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La visita de los candidatos a las elecciones generales de noviembre ha vuelto a dar un gran dato de audiencia a La Revuelta. Tras el récord histórico obtenido la semana pasada con su encuentro con Pedro Sánchez, la llegada este martes de Irene Montero (Podemos) y Gabriel Rufián (ERC) ha otorgado al programa presentado por David Broncano su tercera mejor marca de siempre: 21,7% de cuota de pantalla y una media de 2.654.000 espectadores, apunta el informe de Dos 30′ con datos recopilados por Fifty5Blue.
La vivienda fue el motivo que precipitó el adelanto electoral al 29-N y, tras varios días marcados por los altercados violentos en Barcelona y Bilbao, la izquierda busca volver a centrar en este asunto la precampaña. Un marco en el que tanto Frente Amplio como Podemos se desenvuelven con comodidad, muy sensible para su electorado y que les permite, además, desmarcarse del PSOE con propuestas claras.

Pocas cosas dan más rabia que prepararnos un café por la mañana y descubrir, cuando por fin tenemos un momento para tomarlo, que ya se ha quedado frío y si encima tenemos que salir corriendo al trabajo, coger el coche y todo esto con el café en la mochila, necesitamos un recipiente que aguante el ritmo sin que se vierta todo entre nuestras cosas.





Cuando pensamos en una marca de muebles asequibles que destaca por su excelente relación calidad-precio, Ikea se viene rápidamente a la cabeza. Pues bien, tenemos muy buenas noticias: la firma sueca ha bajado el precio de buena parte de su catálogo, incluidos algunos de sus productos más queridos.









En España trabajan 12,19 millones de hombres, según las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre. El número esconde un nuevo récord para el mercado laboral español, uno de los pocos relacionados con la ocupación que aún no se habían superado en este nuevo ciclo expansivo. Esa cantidad de hombres trabajando supone un nuevo máximo de ocupación masculina. 19 años después se cruza la frontera que marcó el tercer trimestre de 2007, con 12,18 millones de ocupados, cuando la construcción aún absorbía mano de obra masculina a paladas.

“Lavado de cara”. “Impreciso, parcial y preocupante”. “Seguiremos muy vigilantes”. Las expresiones son distintas, pero el concepto es el mismo: el campo español no ha recibido de buen grado el acuerdo parcial al que llegó el Consejo de la UE a última hora del lunes para reformar la Política Agrícola Común (PAC) y mantiene la tractorada prevista para este miércoles ante el Ministerio de Agricultura en el centro de Madrid. La movilización, convocada bajo el lema Dar de comer tiene que dar para vivir, pretende visibilizar el malestar del sector —una vez más a lo largo de estos últimos años— y reclamar medidas urgentes que “garanticen” su “rentabilidad” y “futuro” con la llegada, según los organizadores, de cerca de 500 tractores y miles de agricultores y ganaderos procedentes de todo el país.
El sector agrario ha sido protagonista en las últimas décadas de multitud de movilizaciones de carácter local, comarcal, regional o estatal. Las contestaciones han estado vinculadas en ocasiones a un único producto —leche, espárrago, cítricos, vino, porcino, etcétera—, otras veces a reclamaciones globales de política agraria. Una de las protestas históricas para el sector tuvo lugar el 20 de febrero de 1977 a cuenta de los problemas y reivindicaciones en los mercados de cereales, remolacha y, sobre todo, de la patata. Entonces, un millar de agricultores plantaron en una cantera abandonada en Rodezno, La Rioja, el germen de un nuevo asociacionismo agrario que luego se extendería a otras provincias y supondría el cierre del viejo sindicalismo vertical del franquismo, ya moribundo en aquella época en el campo.
En aquel momento histórico, una de las demandas más socorridas era la de “precios justos”, que entonces se establecían por decreto. Hoy, la reclamación no solo es la de “precios justos”, sino el desarrollo de una serie de mecanismos que van desde las ayudas directas a otras medidas encaminadas a una regulación de los mercados.
Durante la tarde del sábado 5 de septiembre, por la tienda insignia de la firma Paul Smith, en el elegante barrio de Mayfair en Londres, pasaron el director de un museo nacional de Noruega, un arquitecto que tenía entre manos el diseño de un nuevo aeropuerto y varios visitantes más de Atenas, Toronto, Ciudad de México y lugares diversos de Estados Unidos. A todos los atendió un señor alto y espigado, de unos 80 años, elegante en su traje de chaqueta, con estilosas gafas y melena revuelta. Ninguno se enteró de que era el mismísimo Smith, el decano de la moda británica, que en la cumbre de su fama y éxito no se resiste a seguir despachando clientes, como un eterno Saturday boy (así se ha llamado siempre al estudiante de refuerzo que contratan los comercios para la tarde más atareada de la semana) que disfruta con el contacto humano.