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Este jueves al atardecer —en torno a las 20:30, hora peninsular española— mira hacia el oeste. Si ves el Sol, también podrás ver en su momento álgido el gran eclipse solar de la historia de España. Como sucede con muchos premios, la lotería astronómica que le ha tocado a España con el eclipse total del 12 de agosto es un regalo que tiene letra pequeña. A la fortuna de ser el único país de todo el mundo donde el fenómeno podrá verse con garantías, se contrapone un gran inconveniente: sucede demasiado cerca de la puesta de sol, lo que complica la visión directa del fenómeno. Pero justo esta semana se abre una ventana de oportunidad para que quienes quieran verlo se aseguren de que pueden hacerlo.
La vida de las palabras que llegan, que a veces se quedan y a veces se van, permite recrear en la memoria y en la nostalgia el paso de los años. Exponemos a continuación un breve diccionario —de ninguna manera exhaustivo— donde se recuerdan 171 términos que no se usaban en 1976, cuando nació este periódico.
Toda Europa tiembla ante el terremoto que se siente desde Estados Unidos. Este seísmo comparte nombre con las historias que asentaron la civilización del Viejo Continente, en la antigua Grecia, si bien tiene aroma a Terminator. Es Mythos, el nuevo modelo de inteligencia artificial (IA) que desarrolla la multinacional estadounidense Anthropic, cuya destacadísima capacidad de detectar fallos en los softwares empresariales amenaza con poner a todo el sistema en jaque. Incluso a la sala de máquinas de la banca. Ante esta amenaza, el Banco Central Europeo (BCE) ha solicitado a las entidades de la zona euro que detallen sus planes de contingencia y las vulnerabilidades en ciberseguridad que detecten en sus sistemas, según indican fuentes internas de las entidades.
Mario nunca tiene tiempo. Siempre anda corriendo, hacia la siguiente aventura. Cuando no debe salvar mundos, o a su querida Peach, esprinta con un coche, juega al tenis, cura pacientes o baila. “¡Es bueno en todos los deportes! Es fontanero, pero la verdad es que es un experto en todos los oficios”, se lee en su web. “Es muy positivo y siempre está alegre”, agrega el mismo texto. Un talento universal, como el amor que recibe: Nintendo calcula 452 millones de videojuegos vendidos, aunque hay estimaciones que llegan al doble. Una encuesta en EE UU concluyó en los noventa que era más famoso que Mickey Mouse. Un éxito descomunal, pero también agotador. De ahí que en algunos videojuegos, si el usuario deja el mando inmóvil, el protagonista aproveche para sentarse. Enseguida, se queda dormido y hasta empieza a roncar. Porque Mario es único y, a la vez, como cualquiera. Y por eso cualquiera le tiene cariño, al menos un poco. Más ahora que está de triple celebración. Sirva, pues, este reportaje como regalo.
Brenda Valverde Rubio
Ana Fernández y Ruth Benito
Ruth Benito
Fernando Anido y Alejandro Gallardo
“Trabajar duro te mantiene pobre en todo lo que de verdad importa. Pasas la mayor parte del día encorvado frente a un escritorio, enviando correos y asistiendo a reuniones sobre reuniones”. Con esta dura descripción de una parte de lo que significa un trabajo de oficina en 2026 comienza el ensayo de la escritora Leyla Kazim en Substack. Bajo el título No trabajé durante un año y nadie se dio cuenta, Kazim ha detallado cómo dejó de cumplir con sus tareas sin que nadie percibiera su dejación de funciones. Su ensayo ha tenido tanto éxito que también ha publicado una versión -por supuesto viral- en el periódico británico The Telegraph.
Las negociaciones de paz que no terminan de arrancar entre Estados Unidos e Irán, con la reapertura del estrecho de Ormuz como objetivo más urgente, han entrado en un tiempo muerto indefinido. La consecuencia, cada día que pasa, es la prolongación del paulatino pero constante estrangulamiento del corredor de los hidrocarburos de Oriente Próximo y, con él, la posibilidad de una recesión mundial. No hay señales de un mínimo acuerdo que permita no ya una imposible vuelta a la normalidad, sino al menos la reapertura del flujo del petróleo por el estrecho. Este silencio coyuntural de las armas puede generar una impresión de cese permanente de las hostilidades. Sería ilusorio, y peligroso.
Lo verdaderamente inquietante no es que los sistemas de inteligencia artificial escriban, sino que empiecen a enseñarnos cómo no hacerlo. Lo que está en juego no es la capacidad de producir texto, sino la posibilidad misma de sostener una voz que no se somete, que no corrige su intensidad ni busca hacerse digerible. Es ahí, en esa zona donde el lenguaje deja de protegernos, donde la escritura se vuelve insobornable.

Me esfuerzo mucho por no rebozarme en el catastrofismo, reniego de los apocalípticos y discuto con quienes proclaman que los chavales tienen la comprensión lectora de una ameba y pronto serán incapaces de leer un párrafo sin sufrir un ictus. Abogo por su inteligencia en todos los foros, e invito a profesores y alumnos, cuando acudo a los institutos a dar la paliza, a explorar la complejidad, a escuchar la música poética, a dejarse seducir por los misterios del lenguaje, a gozar de lo que no se comprende al primer vistazo, de la ambigüedad y de lo gris. Lo intento, pero la realidad no me lo pone fácil.
Cuando la sociedad aprende de golpe, simultáneamente, el nombre de alguien anónimo hasta el día anterior puede ser por algo muy bueno o por algo muy malo. La memoria no es tan eficaz con los intermedios. Después del asesinato de Rocío Wanninkhof, de 19 años, en 1999, muchos aprendieron cómo se llamaba la “amiga íntima” de la madre de la víctima, en realidad, su expareja, y, en paralelo, que Dolores Vázquez era “fría”, “calculadora”, “antipática” y practicante de kárate. Al jurado popular que la condenó por el crimen, según explicaron posteriormente algunos de sus miembros, también le impresionó esa “frialdad” de la acusada. Después de todo, ¿Cómo son los asesinos? Fríos, calculadores y antipáticos.