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“Amo la belleza, no es mi culpa”. Estos días, por obvio y luctuoso motivo, hemos recordado que la frase es de Valentino. Si no, más de uno, arrimando el ascua a la sardina de la actualidad televisiva, se la podría atribuir a Ryan Murphy. Aunque en boca del creador televisivo, más que un canto a la sublimación estética del color, la forma y el volumen, tal vez podría emparentarse con aquella sentencia que popularizó Inma Contreras, concursante de Gran Hermano 7: “Me encanta el oro, disfruto”.
Si 2021 fue el año de la niacinamida; 2024, el del retinol —cuyo uso fue regulado por una nueva normativa europea—, y 2025, el de los péptidos. 2026 parece que será la temporada de los exosomas. En los últimos meses hemos oído hablar mucho de estas pequeñas vesículas, que además protagonizan muchos lanzamientos cosméticos. “Los exosomas funcionan como mensajeros celulares; es decir, transportan moléculas de una célula a otra, como proteínas, lípidos, ARN... Gracias a ello las células se pueden comunicar, mejorando procesos de inflamación, reparación de tejidos o mejorando el sistema inmunitario”, explica el doctor Carlos Gómez Zanabria, especialista en medicina estética. Pero ¿son los exosomas tan revolucionarios como los pintan? Arturo Álvarez-Bautista, químico y doctor en Nanomedicina y fundador de la marca Arturo Alba, lo tiene claro: “Como siempre que aparece una tecnología potente, hay marcas que trabajan con rigor y marcas que trabajan con prisas. Los exosomas son extremadamente interesantes, pero requieren procesos complejos: obtención adecuada, estabilización, purificación y un vehículo que los respete. Eso es ciencia”.
La cara más visible del cambio climático son los desastres naturales, como las olas de calor, las sequías, los grandes incendios o las lluvias torrenciales. Después llegan las consecuencias silenciosas: hambrunas, subidas de precios, incremento de conflictos o movimientos de personas. Todos estos problemas afectan a la cohesión y estabilidad de los sistemas democráticos. Por un lado, esa inestabilidad social puede ser un perfecto caldo de cultivo para la desafección democrática, la desinformación y los mensajes demagógicos. Lo vimos en la dana de 2024. Por otro, puede cuajar la idea de que sólo un estado autoritario será capaz de tomar las medidas adecuadas para enfrentarse al problema en los plazos necesarios.

En una realidad paralela, el especial del pasado fin de año en la televisión pública no lo protagonizaba José Mota, sino su excompañero de Cruz y Raya, Juan Muñoz (Barcelona, 60 años). Así como Mota planteó una parodia de El juego de calamar (2021) con políticos, retitulada El juego del camelar, Muñoz tenía otra idea basada en la serie de Netflix, que le hubiera gustado rodar en Argés, el bonito pueblo toledano de apenas 7.000 habitantes donde reside desde hace año y medio. “Tengo un amigo aquí que se parece al coreano protagonista”, explica. “La historia era que lo venían a buscar, pero se alargaban, se ponían pesados y, al final, no se lo llevaban ni nada. Acababan yéndose a comer unas migas”.

Un resbalón, y Jorge Parra (Madrid, 35 años) podría haber acabado en el cielo jugando partidas de damas con Fra Angelico. El autor de lo que él mismo ha bautizado como “la Capilla Parrina” había pintado muchos murales antes (primero por afición en su casa de Aranjuez y luego por encargo en restaurantes y hoteles), pero ninguno de temática religiosa, ni de un tamaño tal que le obligara a encaramarse a una elevadora. “Pensé que de caerme y abrirme la cabeza al menos me harían santo”, bromea el artista por teléfono. “Al fin y al cabo, estaba pintando a Dios”.





Cuando Donald Trump cuestionó públicamente el control del Canal de Panamá, en Centroamérica se encendieron las alarmas. No se trataba solo de una declaración altisonante, una más en el estilo provocador del republicano, sino del primer síntoma visible de una política que vuelve a colocar a la región bajo la tutela de Estados Unidos. Trump reactivó viejos reflejos de injerencia al interferir en la elección presidencial de Honduras y al amenazar con recortes a la ayuda a los gobiernos centroamericanos como mecanismo de presión para que firmaran acuerdos destinados a contener a los migrantes. El istmo, una vez más, aparece en el radar de Washington no como un socio estratégico, sino como un patio trasero que debe ser controlado.

Algunos creen que este supuesto “conflicto” tiene dos caras en Palestina. Otros consideran que no es así, y que esta historia podría representarse en el escenario de una tragedia griega. Los actores implicados serían, por lo menos, tres: los palestinos, los israelíes y el imperialismo occidental, este último respaldado por un coro de vasallaje y por el egoísmo oligárquico de varios gobiernos árabes.
Un plato de pasta suspendida en el aire llama la atención de los viandantes que pasean por las inmediaciones de la catedral de Salamanca. Es el escaparate de Tecnic Pasta Bar (Calle Latina, 8), un joven proyecto que aúna la tendencia de los vinos naturales, todavía poco explorada en Salamanca, con la pasta fresca, siempre desde una perspectiva personal y charra.
En invierno en Cabo de Gata, cuando las aguas están para pocos baños y cerrados muchos de los negocios turísticos, es tiempo de fijarse en otras cosas. Porque además de un parque natural, esta esquina milagrosamente intacta del Mediterráneo español es un geoparque lleno de cráteres volcánicos, acantilados empedrados de fósiles y antiguas minas de alumbre y oro. El geólogo David Monge, que lleva viviendo ocho años en la zona y ha guiado a cientos de visitantes fascinados por el reino mineral, enseña y enriquece con sus comentarios expertos cinco recorridos memorables a pie, en bicicleta y en coche por otros tantos lugares de interés geológico (LIG).
Era principios de los años noventa cuando el promotor de Mánchester Nigel Martin-Smith juntó a cinco jóvenes británicos tras un casting para formar una boy band que le hiciera sombra a New Kids On The Block. “Su visión: Gary [Barlow] sería el cantautor, la figura creativa y de unión del grupo. Mark [Owen] era el jovencito, por así decirlo, el que atraería a las adolescentes. Todos sabían que Robbie [Williams] era muy divertido; era el gracioso del grupo. Y yo y Howard [Donald], los bailarines. Los que ejecutábamos los números desde detrás”, describe Jason Orange a la perfección una fórmula que efectivamente funcionó. Sus palabras se escuchan en el documental Take That, que se estrena este martes 27 de enero en Netflix. Tres capítulos con imágenes caseras inéditas que grabó Howard [a los miembros de esta boy band, como a los de la mayoría, sus seguidores siempre les han llamado por su nombre], imágenes de archivo y nuevas entrevistas con los actuales miembros del grupo, Gary, Mark y el propio Howard. También se escucha la voz en off de Robbie y Jason; ellos no han sido entrevistados para este documental, pero sus declaraciones de archivo ayudan a entender muchas de las cosas que llevaron a estos jóvenes a lo más alto y también a tocar fondo antes de reencontrarse ya de adultos.