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Cuando se permite que el error de un solo hombre provoque decenas de víctimas mortales, ¿falla el hombre o falla el sistema? Es la pregunta, retórica, elaborada de distintas formas, pero con idéntico argumento, que lanzan a este periódico un experto español en investigación de accidentes ferroviarios y varios maquinistas. La imagen de un par de trenes de alta velocidad reventados, con las vías retorcidas, disparadas en vertical hacia el cielo, como si nunca hubieran sido de acero, y cadáveres tapados a la espera del juez, se ha repetido en España dos veces en apenas nueve meses y en la misma línea: Madrid-Sevilla. En Adamuz (Córdoba) murieron el pasado enero 46 personas. En las proximidades de Urda (Toledo, 2.500 habitantes), la cifra de víctimas mortales alcanzaba anoche los 68, antes de que los especialistas pudieran levantar los restos de los vagones siniestrados. El país, de hecho, amaneció con esa comparación. “Va a ser peor que Adamuz”, advertían a los medios de comunicación, ya en las primeras horas, fuentes del Gobierno.

Con información de Lucía Franco, Laura Llach, Jacobo García, José Marcos, Guillermo Abril, Virginia Martínez, César Alepuz, Juan Martínez y Fernando Criado.

Por segunda vez en nueve meses, España entera está sobrecogida ante las imágenes de dos trenes de alta velocidad destrozados sobre una vía en medio del campo, las pavorosas cifras de muertos y los impactantes relatos de los supervivientes de un accidente ferroviario que tendrá su propia página en la historia. Casi 400 personas viajaban en el tren AVE que, a las 8.53 de este miércoles, chocó con un tren Iryo parado en la vía Madrid-Andalucía a la altura de Urda (Toledo) con otras 146 personas a bordo. El balance de 68 muertos es aún provisional. El número de heridos supera el centenar. En estas horas críticas, es necesario transmitir a quienes han perdido a un ser querido la empatía y solidaridad de toda la sociedad española. Los testimonios de las familias y de los supervivientes serán el ancla para no olvidar en ningún momento las dimensiones de este drama humano.
El Real Madrid arañó un empate muy sufrido en su primera visita oficial a Múnich, un partido que comenzó como una invitación al optimismo y terminó por ser un auténtico dolor de muelas. El equipo de Pau Quesada regresó de Alemania con un 2-2 pese a que se había puesto con dos goles de ventaja en poco más de 20 minutos. La sensación al término fue incluso que salvó un punto con su tercer empate consecutivo en la tercera jornada de la Champions tras la oleada final del Bayern, que se estampó con el palo izquierdo de Frohms en el 92. Los tres puntos del conjunto blanco tras las tablas contra el PSG, el City y las bávaras lo dejan en una situación delicada para sus tres últimos choques de la fase de liga, en los que recibirá al Paris FC y al Inter y visitará a la Roma.
Pasear por la exposición André Ricard. Diseño en uso es viajar en el tiempo para recuperar escenas propias de la vida cotidiana, que cada uno recordará a su manera. Es fácil llenarse de ternura con los botes de jabón para la ropa de Norit, los envases con tapón redondo del champú Denenes o los frascos de colonias de Puig, casi imposible no haber tenido alguno en casa. La lista continúa y pasa por varias estancias, ya que la muestra se ha planteado así, como la incursión en un hogar a partir de todos los objetos que salieron de la mente de este diseñador industrial que, a sus 97 años, no deja de cavilar soluciones a pequeños problemas rutinarios. En el DHub, se han reunido hasta el 14 de marzo más de 140 artículos tan variopintos como los antipolillas Orion, la batidora y la exprimidora Moulinex, los enchufes Ibiza, los ceniceros Copenhagen, la lámpara Tatú, la butaca Orma o la antorcha olímpica del 92, resumiendo mucho.
Los tres audios clave de la tragedia, dos conexiones entre la maquinista del tren Iryo que estaba parado y el controlador de Atocha y uno del maquinista del AVE que venía por detrás y este mismo operador, demuestran con claridad los errores que se cometieron. El controlador da la orden al tren AVE, que estaba 25 kilómetros por detrás del Iryo, de que reinicie “la marcha normal”, y no a vista, como señalaba el protocolo, con una limitación de 40 kilómetros por hora. Y, además, lo hace sin comprobar que no hay ningún tren delante obstaculizando la vía. La maquinista del Iryo también recibe la misma orden, de reanudar “la marcha normal”, pero siete minutos después llama para decir que sigue detenida porque no puede reiniciar el tren con el sistema LZB y, sin embargo, nadie avisó al AVE ni siquiera ahí, a cinco minutos de la tragedia, de que tenía que frenar.