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Ninguna encuesta ha esbozado la posibilidad de cambio en Andalucía, pero Juan Manuel Moreno (Barcelona, 56 años) es el candidato que más kilómetros ha recorrido en esta campaña. Ha sido costalero de la Virgen de la Cabeza y cantante. Ha sido y ha hecho de todo porque su principal rival, dice, es el exceso de confianza. Su estrategia es ganar estas elecciones por el centro y por eso, tras años de durísima oposición al PSOE en Andalucía, se corrige cuando critica a los socialistas (“perdón, sanchistas”, apostilla). La suya es una carrera política singular: logró en 2019 la alternancia en Andalucía con el peor resultado de la historia del PP, fue el primer barón popular en pactar con Vox y ahora se desmarca abiertamente de los acuerdos de sus compañeros en Extremadura y Aragón, ambos sellados con el aval de Alberto Núñez Feijóo.


Tras pinchar en febrero en Aragón y en marzo en Castilla y León, Alvise Pérez lo intenta por tercera vez en unas autonómicas. Esta vez será en su tierra, Andalucía. El partido Se Acabó La Fiesta (SALF), montado por el eurodiputado sevillano, aspira este domingo a dar una sorpresa mayúscula en las elecciones y meterse en el Parlamento. Pérez incluso fantasea con ser decisivo. Con los sondeos en contra, el agitador ultraderechista, difusor de bulos y teorías de la conspiración, inmerso en diversos problemas judiciales, ha elegido fórmula para encarar el desafío: victimismo, toneladas de victimismo. Mientras trata de que los suyos desoigan el desalentador mensaje de que la única utilidad de SALF es quitar escaños a Vox, Pérez eleva al paroxismo su discurso de hombre con todo en contra y reafirma su convicción de presentarse a las próximas generales.

La vivienda está de récord en Andalucía. Según las cifras del portal inmobiliario Idealista, el precio del metro cuadrado está más alto que nunca en Málaga, Sevilla, Cádiz y Granada, donde viven casi seis millones de personas, el 70% de los andaluces. Y en Huelva ronda ya su máximo histórico, alcanzado durante la burbuja que explotó en 2008. La escasa oferta, la alta demanda, la falta de suelo, la exigua promoción pública, el incremento de los costes de construcción o el peso de los fondos de inversión en el mercado inmobiliario son algunos de los factores que los expertos creen que marcan la situación. Pero todos señalan a uno especial: el turismo, que afecta tanto que el 40% de los jóvenes considera que comprar o alquilar una casa le genera un problema que afecta a su salud, según una encuesta publicada el año pasado por la Junta de Andalucía. La comunidad es la tercera donde más suben los alquileres tras la valenciana e Islas Baleares, según los últimos datos del INE.

