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Con un saldo insoportable de vidas rotas, la tragedia ferroviaria de Toledo nos devuelve de golpe a la más cruda realidad: no podemos normalizar que viajar en transporte público se convierta en un acto de fe frente a fallos evitables y cadenas de negligencias. Confiamos en una red que, ante la primera brecha, delega toda la responsabilidad en el factor humano bajo presiones incomprensibles. La modernidad de un país no se mide solo por la velocidad de sus trenes, sino por la firmeza con la que prioriza la seguridad por encima de cualquier urgencia operativa. Exigir transparencia y responsabilidades hasta el final no es solo una deuda con las víctimas y sus familias, sino la única manera de rescatar la confianza en unas infraestructuras públicas que hoy nos duelen en el alma.
Hope es un espectáculo bestial. En este caso, de trepidante y furiosa acción ante la amenaza aniquiladora de unos seres muy extraños. El título no hace alusión a ninguna esperanza, sino al nombre del pueblo que un día amanece literalmente patas arriba cuando una fuerza ingobernable lo destruye todo. La primera hora de Hope, que empieza con el jefe de policía local a pocos kilómetros del pueblo examinando a una res destrozada por las garras de un animal desconocido, es una delirante persecución sin respiro dentro del laberinto de calles, tiendas, oficinas y mercados del pueblo destruido. Un ejemplo asombroso del arte del exceso.
Dirección: Na Hong-jin.
Intérpretes: Hwang Jung-min, Jo In-sung, Hoyeon, Michael Fassbender, Alicia Vikander.
Género: ciencia ficción. Corea del Sur, 2026.
Duración: 160 minutos.
Estreno: 30 de octubre.
Función de noche, obra maestra de Josefina Molina, sobrevuela como algo más que un fetiche cinéfilo la ópera prima de Javier Giner, autor de la serie autobiográfica Yo, adicto. Si en aquella película de principios de los ochenta —también con el teatro de fondo y también con el cine de John Cassavetes en su espíritu—, asistíamos al doloroso ajuste de cuentas de un matrimonio separado, el ajuste de Giner ocurre en solitario, sin posibilidad de réplica, ante el espejo roto de dos vidas bifurcadas en una misma ciudad, Bilbao.
Dirección: Javier Giner.
Intérpretes: Oriol Pla, Marina Salas, Gemma Martínez, Kai Etxaniz, Itziar Lazkano, Ione Irazábal.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 110 minutos.
Estreno: 30 de noviembre
Las tradiciones paganas británicas y celtas en torno al mimbre se basan en el misticismo de la madera de sauce y proceden, entre otras fuentes de las antiguas Grecia y Roma, del geógrafo Estrabón, a principios del siglo I, que describió un coloso de paja y madera frente al que se colocaban seres humanos y animales antes de ser quemados, y de La guerra de las Galias, de Julio César, en el siglo I a. C., que contó cómo los antiguos druidas construían gigantescas efigies con ramas de mimbre y las rellenaban con hombres vivos como sacrificio para sus dioses.
Dirección: Alex Huston Fischer, Eleanor Wilson.
Intérpretes: Olivia Colman, Alexander Skarsgard, Elizabeth Debicki, Peter Dinklage.
Género: fantasía. Reino Unido, 2026.
Duración: 105 minutos.
Estreno: 30 de octubre.
Los cineastas con una línea marcada de actuación, de estilo y de temáticas, a los que les ha ido bien en la mayoría de sus películas, y que sin embargo deciden en un determinado momento de sus carreras dar un arriesgado giro en su caminar artístico y profesional con un trabajo que pocos esperaban de él, ya han ganado puntos con la decisión. Salga como salga, porque el volantazo conlleva riesgo e impetuosa vitalidad.
Dirección: Daniel Sánchez Arévalo.
Intérpretes: Laia Costa, Álvaro Cervantes, Tamar Novas, Karra Elejalde, Luis Zahera.
Género: thriller. España, 2026.
Plataforma: Netflix.
Duración: 122 minutos.
Estreno: 30 de octubre.

La discusión en torno al uso de la inteligencia artificial en la producción editorial se centraba hasta hace unos meses en el ámbito de habla hispana en la regulación de su uso para la confección de portadas, de textos de contraportada, o en su empleo en traducciones y en audiolibros. Los contratos entre editoriales y autores, a menudo supervisados por agentes literarios, han tratado de asegurar que, tras la automatización, implícita en el uso de la nueva y cambiante herramienta, siempre había un humano que revisaba y firmaba el trabajo, que asumía la autoría en los aspectos formales de ese artefacto llamado libro. “Nuestra postura ha sido contraria al uso de IA en portadas o contraportadas o audiolibros y hemos incluido cláusulas en este sentido en los contratos”, explica Mónica Martín de la agencia MB. “Con nuestros autores tenemos una relación de confianza, con frecuencia revisamos varios borradores de una misma obra. No tenemos nada estipulado contractualmente con ellos sobre la IA”.

Toda película de terror es, en cierto modo, una película sobre arquitectura: ningún otro género tira tanto de luz, espacios y perspectivas, da tanto protagonismo a una escalera o convierte una puerta en umbral e interrogación. En el cine de terror las casas se convierten en unos personajes tan famosos como (o más que) sus protagonistas, desde la mansión victoriana de Psicosis (1960) hasta la casa que parece tener ojos de Terror en Amityville (1979), de los pasillos enmoquetados del hotel Overlook en El resplandor (1980) a la pequeña cabaña de Posesión infernal (1981). Y es ante la pantalla cuando el espectador se convierte, a su modo, en un efímero creador de planos, formas y estructuras. Cada vez que gritamos a la pantalla “¡No bajes ahí!" es porque sospechamos que el arquitecto de ese viejo caserón no diseñó una vía extra de evacuación para ese sótano.

Nunca han querido estar de moda. Dicen los escoceses Norman Blake y Raymond McGinley, a sus 60 y 62 años, que ni siquiera cuando crearon Teenage Fanclub en Glasgow en 1989 les interesaba figurar en una escena. “Parte de lo que hacemos, y de lo que hacíamos entonces, consiste en ignorar un poco todo lo demás y seguir nuestro propio camino, al margen de las tendencias”, reflexiona McGinley, “cuando empezamos estaban los Happy Mondays, los Stone Roses, aquella escena baggy [del Manchester de finales de los ochenta]. En el Reino Unido no había muchas bandas que sonaran como nosotros. Hacíamos lo nuestro”. La fórmula —basada en melodías de guitarra y armonías vocales, pero sin miedo a la distorsión— les ha funcionado: llevan juntos 37 años (40 si se tiene en cuenta su primera formación, The Boy Hairdressers), acaban de publicar su decimotercer álbum de estudio, Do Not Dare to Dream (no son supersticiosos, su cuarto disco se tituló Thirteen), y están inmersos en una gira europea que ha sumado 12 fechas en España.



Hay quien hereda bienes inmobiliarios y quien, por el contrario, a falta de dinero, lo único que hereda son traumas familiares. Los primeros son más ricos (al menos económicamente). Los segundos lo pueden ser a nivel narrativo, porque sus historias, personales e individuales, crecen en las páginas de los libros hasta interpelar, emocionar y remover en su sillón a cualquier lector; hasta hacerse universales.







