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De forma inconsciente, Mario Rielo adoptaba ciertas posturas para que no se notara su malformación pectoral. En la playa, en la piscina, cuando se quitaba la camiseta, levantaba un brazo y se tocaba la nuca. El gesto estiraba el pecho, igualaba un poco la silueta, disimulaba la hendidura que tenía en un lado del tórax desde niño. “Me di cuenta con los años. No lo hacía pensando: no quiero que se me note esto. Directamente lo hacía”, cuenta ahora, cuatro meses después de la cirugía de reconstrucción que le hicieron en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, con una prótesis a medida hecha en su laboratorio 3D.


Conocí a un urbanista que me dijo: “Nos hemos olvidado de construir ciudades”. Se refería a la odiosa comparación entre los centros urbanos, o incluso los cinturones obreros (una ciudad densa, con mezcla de usos y de gentes, con bares, con tiendas, con cierto ajetreo), y los nuevos desarrollos periféricos.


La tensión para reclamar mejoras laborales en los servicios públicos de Cataluña va en aumento desde hace meses. Además de las huelgas de los profesores y maestros —este jueves tendrá lugar la primera jornada de la nueva tanda de paros previstos en la educación para estos meses de mayo y junio—, y de los médicos —la última jornada de huelga fue el 27 de abril—, Cataluña va sumando un reguero de protestas en distintos servicios municipales que presionan la gestión pública de los municipios a un año de las elecciones en los Ayuntamientos. En la profusión de huelgas en servicios sociales de Barcelona, en el servicio de limpieza de Girona o en diferentes empresas que gestionan servicios públicos en diversas localidades hay dos elementos clave: por un lado la proximidad de las elecciones municipales otorga una posición de fuerza a los trabajadores, y hace que las administraciones se sientan más forzadas a ceder; y por otro, es una oportunidad de oro que los sindicatos pequeños han sabido leer para ganar peso en las elecciones sindicales que tienen lugar durante estos meses.
Khoudia Diop tiene 26 años y lleva en un matrimonio a distancia desde los 17. Ella vive en Léona, un pueblo en el noroeste de Senegal; él, en Catania, en Italia, donde ahora vende productos en los mercados. Sus padres se encargaron de los preparativos antes de que partiera a Europa en 2008. Él solo regresó una vez, en 2023. “Nos las arreglamos, pero no es fácil”, admite Diop, que ha sacado un momento, en medio de sus múltiples tareas domésticas en casa de sus suegros, para hablar con este diario. Su caso no es la excepción, sino, más bien, la norma en el pueblo y, en general, en la región de Louga, profundamente marcada por la migración. La Oficina de Acogida, Orientación y Seguimiento de Senegal (BAOS, por sus siglas en francés) calcula que casi el 56% de los hogares de Louga tienen al menos un miembro de la familia viviendo en el extranjero. En 2024, alrededor de 740.000 senegaleses se habían marchado del país.
Hacía casi tres años que Vladímir Putin no daba un beso a un niño en público. El pasado 27 de abril, en medio de una ola inédita de ―suaves— críticas sobre la situación del país, el presidente ruso repetía un gesto de cercanía al pueblo que no practicaba desde la rebelión del Grupo Wagner en junio de 2023. El líder ruso besaba en la frente y sonreía a una pequeña gimnasta cuando sus índices de aprobación caían a su nivel más bajo desde el inicio de su ofensiva sobre Ucrania. Tres días después abrazaba a otra niña en público. El apoyo al mandatario sigue siendo masivo, pero su descenso es remarcable desde que se visibilizó la crisis económica el año pasado y la situación tiene visos de empeorar.
María G. tiene 38 años y comparte habitación con otras cuatro personas. Esta mujer peruana, que pide no divulgar su apellido, llegó a España hace seis años buscando mejores oportunidades para ella y su familia, pero la subida de los alquileres la ha ido empujando a pisos cada vez más pequeños. “Al principio pensé que sería algo temporal, pero el tiempo pasa y no consigo ahorrar lo suficiente para salir de aquí”, relata. Gana el salario mínimo como camarera en un bar de Madrid, al igual que miles de personas. Su caso refleja a la perfección el problema de hacinamiento que se da en un creciente número de viviendas en alquiler en España (dos de cada 10, según datos de Eurostat, la agencia estadística de la UE). El fenómeno se ha agravado desde la pandemia, coincidiendo con un encarecimiento de los alquileres que va del 20% al 30% entre 2020 y 2025, según las cifras más prudentes.

Apostar en Polymarket es como sentarse a una mesa de póker con las cartas marcadas; hay quien juega convencido de que lo hace en igualdad de condiciones y quien, consciente de que no es así, cede a la fascinación por el riesgo. El resultado ya lo dibujaban los clásicos del cine: los jugadores más sofisticados ganan la partida, mientras el principiante que empieza a apostar su dinero con ilusión se queda desplumado. No es cuestión de suerte, sino el orden natural de las cosas.

“Escribe de lo que sepas”. Es el obvio y manido consejo que Niall, aspirante a escritor y coprotagonista de Half Man, recibe de su agente literario en uno de los episodios de esta miniserie de HBO Max. No queremos imaginar qué pasa por la cabeza del creador de esta ficción, Richard Gadd, quien se convirtió en estrella televisiva de primer nivel de la noche a la mañana tras estrenar la biográfica y confesional Mi reno de peluche (Netflix). En su esperada nueva miniserie, incide en asuntos como la obsesión, el trauma, las relaciones ambivalentes formadas por la dependencia mutua y, en definitiva, en una oscuridad pocas veces vista en pantalla.
Los Hombres G entendieron pronto que la vida puede no ir tan en serio como decía Gil de Biedma. Sucedió mucho antes de emprender el camino del éxito. El 19 de octubre de 1984, en concreto. Aquel viernes tocaban en la sala Autopista, en el centro comercial La Vaguada (Madrid). La entrada costaba 300 pesetas. No era un concierto más: tras dos años tocando, se lo plantearon como uno de los últimos cartuchos.

Chema Madoz por triplicado. El artista de las metáforas visuales expone en Valencia, en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), hasta el 16 de mayo; también prepara una gran muestra para octubre en Madrid, en ese magnífico espacio que es la Sala Canal de Isabel II. “Será un repaso a mis últimos 10 años, con unas 100 obras”, dice con su habitual tono calmo en la galería Elvira González, en la capital, donde este martes inaugura exposición —la quinta en este espacio— con unas 50 imágenes nuevas, dentro de la programación de PHotoESPAÑA. Tanta actividad indica que parece haber aparcado una complicada etapa de problemas de salud.