“Cuando un cerebro no da para más, ocurren aberraciones como estas”, resume un seguidor de la Gargopedia, un espacio de divulgación en red creado por la historiadora del arte Dolores Herrero, la mayor especialista en gárgolas y quimeras de España. Otros lectores piden dimisiones, alguno exige ver ”la cara” de quien decidió y aprobó tamaño desaguisado. Los comentarios se encadenan a la vista de una de las estampas más repetidas en la prensa gallega en las últimas semanas: un surtidor en forma de varón desnudo que hasta hace unos meses (y desde el siglo XVI) enseñaba, agachado, sus genitales mientras dejaba brotar el agua pluvial por su ano. Era el juego simbólico o burlesco de un cantero del Renacimiento, pero ahora está, según describe la gente, “empalado”, ”colonoscopizado”, “sodomizado” por una larga cañería de cobre instalada durante la millonaria restauración del parador que impulsa Turespaña (Ministerio de Industria y Turismo).
Llevo desde ayer con una cancioncilla martilleándome el pensamiento. Y todo por culpa de un señor del que no sé casi nada: Florentino Pérez. El presidente pidió “que pregunte esa niña, que los demás sois muy feos”, y yo viajé hasta la calle en la que saltaba a la comba de pequeña y ya no he podido dejar de cantar: “Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero”. Ya entonces me parecía una letra inquietante, tal vez porque mi madre venía alertándome sobre el peligro de aceptar caramelos o dinero de desconocidos, más cuando el ofrecimiento es por ser “bonita”. Vamos, que yo veo ahí un pedófilo de manual. Aunque también podría tratarse de un simple paternalista. Menos mal que la afectada le responde al barquero con todas las letras diciéndole que se meta por donde le quepa su viaje gratis (“yo no soy bonita, ni lo quiero ser, yo pago dinero, como una mujer”).
La ilusión de miles de migrantes que han ido recibiendo la admisión a trámite de su solicitud de regularización pasa ahora por unos momentos de inquietud, porque no acaban de recibir el número de la Seguridad Social que posibilita la firma de un contrato formal de trabajo. Son miles los expedientes en suspenso que acumulan ya los abogados sin haber recibido más comunicaciones. Cada mañana, Katerine, Adonái o Joel tienen como primera tarea mirar el buzón. ”Y nada”, ríe al teléfono la cubana Katerine Aguilar, que espera el número que le permitirá colocarse en una pizzería de su pueblo en Barcelona, Vilanova i la Geltrú. Mientras, siguen desempeñándose en lo que pueden, la limpieza, la construcción: “Nos vamos defendiendo con lo que va apareciendo”, dice optimista.
Son dos los episodios que han levantado sospechas acerca de la seguridad en los cruceros en un momento en el que muchas familias planifican sus vacaciones de verano. Un brote de norovirus en el navío Ambition obligó a 1.700 personas a permanecer confinadas a bordo, cerca de la costa de Burdeos (Francia). Aunque en este barco hubo un muerto, un hombre de 92 años, este jueves se conoció que fue por un ataque cardiaco no relacionado con el virus. Pero el incidente parece la segunda entrega de una saga que comenzó hace menos de un mes con otro lance mucho más trágico, porque el coste en vidas humanas ha sido mayor y porque todavía no se conoce cuál será su verdadero impacto: el brote de hantavirus en el MV Hondius, que mató a tres pasajeros y ha obligado a más de 100 a guardar cuarentena. A pesar de que el barco lleva semanas siendo noticia por este terrible incidente, la naviera que lo gestiona, Oceanwide, confía en que sus clientes vuelvan a atreverse a subir a bordo. “Esperamos que la nave siga operando”, han señalado a EL PAÍS.
La opinión pública, a veces, es una perfecta picadora de carne humana: carente de consciencia, en ocasiones, y sin atisbo de empatía, en otras. La consecuencia directa de las profesiones artísticas (con relevancia pública) es convertirse en alguien cercano para miles de desconocidos y prestarse, involuntariamente, a que los puntos de vista ajenos se manifiesten en formato de sentencias para ser difundidos en las redes sociales a la velocidad de la luz. Tanto las críticas constructivas (positivas o negativas) como el linchamiento público contribuyen a la arquitectura de la reputación.
La ministra de Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, advertía ya en septiembre del boicot a Eurovisión que se fraguaba entre varios países, entre ellos España, por la participación de Israel. La jefa de la diplomacia del país anfitrión trataba de disuadir a los críticos y les recordaba que el certamen “no es un instrumento para imponer sanciones”. Pero fue precisamente Austria quien recurrió por primera vez al boicot cuando en 1969 decidió no mandar a ningún representante a Madrid. Ese año, España albergaba el evento tras la victoria de Massiel en Londres con el La la la. Viena rechazó participar para no contribuir al blanqueamiento que el régimen franquista buscaba en Europa mientras en España decretaba el estado de excepción y suspendía la escasa libertad de prensa aprobada con la ley Fraga.
Cuando leyó Ceniza en la boca, de Brenda Navarro, Diego Luna (Toluca, 46 años) sintió una resonancia especial. “En aquel momento mi hijo tenía 14 años, se acercaba a la edad de la protagonista, y pensé que ahí había una película con un punto de vista sobre la inmigración. Vivimos tiempos difíciles en mi país, porque compartimos frontera con un vecino muy poderoso y más en estos días complicados. La novela me atravesó”, cuenta el actor y director en Cannes, donde su Ceniza en la boca, su quinto largometraje como director, se proyecta como Sesión Especial y ha recibido muy buenas críticas. En España se estrenará el 9 de octubre.