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Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama.
Algunos tópicos tardan en morir, pero por fortuna el que sostenía que los Pirineos separaban sin remedio a España de Francia hace décadas que dejó de tener validez. La presencia este martes de Pedro Sánchez en París para el 14 de julio, la fiesta nacional que conmemora la toma de la Bastilla, junto al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y otros líderes europeos, no es solo una cita protocolaria. El desfile por los Campos Elíseos, presidido por Emmanuel Macron, contará con la participación de militares españoles, ucranios y de otros países. Con la coreografía entre cívica y marcial que tan bien sabe ejecutar la República, se escenificará el compromiso de todos con Ucrania. Y será al mismo tiempo una demostración de la vitalidad de una amistad franco-española, a prueba de la recientes polémicas y salidas de tono de quienes han logrado que se escuche hasta en París el volumen desquiciado de algunos debates españoles. Lo que une a ambos países, rivales el mismo día en la semifinal del Mundial, es mucho más que esto. Son los estrechos lazos culturales, humanos y económicos. Y son unos mismos intereses en un continente sometido a tensiones extremas en el interior y amenazas en el exterior.

Después de algunos años de cierta tranquilidad, los escándalos de corrupción vuelven a invadir el debate público. La política queda secuestrada por los informes policiales, las causas judiciales y la cobertura mediática de todo ello. No es la primera vez, como todos ustedes saben. Ha ocurrido con gobiernos del PSOE y del PP en el pasado. En cada ronda de corrupción, parece que el sistema se viene abajo, pero luego llegan las elecciones, hay alternancia y se recupera una cierta esperanza en dejar atrás estos problemas, si bien los cimientos del sistema se resienten y resultan cada vez más endebles. La corrupción destruye la confianza en las instituciones y en la política más en general. La desesperanza que produce la corrupción abre las puertas a líderes “salvadores” que prometen cortar por lo sano.
Hace 50 años desapareció Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur). Medio siglo después, sigo pensando que fue una de las pocas personas dentro de ETA que entendió antes que nadie que la violencia nos llevaba a un abismo moral y humano del que tarde o temprano tendríamos que salir.
En el baloncesto, antes de sofisticarse, había una jugada que consistía en barrer la zona de ataque para que el más dotado se lanzara en solitario a la canasta. Era algo así como el servicio colectivo para la jugada individual. Pues en la política también se practica algo similar. Los que rodean a Alberto Núñez Feijóo han decidido que ha llegado la hora de que se juegue a solas la canasta definitiva. Esta impaciencia por hacerse con el Gobierno de la nación, cuando se disfruta de la gran mayoría de gobiernos autonómicos, provoca una perversa sensación de debilidad en el líder de la oposición. Lo chocante ha sido que en un momento en que la crisis por el precio de la vivienda se ha alzado como el gran problema de los españoles, especialmente los jóvenes, la dialéctica le haya empujado hacia postular los derechos registrales del concebido no nacido. Y por si faltaba ironía al asunto, resulta que coincide con la crítica algo errática contra la regularización de inmigrantes, una medida demandada por los empresarios, que son quienes piden cubrir sus necesidades de mano de obra.
Era un sábado de julio caluroso. 39º en Córdoba, 10º en León. Vientos moderados y mar en calma. Para la mayoría, el 18 de julio de 1936 empezó como un sábado cualquiera de verano: un día laborable, de limpieza general, de mercado, de cine, de juegos, de verbenas, de citas y bailes arrebatados. Mi abuela Pilar, maestra en la parroquia viguesa de Alcabre, había quedado con sus amigas para ir a las fiestas de Bouzas. Mi abuelo Arturo, maestro en un pueblo de Lugo, había salido de excursión por el monte. A ella los guardias la mandaron de vuelta a casa, sin fiesta ni baile, “por lo que estaba pasando”. Él bajó del monte, supo que lo buscaban y tuvo que huir sin despedidas. Mi abuela Maruja era muy niña, pero tenía una escena grabada. Su padre la llevaba de la mano mientras le pedía que no contase a nadie lo de aquel hombre asustado que huía ni que sabían dónde se escondía. Con seis años supo guardar el secreto tan bien como luego contar historias. Las suyas y las del abuelo Roberto.
