Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Estados Unidos llega a la Bienal de Venecia dando un nuevo ejemplo de la ofensiva cultural de Donald Trump: con un artista inesperado, escogido tras una selección opaca, y con el pabellón en manos de una figura sin experiencia en el arte, pero bien conectada con el entorno del presidente. El pabellón del país en los Giardini, una de las dos sedes de la gran cita del arte contemporáneo, también llega precedido de controversia en una edición marcada por las tensiones políticas desatadas por la participación de Rusia e Israel.

“Este es el primer rock and roll de Silvio Rodríguez”, dice Alejo Stivel entusiasmado. Luego, matiza: “Bueno, puedes llamarlo rock lento o medio tiempo rock”. Habla de Déjame en paz, una canción que se puede escuchar desde hoy en las plataformas digitales y donde los dos artistas han trabajado como un equipo: el cubano escribe el texto, el argentino-español compone la música, y los dos cantan. Un tema tremendamente pegadizo, con pinceladas de country-rock y que habla de mantener en silencio a los juicios de nuestra conciencia y de vivir en armonía con nuestras inseguridades y contradicciones. El estribillo dice así: “Déjame en paz, conciencia que todo nombra / hay que tener paciencia con esta sombra. / Quiero vivir tranquilo con tu presencia / yo soy un tipo normal, trátame con otra ciencia”.
No había estudiado literatura, ni tenía conexión alguna con el mundillo literario, corrían los primeros años noventa y Fernanda Trías (Montevideo, Uruguay, 1976) recuerda que, impulsada por su pasión por escribir, avanzaba a tientas. Dice que aprendía leyendo, de forma autodidacta, hasta que sintió que no podía seguir sola y oyó hablar del taller de Mario Levrero (1940-2004).

Alguien podría decir, si se detiene a mirarlos un instante, que los entrenadores de fútbol envejecen a la velocidad de los perros, cuatro o cinco años por cada año humano. Es tal el nivel de angustia concentrado en ese cuadrángulo, pintado en la banda para recordarles los límites del autocontrol, que da terror. Pero el fútbol tiene ese veneno y dejarlo de lado no es una opción. Las semifinales de la Champions, resueltas esta semana con el pase del Arsenal y del París Saint-Germain, han vuelto a explicar los motivos de esa adicción. El enfrentamiento de ida en París entre PSG y Bayern Múnich, que acabó con 5-4, tuvo algo de partido de tenis más allá del marcador de set. Contuvo las oscilaciones que a veces se producen con la raqueta, donde un solo golpe cambia el estado de ánimo de los jugadores y el vencido se levanta y el dominador se desmorona, y comprendes cómo es de importante la cabeza en un competidor. Y es que ambos equipos jugaron cada uno de ellos con una idea tan grupal y tan enfebrecida que, pese al descontrol, algo que odian todos los entrenadores, se transparentaba un fútbol de tiralíneas.
De un zapato a una bota. Del Mar Negro a Italia. Así se presenta este sábado el recorrido del Giro, la gran vuelta más romántica de la temporada. La de Dino Buzzati, Coppi y Bartali. La de los Dolomitas, Binda y Merckx. La autoproclamada más dura del calendario es, además, la carrera que aúna mejores dotes de márketing, cualidad inherente al gen italiano, capaz de venderle hielo a un esquimal y de convencer al entregado aficionado ciclista de que la ronda por etapas con menor desnivel del curso —49.150 metros acumulados, por los 54.450 del Tour y los 58.156 de la Vuelta— es, a su vez, la más brutal y despiadada.

Por un lado, suenan las fanfarrias: ya estamos en el punto álgido de la temporada del fresón. Con su carne perfumada y jugosa con notas de nata y algodón de azúcar, este fruto se ofrece en los lineales listo para llevar a otro nivel el yogur del desayuno o la ensalada del mediodía. Por el otro, la realidad confirma, un año más, que la experiencia sensorial de morder un fresón es, para el común de los mortales, tan fragante y satisfactoria como mascar un trozo de porexpan remojado.
Federico de Madrazo retrató a Isabel II 28 veces, pero en ninguna de ellas la reina aparece con un ejemplar de la mariposa Graellsia isabelae engarzado entre esmeraldas, como aquel que lució en una recepción poco después de su descubrimiento en 1849. La reina de España, la alada, había sido hallada en los Pinares Llanos de Peguerinos (Ávila) por Mariano de la Paz Graells, catedrático de Zoología en el Museo de Ciencias Naturales y director del Jardín Botánico de Madrid, quien enseguida se la dedicó a la otra, la coronada, añadiéndole a su nombre el apellido isabelae. Isabel II acabó en el exilio. La mariposa isabelina, sin embargo, sigue siendo la más bella de España y de toda Europa, la reina indiscutible de las noches de primavera, que es cuando aparece buscando consorte en los bosques de pino silvestre de la sierra de Guadarrama, a caballo entre las regiones de Madrid y Castilla y León, y de cuatro sistemas montañosos más.
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla. ¿Te animas a resolverlo?
Las concentraciones de la selección francesa de fútbol trascienden al deporte. Las estrellas de los Bleus captan ya la atención casi a partes iguales por su forma de vestir que por sus altas probabilidades de levantar la Copa del Mundo. Experimentan con siluetas y referencias poco convencionales: Jules Koundé viste un pantalón hakama de inspiración japonesa fusionado con una sudadera cropped más técnica, Michael Olise farda de un gorro extravagante y chaqueta oversize y Hugo Ekitiké combina un jersey de punto con las mangas exageradamente anchas con un pantalón de cuero, un cinturón con la hebilla rimbombante y un bolso grande con los tacos de fútbol por fuera.