroe: la Estrategia Nacional de Seguridad establece que Estados Unidos no tolerará potencias extranjeras en el hemisferio occidental —salvo países aliados—, y menos en su propio patio trasero. No será fácil. El Centro Brookings advierte de que la influencia económica de China sobre Sudamérica ha superado a la norteamericana; el último documento del Partido Comunista Chino sobre la región —publicado en 2025— pide además a los países latinoamericanos que apoyen la “reunificación nacional” —eufemismo para Taiwán— y se sumen al nuevo orden internacional de un “futuro compartido para la humanidad”. De modo paradójico, advierte el think tank, en la medida en que Washington se centre en el hemisferio occidental se arriesga a desviar los recursos que necesita en el escenario que realmente importa: el Indo-Pacífico.

Al ciudadano de este país al que desde el poder se le reclama permanentemente su atención por motivos de signo e importancia muy diversa (de una guerra global a algún llamativo episodio de acoso, de la inmigración al resultado de unas elecciones autonómicas, del cambio climático a un caso de corrupción del adversario) se le está hurtando, con tanto ruido, la respuesta a la que quizá constituya la madre de todas las preguntas: ¿cuál es el plan? Porque, para empezar, aquellos que, desde hace ya un tiempo, han convertido en el eje de su discurso político alertarnos del peligro del triunfo electoral del PP, tan proclive a pactar con Vox, no parecen preocupados por dejarles en herencia no solo unas herramientas legislativas e institucionales cuestionables, sino también unos precedentes indeseables (como poner en marcha una profunda transformación de la estructura fiscal del Estado con la simple base de un acuerdo de investidura entre dos partidos de ámbito autonómico). Con el agravante de que quienes hubieran promovido semejantes deterioros carecerían de la menor autoridad para criticarlo luego, cuando les tocara ejercer de oposición.
Escribo con la impotencia de quien, tras vivir en el barrio sevillano de Triana más de un tercio de su vida, se siente ahora expulsada de su raíz. Llevo 10 años como profesora interina y, a mis 45 años, la especulación me arranca de mis calles. Mi casero sube el alquiler más de 200 euros porque “pierde dinero” frente a lo que pagarían parejas o extranjeros. Para una mujer soltera de familia obrera, sin avales ni herencias, el alquiler es una soga y la compra una utopía. Duele el abandono institucional: el Bono Cultural Joven me ignora por mi edad y las ayudas olvidan a los inquilinos maduros. Somos invisibles: demasiado mayores para recibir apoyo y demasiado precarios para acceder a una vivienda digna, ese derecho que el Artículo 47 de la Constitución parece haber olvidado para nosotros. En pleno año de oposiciones, pierdo mi autonomía y vuelvo a casa de mi madre, quien debe alquilar habitaciones para subsistir. Señores políticos, es urgente regular los precios. Si no frenan esta locura, tendrán barrios de postal, pero vacíos de sevillanos. Triana se convierte en un escaparate de lujo donde quienes le damos vida ya no tenemos sitio.
Mohamed Reda es un egipcio de mediana edad casado y con dos hijos adolescentes con los que se le cae la baba a chorro. Reda tiene dos carreras: Egiptología y Filología Hispánica, aunque chapurrea más idiomas que Duolingo, y trabaja 18 horas al día siete días a la semana pastoreando a turistas en un viaje de ensueño: cuatro noches de crucero por el Nilo y tres en un hotelazo de El Cairo descubriendo las maravillas de Egipto con los pulmones sin resuello ante tanta belleza y el corazón en un puño ante los niños descalzos, los ancianos paupérrimos y las montañas de basura que los rodean. A primera vista, Reda parece inmunizado ante una cosa y la otra. Callo le sobra. Gasta verbo de seda y voluntad de hierro. Hace un par de semanas, en pleno Ramadán, sin comer ni beber hasta las seis de la tarde habiéndose levantado a las dos de la mañana, llevaba derechos como a velas a un grupo de 25 españoles, cada uno de su padre, su madre y su hecho diferencial autonómico a cuestas, llamándolos a cada uno por su nombre y un genérico "habibi" (cariño) como si fueran de su familia. Lo sé porque yo era una de ellas.

Cataluña vive una transformación demográfica que también está reconfigurando su mapa religioso. En las últimas dos décadas, el número de iglesias evangélicas ha pasado de 341 en 2004 a 894 en 2025. Solo en Barcelona, estos centros están a punto de igualar a las iglesias católicas, 208 frente a 225. El conjunto, que incluye iglesias del movimiento pentecostal y neopentecostal, no es homogéneo, pero comparten patrones similares: la centralidad de la teología de la prosperidad, posiciones conservadoras en cuestiones como el aborto o las identidades sexuales y la figura de un líder carismático como central para la apertura de nuevos centros, un proceso que en Cataluña no suele presentar grandes obstáculos. “Son iglesias cuya fuerza motora es la población migrante latina, espacios que proporcionan un tejido social importante durante todo el proceso migratorio”, afirma Antonio Montañés Jiménez, doctor en Antropología de la religión por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador afiliado a la Universidad de Oxford.

La gasolina sigue más cara que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo en cuatro de cada cinco gasolineras españolas. El diésel, en todas. Los españoles que han repostado durante la Semana Santa, la mayor Operación Salida del año, se han encontrado con los carburantes más caros que antes del conflicto: la gasolina costaba este miércoles un 5% más que el 27 de febrero y el diésel, un 30% más. No son los precios más altos del último mes: la gasolina llegó a subir un 23% y el diésel hasta un 37%, y solo se contuvieron con la rebaja fiscal que aprobó el Gobierno mediante decreto-ley el pasado 20 de marzo, que redujo el IVA de los combustibles del 21% al 10%.

Llevamos varias décadas nombrando, señalando y tratando de abordar el complejo fenómeno del acoso escolar. Campañas de sensibilización, charlas, protocolos de actuación. Sin embargo, cada curso volvemos a ser testigos de historias que muestran que la problemática sigue produciéndose con una intensidad preocupantemente similar. Quizá esto pueda tener que ver con que seguimos abordando el fenómeno desde algunas premisas que generan tranquilidad social, pero que resultan profundamente engañosas.
Los médicos que atendían a Mila Magnani (26 años, Ciudad de México) le decían que era imposible que tuviera síndrome de ovario poliquístico (SOP) porque era delgada. “Me explicaban que alguien con SOP debía tener sobrepeso y verse mal”, recuerda. Ni la fatiga, ni el acné, ni el vello visible en su cara o el retraso constante de su periodo encendieron las alertas necesarias para que alguien sospechara que tenía esta afección hormonal que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a una de cada siete mujeres, aunque se estima que el 70% de las que lo padecen no ha recibido un diagnóstico correcto. Magnani fue de las primeras personas en hablar al respecto en internet y “sin querer”, dice, se convirtió en un referente para miles de mujeres que se identificaron con su contenido. Hoy cuenta con más de medio millón de seguidores en TikTok y cerca de 200.000 en Instagram.