Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

Después de pasar la mayor parte de su vida en el mundo corporativo, conviviendo con la presión de las ventas, el estrés y la ansiedad, Cristian Blanch decidió dar un giro a su vida y empezó a compartir su pasión por el yoga y la meditación a través de su cuenta de Instagram. En poco tiempo se hizo con un gran número de seguidores y pudo dejar su trabajo para dedicarse solo a su pasión: la divulgación de la meditación a través de las redes sociales. Hizo charlas, clases, vídeos, imágenes, presentaciones; en definitiva, un montón de contenido online que se convirtió en su sustento vital. “Hasta que me di cuenta de que alguien estaba usando mi imagen para estafar a otros. Recibí mensajes de personas que habían pagado por estos servicios y no recibieron nada”, cuenta Blanch, de 46 años. “Me pedían ayuda y yo me sentí completamente fuera de todo. No sabía qué era real y qué no lo era”, añade.



Tres agentes de la Ertzaintza se presentaron el pasado mes de febrero en el centro para personas de la tercera edad Bonaparte, en el barrio de Santutxu de Bilbao, para comunicar a los ancianos que no iban a poder seguir celebrando el tradicional bingo semanal. Es una de las actividades de entretenimiento que organiza este hogar de jubilados y en la que habitualmente suelen reunirse más de 100 personas que participan pagando la simbólica cantidad de 20 céntimos por cada cartón. Un salón de juego ubicado en las proximidades del centro social presentó una queja porque los mayores jugaban con dinero, dieron aviso al Departamento de Seguridad y desde ese día ya no hay bingo. Los ertzainas les advirtieron de que mantener esta actividad lúdica les podía acarrear una sanción de hasta 60.000 euros.
El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.
Por el suelo del paraje natural del Hondo (Elche), en el humedal La Raja, de 141 hectáreas, asoman todavía cartuchos de cuando se abatía a las aves. La caza se prohibió hace apenas dos años, tras la compra del terreno por el Ministerio para la Transición Ecológica y por dos organizaciones conservacionistas: SEO/BirdLife y Anse. Sin escopetas apuntando, varias parejas de cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris), la anátida más amenazada de Europa ―conocida como el pato triste por la mirada que le confiere el antifaz oscuro que rodea sus ojos―, nadaban este martes en las lagunas regeneradas de la Raja. A pocos metros, flamencos, moritos, malvasías o fochas también disfrutan de la paz lograda.
A Luis de la Fuente le ha ido creciendo estos últimos meses un dilema de los que trae la abundancia. Con el Mundial de EE UU, México y Canadá ya en el horizonte, el seleccionador vivía cómodo con su trío de porteros de confianza, Unai Simón, David Raya y Álex Remiro. Ahí tenía todo lo que necesitaba: talento fiable y equilibrio pacífico en el reparto de roles. Con ellos ganó la Eurocopa de 2024. Con ellos compitió hasta la final de la Nations League de 2025. Y mientras eso funcionaba iba emergiendo Joan García. Explotó la temporada pasada en el Espanyol, lo reclutó el Barça y con Hansi Flick certificó su solidez en la élite. Parecía listo para disputar uno de los tres lugares de guardameta en la selección. Discutía el equilibrio de los últimos tiempos.
Frente al Elche quedó una imagen. Cinco chicos de la cantera, unos titulares y otros con minutos sueltos, desmontaron un prejuicio: el que dice que el Madrid no tiene cantera. Conviene matizar. Es cierto que llegar al primer equipo es dificilísimo. Pero también lo es que Europa está llena de futbolistas formados en Valdebebas. Soldados de infantería fiables y fuente de ingresos para el Madrid. Nunca defraudan a los clubes compradores porque aprendieron bien el oficio y son rendidores. Y algunos, como Gila (SS Lazio), Jacobo o Nico Paz (Como), ya con roce exigente en el primer nivel, preparados para ponerse la camiseta del Madrid con garantías.
Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.
La inclasificable Carmen de Mairena murió el 22 de marzo de 2020, en plena pandemia. Tenía 86 años. Las restricciones por culpa de aquella primera ola de covid provocaron que al velatorio de la popular tonadillera solo pudieran acudir sus sobrinos, una hermana y el joven cupletista Adrián Amaya (nombre artístico de Adrià García Pau). El cuerpo de Mairena fue incinerado, solo pudo ser velado por media docena de personas durante 30 minutos. Estaba prohibido celebrar funerales. Las restricciones sanitarias impidieron que la poca farándula barcelonesa y los vecinos de medio Raval -o mejor, medio barrio Chino- pudieran despedirse de uno de sus iconos. Seis años más tarde, este domingo, el Ayuntamiento de Barcelona colocará una placa recordando a la popular Mairena. Se rinde, así, memoria a una de las artistas trans que abrió camino al resto del colectivo en España y que se convirtió, a menudo en contra de su voluntad, en un muñeco roto fruto de las burlas y de caricaturizaciones injustas.
La tensión se vive de manera permanente en una de las posiciones de la Brigada 93 del ejército ucranio en los alrededores de Druzkivka, cerca de Kramatorsk (región oriental de Donetsk). Acecha la presencia constante de drones rusos en el cielo. Los soldados que ocupan una pequeña cavidad subterránea dominada por el fango apremian a ponerse a cubierto y a reducir al máximo la presencia en el exterior. Unas pantallas conectadas a una antena a ras de tierra sirven para localizar aparatos enemigos. Después, desde otras posiciones, tratarán de derribar las unidades encargadas de ello. Kostas, uniformado de 41 años, señala en una de esas pantallas las imágenes hackeadas de un avión no tripulado ruso. Pura guerra electrónica. La mayoría de estos militares vive bajo una permanente amenaza, pero no ha visto en toda la contienda a un soldado del Kremlin cara a cara.

Odome Angone (Gabón, 46 años) se define como madre, universitaria y africana. Tres etiquetas que “carga con mucho orgullo”. Desde hace más de 11 años, esta filóloga hispánica y doctorada por la Universidad Complutense es profesora de literatura hispanoafricana y afrodescendiente en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, desde donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento que es aceptado.
