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Puede que atravesemos la época más calurosa del año, pero el cielo amenaza tormenta. Como un barco a la deriva, los habitantes del siglo XXI avanzamos sin rumbo. En este estado de cosas, cuando la megagalería suiza Hauser & Wirth le propuso a Rashid Johnson organizar una muestra para su sede en Menorca, el artista, conocido por su obra multimedia en torno a cuestiones que abarcan desde la identidad afroamericana a la angustia existencial, pensó que qué mejor que cribar la inquietud que gobierna el presente con el filtro del arte. No para hacer sangre, sino para generar una cierta perspectiva: un punto de vista diferencial con el que poder hablar más de esperanza que de derrota, de precedentes antes que de casos aislados.
Los primeros meses de 2023 vinieron marcados por la ubicuidad del tema ‘Flowers’, de Miley Cyrus. Fue el hit perfecto: un sonido que la emparejaba con Mark Ronson y con Fleetwood Mac —el vinilo de Rumours se convirtió en el disco que se compraban los jóvenes que adquirían su primer tocadiscos—, una letra de autoayuda e independencia y un vídeo icónico que inspiró miles de recreaciones en redes sociales. La canción estaba en todas partes y le gustaba a casi todo el mundo, lo que hacía que nadie perdiera el tiempo en reparar en las listas de éxito globales. Parecía imposible que nada ni nadie le hiciera sombra. El sol no se ponía en ese imperio de tres minutos.





Dédalo creó el laberinto para guardar un oscuro secreto en el corazón de una familia real. El minotauro era hijo de un encuentro prohibido entre Pasífae y un toro blanco que Poseidón le había regalado a su marido Minos, rey de Creta, para apoyar su derecho al trono. Minos tenía que sacrificar al toro en honor al dios, pero el animal es tan bello que decide quedárselo y matar a otro en su lugar. Como castigo por el engaño, los dioses instalan en su esposa un deseo salvaje por el animal, al que seduce paseándose con un lomo de madera con la forma y la piel de una vaca. De esa unión nace un hijo monstruoso y divino, un minotauro llamado Asterión.
El eco del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hace resonar cantos corales. En el subterráneo, un grupo de mujeres baila a la luz de un par de velas mientras una cámara las graba. En la biblioteca, una cámara fotografía libros añejos. El binomio arte-espiritualidad se remonta a históricas representaciones como las pinturas rupestres y su función chamánica, a los sarcófagos egipcios pensados para la vida después de la muerte o a las tradiciones budistas que entendían el arte como vehículo de meditación. Durante siglos, la Iglesia católica fue el gran patrocinador artístico en Europa, con sus catedrales góticas o la iconografía bizantina, pero la progresiva secularización de la sociedad fue derivando también en una secularización de la cultura. Sin embargo, en los últimos años la espiritualidad ha vuelto a ser musa en la creación artística. “Ha estallado en todo lo mainstream y es una cosa popular con fenómenos como el de Rosalía, que de repente se vuelve algo muy atractivo”, reflexiona el escultor Javier Viver.



Después de dos libros de no-ficción acerca de su estrecha relación con el alcohol y una novela con el corazón como protagonista, Sofía Balbuena (Buenos Aires, Argentina, 1984) acaba de publicar su primer libro de cuentos, Personaje secundario (Páginas de Espuma). Y, como se dice coloquialmente, ha caído de pie porque con él ha ganado el IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve. Los cinco relatos que componen el volumen están protagonizados por mujeres en diferentes momentos vitales pero que están unidas entre sí por el hilo invisible de la incertidumbre. El amor, el sexo, la condición de migrante, la clase social o la maternidad son algunos de los temas que la autora toca con maestría.
Durante años pareció que plataformas como Airbnb, Booking o Skyscanner habían condenado a las agencias de viajes a convertirse en una reliquia. Después llegaron las redes sociales, en las que miles de creadores de contenido empezaron a hacer recomendaciones de viajes, de lugares ideales para hacerse la foto de las vacaciones y de restaurantes que no te podías perder. El advenimiento de la inteligencia artificial todavía complicó más las cosas para los agentes de viajes, ya que cualquiera podía crear en unos minutos un itinerario completo por las islas griegas con lugares que visitar, hoteles de ensueño y bares auténticos (aunque quizá alguno de ellos fuera una alucinación de la IA y no existiera). Parecía que la tradicional agencia de viajes tenía los días contados, que cada uno de nosotros podía organizarse el viaje perfecto sin esfuerzo, pero, aunque eso tenga una parte de verdad, la avalancha de recomendaciones (muchas veces idénticas) ha provocado una insoportable saturación de algunos destinos y, en definitiva, una experiencia claramente mejorable. Esos inconvenientes han devuelto valor a algo que, por ahora, las IA no tienen en exceso: criterio.
