Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
“Estamos a punto de perder una información única que no podremos recuperar de ningún otro sitio”, lamenta María Leunda, paleoecóloga guipuzcoana. Se refiere a lo que está sucediendo en uno de los entornos más desconocidos y únicos del mundo: las cuevas heladas de alta montaña, donde aún queda hielo fósil de hace miles de años. Algunas de las mejor estudiadas están en la cordillera de los Pirineos, una de las más castigadas por el deshielo y la subida de las temperaturas.




Lucy Sparrow (Bath, Reino Unido, 40 años) es una de las creadoras más disruptivas del mundo. Sus trabajos, siempre situados en entornos cotidianos y comunitarios para “resultar inmediatamente reconocibles para cualquier público” han ido creciendo en ambición, volumen y expansión desde su primera instalación, en 2014, llamada Corner Shop. “Erra una tienda tradicional británica de barrio que llené con 4.000 objetos hechos a mano con fieltro. Tras el éxito de aquella exposición, asumí el reto de llevar mi práctica artística hacia exposiciones cada vez más grandes y complejas, hasta llegar a la instalación de 1.000 metros cuadrados que actualmente se puede visitar en The Momentary Museum de Bentonville, Arkansas”, cuenta Sparrow a ICON.

Lleva el maletero lleno de tierra, una mirada limpia y porta una riñonera con unas bolsitas de las almendras que vende a través de una cooperativa. Santiaga Sánchez Porcel (59 años, Fuente Grande, Vélez-Rubio, Almería) ha llegado a Madrid para acudir a una feria con la misión de dar a conocer Alvelal, la asociación que preside y que impulsa la regeneración ambiental, social y económica del Altiplano Estepario del sureste de España (con zonas de Almería, Granada y Murcia). “Además, llevo 10 kilos de nuestro suelo en el coche para dejarlos en la Universidad Politécnica de Madrid. Tenemos un proyecto a tres años con ellos en los que analizan por qué aumenta la materia orgánica de nuestra tierra”.

Ni un euro. El Ayuntamiento de Madrid quiere pasar los gastos que deriven de la acampada de la Puerta del Sol ―limpieza, reparaciones, desperfectos― a quienes están durmiendo o han dormido en el campamento. Con estas palabras lo expuso la vicealcaldesa, Inma Sanz: “Por supuesto, trataremos de repercutir hasta el último euro que se vaya a gastar este Ayuntamiento a los causantes de esta situación, que son los que están allí de manera ilegal y los que lo están consintiendo por dejación de funciones [por la delegación del Gobierno]. No vamos a parar hasta tratar de que a los madrileños no nos cueste un euro”, dijo el jueves en la rueda de prensa semanal posterior a la Junta de Gobierno, sin explicar nada más al respecto. A cómo prevén hacerlo, un portavoz responde que “se está estudiando”.
Joan Coromines (1905-1997), fill de l’escriptor Pere Coromines (i quan dic escriptor no vol dir que només fos escriptor, com es veu al magnífic retrat que li fa Francesc Pujols a Concepte general de la ciència catalana), sempre va estimar i idolatrar la figura del seu pare fins a uns extrems desmesurats, com es veu en una de les dedicatòries de la seva grandiosa catedral, per dir-ne així, perquè Joan Coromines és com un Gaudí que hagués acabat la sagrada família, però el temple d’en Coromines és un diccionari de 10 volums, cada un dels quals (excepte l’últim, d’índexs i un suplement, que ja va sortir pòstum) porta una dedicatòria a algun mestre de la llengua, i totes són emocionants i solemnes; el volum novè, l’últim que va publicar en vida, i amb el qual, arribant al final de la zeta, va concloure el diccionari, va dedicat al seu pare amb aquesta forma:
Difícil, o muy difícil. Así lo han querido los comisarios Parreño, Labrador, Fontán y Capa, y eso hace honroso el esfuerzo, un esfuerzo enorme. Primero por no haber sucumbido —del todo— a la vigente interpretación histórico-sociológica de todas las cosas, también las del arte, a la manera de un reportaje de Informe Semanal. Además, 60 años es mucho tiempo; porque ¿se puede llamar, propiamente, transición (estética o lo que sea) a lo ocurrido durante ¡60 años!? Sin embargo, uno de los aciertos consiste en haberse alejado lo más posible, hacia adelante y hacia atrás, de la Transición política española, cuya narración ya se encuentra tan solidificada como la de un mito. Todo —todo lo que llamamos moderno— comenzó mucho antes, como mínimo en la época de Luis González Robles y la exitosa exportación internacional de la abstracción, y nunca terminará, como el tiempo que fluye. Por no decir que el poder cultural hacía mucho que estaba en manos del antifranquismo.
Lo queremos todo bien grande. Bien emocionante. Bien de patrocinios y sudaderas a 80 euros. Todo cargado de mensajes para la posteridad, porque ya no se habita el momento, el momento es algo que se guarda para no se sabe muy bien cuándo ni para qué, pero se guarda. Y como cada vez tenemos menos capacidad de retener nada, lo que hoy guardamos, mañana lo perdemos. Esto, en el mundo de la música, que ha cambiado mucho pero aún mantiene la capacidad para encapsular lo mejor y lo peor de cada época, ha redundado en una abrumadora cantidad de discos destinados a la grandeza que se diluyen en las redes al cabo de dos semanas; de entregas de premios más competitivas que unos Juegos Olímpicos como síntoma algo melancólico de una sociedad convencida de que hay belleza en los números y sospecha en los adjetivos; de conciertos históricos, los mejores que ha vivido jamás la humanidad, que se olvidan hasta que llega el siguiente, que siempre es un poco más grande y pelín más histórico. En este contexto, la banda irlandesa Fontaines DC es a la vez parte del problema y parte de los que ven que hay un problema. Este Dopamine Chamber, su quinto disco, confirma su tránsito hacia la grandilocuencia, la ambición desmedida, los estadios, Rosalía y el yo estuve ahí y lo voy a estar pagando en cuotas hasta 2030. Y a la vez, es solitario y distópico, oscuro y tristón. Es como ir solo a un concierto en un estadio y perder el último metro de vuelta a casa.

No sé si a Isabel Díaz Ayuso le ha gustado siempre el flamenco como parece gustarle hoy. Para la Falange, desde luego, el arte jondo no fue nunca un gusto genuino.
Tal vez celebre con su plato favorito: una tosta de alubias cocidas. O quizás se conceda alguna galleta de chocolate con naranja, el otro manjar que adora. Lo cierto es que este sábado Lara Croft se merece al menos una pequeña pausa entre tantas aventuras. Está acostumbrada a sumar hitos, pero hoy festeja uno especial: 30 años desde el lanzamiento del primer Tomb Raider. Tan apasionada de historia, la arqueóloga lleva tres décadas escribiendo la del videojuego, junto con la suya. Y, probablemente, de la cultura popular, a juzgar por los 100 millones de copias vendidas, las 2.300 portadas de revistas, las exposiciones, películas o canciones que ha protagonizado. “Te asombraría lo persuasiva que puedo ser, incluso con hombres peligrosos”, afirmaba en uno de sus juegos. Sobran los hechos para darle la razón. Ni siquiera hace falta que saque sus célebres dos pistolas.