Ahora que a un líder supuestamente incorruptible del PSOE le han encontrado un joyero que pondría los dientes largos a Elizabeth Taylor, ahora que se ha demostrado que los hombres de máxima confianza del presidente no andan muy sobrados de principios, ahora que el Gobierno vive momentos de debilidad máxima, el jefe de la bancada de enfrente ha decidido atacar a la gente trabajadora que enferma y se coge bajas con cobertura social. Ha sido justo después de que al vicesecretario de Igualdad de su partido le diera por arremeter contra la gente trans que no molesta a nadie. Ha pasado justo cuando a la lideresa anarcoliberal en la que los conservadores tienen depositada toda su esperanza le ha parecido prioritario hablar de los abortos ajenos. Después de años de guerra cultural, odio sarraceno y descalificación constante, es muy llamativo que, ahora que ya las fichas han caído exactamente como ellos querían, por fin se atrevan a hacer propuestas. Y que todas conlleven destrucción. Justo ahora que nos ilusionaríamos con cualquiera que nos hablase de construir. Viviendas de protección oficial, centros médicos, quirófanos, residencias, escuelas bien refrigeradas, guarderías con profesores suficientes, polideportivos con piscinas, bibliotecas, refugios climáticos, universidades, albergues, carreteras, vías férreas, parques, paseos fluviales, reservas naturales, brigadas forestales, parques de bomberos. Pues no. Ellos han decidido ir a por los derechos adquiridos y libertades conquistadas. El naturalista, biólogo y escritor E. O. Wilson, al que se suele etiquetar como el Darwin de nuestra época, le dio un nombre a la era en la que vivimos diferente de antropoceno. Él la bautizó como “Eremoceno”, palabra que tiene en su raíz el griego eremos, que significa páramo, desierto, desolación. Se refería a la conducta humana aniquiladora que nos ha llevado al borde de la extinción. Ojalá estuviese vivo para sentarse a hablar seriamente con la oposición.
“Mi nombre es Yolanda Pleguezuelos Ruiz. Hace 32 años sufrí una doble agresión sexual. Uno de los hombres que me agredieron fue identificado, juzgado y condenado. Años después, fue excarcelado sin cumplir la condena íntegra. Me enteré por televisión”. Así empieza el vídeo en el que Yolanda rebasa su último límite: el del anonimato. Fue víctima de una violación doble cometida en 1995 en Esparraguera (Barcelona), de la que continúa sin conocer la verdad completa. Ni ella ni las al menos 16 mujeres, varias de ellas menores de edad, que fueron violadas por dos hombres a las afueras de pueblos y pequeñas ciudades en Cataluña entre 1991 y 1995. Por aquello fueron condenados dos inocentes, Abderrazak Mounib, que murió en la cárcel, y Ahmed Tommouhi, a quien el Tribunal Supremo acaba de indemnizar con 2,5 millones de euros por los años que pasó injustamente en la cárcel.
Una familia extremeña ha denunciado públicamente la situación educativa que viven sus dos hijos gemelos, de nueve años, diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en el CEIP Jiménez Andrade, de Puebla de Obando, en la provincia de Badajoz. Aseguran que el colegio donde estudian no ha aplicado las adaptaciones previstas por la normativa para este tipo de alumnado. Tras más de un año de reclamaciones, los padres lamentan que no han recibido una respuesta efectiva por parte de la Junta de Extremadura (PP), pese a haber presentado informes médicos, documentación psicopedagógica y una solicitud formal de intervención ante la Inspección Educativa.
“No se considera oportuno impulsar un convenio en los términos planteados”. Con esa frase responde el Gobierno de Cataluña a la oferta de Madrid para que todas las regiones apuesten por la “corresponsabilidad financiera” y eviten así a sus ciudadanos el nuevo requisito de estar empadronados en la región capital para acceder a su tarjeta de transportes. El Gobierno de Salvador Illa (PSC) considera que extender esa condición por toda España “fragmentaría más” el acceso al sistema y no resolvería “ninguno” de sus problemas. Además, Galicia reclama reciprocidad en la medida. Es decir, que Madrid cofinancie el uso que hacen los estudiantes madrileños del sistema de transportes gallego. Sí han mostrado interés por rubricar esos acuerdos de cofinanciación Ceuta, Canarias, Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla y León o Extremadura, según un portavoz gubernamental madrileño. Castilla-La Mancha ya tiene un acuerdo similar. El nuevo requisito entró en vigor en junio y afecta a 200.000 personas.