Durante las vacaciones estivales, surge una duda recurrente en los hogares: ¿es mejor que los menores desconecten por completo o deben realizar tareas para repasar lo aprendido? Históricamente, las familias y los docentes han recurrido a los tradicionales cuadernillos de vacaciones, asumiendo que un parón de más de dos meses perjudica el rendimiento de los estudiantes. Hoy en día, la evidencia científica y la neuroeducación arrojan mucha información sobre esta cuestión. El Summer Slide, término formalizado por los expertos como Summer Learning Loss, se refiere al retroceso académico que sufren los niños en verano. Al pasar tanto tiempo inactivos es habitual que pierdan parte de las destrezas y competencias que tanto esfuerzo les costó adquirir durante el curso.
El Sinsal de la isla de San Simón, en medio de la ría de Vigo, cimenta su fama entre los festivales de música en su cartel secreto, un aforo máximo de 800 asistentes, y la única posibilidad de acceder a él si se hace en barco. Así lleva 16 años, después de que la Xunta, cuando estaba en manos de PSOE y BNG, encargase a sus fundadores dinamizar culturalmente un espacio que se quería rescatar del olvido. San Simón, que fue lazareto y cárcel franquista, fue declarada en septiembre por el Gobierno central Lugar de Memoria Democrática y el festival aspira a seguir celebrándose allí frente a quienes lo cuestionan. “Es un evento tan especial que daría mucha pena perderlo, pero es algo que no está en nuestra mano”, señala Julio Gómez, historiador y fundador de esta cita, quien defiende que “la memoria histórica tiene que ser una oportunidad y no un problema”.
En las últimas dos semanas la curva de hectáreas quemadas en España ha dado un salto brusco. No lo han provocado incendios repartidos por toda la península, sino fuegos que se han expandido muy rápido y se han concentrado en zonas muy concretas.
Los datos. El análisis se limita a los grandes incendios forestales, los de más de 500 hectáreas (la definición oficial de "gran incendio forestal"). La serie combina dos fuentes: la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio para la Transición Ecológica para 1983-2022, y el European Forest Fire Information System (EFFIS), del programa Copernicus de la Unión Europea, para 2023-2026. La EGIF se elabora con los partes de las comunidades autónomas y mide superficie forestal; EFFIS cartografía el área quemada por satélite. Ambas fuentes coinciden en el número de grandes incendios, aunque EFFIS tiende a medir algo más de superficie al incluir terreno no forestal. Los datos de 2026 son provisionales y llegan hasta el 23 de julio.
Aunque la EGIF arranca en 1968, en los años previos a 1983 el registro son mucho menos completo: casi todos los grandes incendios figuran sin localización (el municipio consta como "Indeterminado"), señal de que el sistema aún no anotaba con fiabilidad cada fuego. Por eso las comparaciones históricas se limitan a 1983-2026.
La ventana de 14 días. Para medir no cuánto arde un año, sino cómo de concentrado, se calcula la peor quincena de cada año: el periodo de 14 días consecutivos con más superficie quemada por grandes incendios. Cada incendio se asigna a su fecha de inicio. Así se puede comparar la intensidad de una temporada —cuánto fuego se acumula en pocos días— a lo largo de toda la serie.
Hace unas semanas, en el barrio de Almagro, en pleno distrito madrileño de Chamberí, se vendió una vivienda de 500 metros cuadrados por cuatro millones de euros. Su propietario era un personaje público, “una persona muy conocida del mundo de la cultura y la televisión”, cuenta sin dar muchos más detalles Manuel Garzón, director del departamento de Grandes Clientes de la agencia de lujo Gilmar. La operación fue confidencial. La casa nunca apareció anunciada en los portales inmobiliarios y los nombres del vendedor y del comprador permanecen ocultos por contrato.